La consolidación del Estado Social de Derecho sólo será posible cuando la rama jurisdiccional cumpla sus funciones con mayor transparencia y eficiencia. Los males de la Justicia colombiana son múltiples y la reforma presentada por el gobierno es el inicio de un proceso mucho más complejo que será fundamental para el paÃs.
Uno de los temas prioritarios es el control sobre los magistrados que están prácticamente por fuera de cualquier contrapeso. En el caso de la Corte Suprema, por ejemplo, la Comisión de Acusaciones de la Cámara lleva la investigación, y puede declarar indigno para ejercer el cargo a un magistrado, pero si median delitos, son sus pares, sus compañeros de la Corte, quienes juzgan al magistrado. No hay, pues, juez independiente. Lo cierto es que la Comisión de Acusaciones tampoco tiene la fortaleza para enfrentar a los magistrados. Muchos congresistas se sienten atemorizados, pues son esos magistrados quienes juzgan a los parlamentarios en única instancia. El proyecto del gobierno pretende encargar la investigación de los magistrados de una Corte a otra; asÃ, la Corte Constitucional investigarÃa los magistrados de la Corte Suprema. No es una buena propuesta. Los magistrados de una Corte pasan a la otra, se trata de un mismo cÃrculo de amigos y aliados. Este diseño significa la absoluta imposibilidad de juicios imparciales. Además, asà como las otras ramas de poder son juzgadas por una rama distinta, la rama jurisdiccional no debe ser la excepción.
Es apenas justo que se cree la doble instancia para los funcionarios con fuero que son juzgados por la Corte Suprema. Tener acceso a dos jueces es un derecho del hombre. Mientras no se modifique la única instancia esos juicios serán nulos. Aún asÃ, la idea de que sean las propias salas de la Corte Suprema las encargadas de cumplir con la pluralidad en el juzgador, es una diferencia meramente formal. Se trata de la separación de un grupo de magistrados elegidos entre ellos mismos por cooptación y reunidos en salones distintos. No habrÃa garantÃas y se continuarÃa vulnerando el derecho a dos jueces independientes. ConvendrÃa más que la segunda instancia esté encomendada a la Corte Constitucional, para que haya una separación más real.
Hay que solucionar, también, el que estos funcionarios con fuero sean investigados y juzgados por el mismo órgano -la Corte Suprema. Ello lesiona el derecho fundamental al debido proceso. La instrucción y acusación deberÃa estar a cargo del Fiscal General de la Nación, que su vez deberÃa ser elegido de terna presidencial por la Corte Constitucional o el Consejo de Estado.
Además la elección de los magistrados no debe –bajo ninguna circunstancia- ser por cooptación. La independencia de la Justicia no significa la instauración de un sistema sin frenos ni contrapesos. Las ramas del poder deben -hasta cierto punto- ser susceptibles a la influencia de las otras, de manera que el flujo de la voluntad popular, expresado a través de los votos, circule y mantenga la estructura estatal sintonizada con el querer democrático; y garantizar que ninguna rama tenga poderes absolutos.
Vale recordar que los comentarios de los miembros de la rama jurisdiccional al respecto de la reforma pueden ser luces, pero nunca mandatos. Mal harÃamos, si pidiendo independencia para la Justicia, suprimiéramos la independencia del Congreso. La Justicia no puede regularse a sà misma.

Abogado en ejercicio, especializado en Derecho de Sociedades, Comercial, Financiero y de Negocios Internacionales, con Postgrado de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Analista Económico. Catedrático de las universidades Javeriana, Valle, Icesi y Pontificia Bolivariana. Columnista de El PaÃs desde 2005.
Empresario con experiencia en el sector público y en el privado. Ex alcalde de Cali, ex presidente de Ecopetrol y ex presidente de Carvajal S.A. De profesión economista y administrador con estudios universitarios en Colombia y en el exterior. Columnista de El PaÃs desde hace varios años.
Empresario editorial,ex parlamentario por el movimiento cÃvico 4 años, en la actualidad, columnista periódico El Tiempo, hace 23 años, columnista de El PaÃs y revista Aló hace 17 años, comentarista de televisión hace 21 años todos vigentes.Es autor de un libro sobre GarcÃa Márquez, colaborador ocasional de revistas. Reside en Bogotá hace 45 años.
PRIMERO TENER JUSTICIA.
como la vamos a reformar si no la tenemos,aqui en Colombia la unica justicia que tenemos es la DIVINA(no siempre), cuantos politicos, como funcionarios publicos tenemos sin ser nisiquiera investigados, cuantos candidatos llegaron a puestos publicos con fraude, entonces si no tenemos "justicia"como la podemos reformar.
excelente columna. como siempre imparcial y justa en sus comentarios!
excelente colomna paloma esperemos haber que es lo que el gobierno nos cumple. esperemos.
La credibilidad de Santos empieza a crear escepticismos con sus proyectos de cambios en la adminstración cuando se observa que ratificó en su cargo al cuestionado Felipe Muñoz como director del DAS del sucio gobierno precedente. No puede esperarse cambios radicales cuando continúan en sus cargos los mismos con las mismas.
Felicitaciones, extraordinaria exposición, sus columnas están entre las mejores, usted lo ha dicho todo, los Colombianos carecemos de una justicia con mayor transparencia y eficiencia. Las noticias y lo que observamos dÃa a dÃa a nuestro alrededor se refiere a los actos de barbarie que se cometen y la impunidad sigue tan campante y continuamos desayunando con las mismas noticias. La policÃa captura cientos de delincuentes con pruebas contundentes y al otro dÃa ya están cometiendo los mismos delitos, les dieron la casa por cárcel, o no los judicializaron, entonces donde está la Justicia en Colombia…..Estamos desprotegidos totalmente.
Por culpa de los malditos magistrados, la JUSTICIA colombiana es igual a una peste. Santos debe reformar ese asunto.
La columna es el sentir del pueblo colombiano. Pero no creo que sea Santos quien deba cambiarla, es al Congreso en pleno con la fuerza que le deben imponer los dos nuevos partidos polÃticos la U y los Verdes quienes están llamados a reformar la Ley y hacer los ajustes a la constitución si fuere necesario. Reducir el número de magistrados es una prioridad para la nación ya que nunca se pueden poner de acuerdo ni siquiera en las corridas de toros.
Paloma tiene la asticia de un halcón. Lo que propone es simplemente crear una justicia paralela a la que el gobierno precedente no pudo sobornar ni meterse al bolsillo en previsión de los cargos por los que tarde o temprano deberá responder. Desacreditar la justicia es la forma como los criminales pretenden acreditarse.
¿y tu ya haz condenado la masacre de Bojaya o no te lo permiten tus narcoamigos terroristas?
Corrección: astucia, en vez de asticia.
Excelente el tema de Paloma. La justicia colombiana debe ser reformada un 100 x 100. Hay que reemplazar a todos los magistrados y un 90 x 100 de los jueces.
Estoy deacuerdo con usted, el principio de contrapesos tambien debe aplicar al control de las altas cortes. Pero tambien es preciso reformar la comision de acusaciones para que no caiga bajo el monopolio de un solo grupo politico como es el caso en la actualidad.