Ante la cercanía de la boda de una pariente con un ciudadano belga, lustré los zapatos, desempolvé una corbata hecha en París -de las que hacían ahí hace 20 años, de aquellas que no tenían el ominoso ‘Made in China’- y pensé en lo que puede ser bueno y útil para unos recién casados; un toldillo blindado contra mosquitos, una ‘bataloca’ con zapatos compañeros en forma de cerdos, tipo luna de miel, una plancha contra incendios, con apagado automático, preservativos de colores con sabores frutales, o un wok de teflón.
Finalmente ganó la máquina del pan, un adminículo al que se le echa harina, huevos, un poco de levadura y sal, se conecta al anochecer y ya en la mañana esparce por la casa ese aroma sencillo y bueno del pan recién horneado.
Estaba en esas disquisiciones, cuando el portero llamó dos veces. Como vivo en segundo piso le bajé la canastilla para que me pusiera ahí un sobre. El mensajero, a gritos, me pidió desde abajo el nombre, número del registro civil de nacimiento, cédula, número de Rut y nivel de triglicéridos. “Qué caray, estoy en Colombia”, me dije, y le respondí una a una sus preguntas, también a gritos, no sin sentir pudor con el vecindario.
El sobre en mención traía la preciada invitación de mi pariente, y una curiosa lista de artículos:
“Doce copas de cristal Murano, (Murano es un islote frente a Venecia) una vajilla de Limoges, un comedor de doce puestos en cedro Caquetá, tres inodoros de Porcelanosa, un camino de mesa tejido por las reverendas Madres del convento de Alba de Tormes, un blackberry, la cuota inicial de un Hafei (creo, es un carro chino), tres candelabros en plata de Oaxaca, cinco lámparas de pie con pantallas de pergamino, un juego de cubiertos ‘Christofle’, una silla de montar ‘Thiery Hermès’, un portátil Sony, una cámara digital marca Canon, seis pijamas Victoria Secret’s, mocasines Sebago tipo ‘Yacht Club’, para él y para ella, un rascador de plata con mango de carey, tres juegos de sábanas Tommy Hilfiguer (algodón peinado), un ‘secreteur’ de talla pastusa, seis cortinas de lino español, dos batas de baño ‘Saks Fifth Avenue’, un paraguas Briggs, pantuflas Clarks, y seis limpiones de cocina en algodón Pima (peruano)...”.
Quiero aclarar que dos de las cosas más sencillas y más acordes a mi bolsillo que encontré ahí, además de los limpiones, fueron una navaja suiza de seis servicios, para pesca, y una bacinilla de peltre, también importada de Suiza, de “las que tiene la Cruz Roja...”, decía el sobre.
Me quedé sin habla por doce minutos, tiempo durante el cuál, lucubré, o mi pariente se ha convertido en una arribista de siete suelas, aseguró belga, o el tipo es también un ‘parvenue’ de miedo.
Pero no iré, para que me respeten, porque dónde se ha visto que para asistir a una boda a uno le manden opción interminable de regalos, todos costosos, con marca incluida y, lo que es más vergonzante, con la tienda donde se adquieren. “Ridículo y obsceno”, dije para mis adentros, y me pregunté de dónde viene esta mala costumbre, tan distante de aquellos días en que uno elegía el regalo, y además lo llevaba a casa de la novia en la noche anterior al casorio.
Como no he vivido en Colombia casi por tres lustros, esto de la ‘lluvia de sobres’ me tomó desprevenido. Mas supe que esto ocurre ya hasta en las mejores familias. Me dicen que la costumbre viene de la mafia siciliana que organiza bodas y asegura así patrimonio para sus críos.
Hice un zepelín con el sobre y lo lancé por la ventana.

Abogado en ejercicio, especializado en Derecho de Sociedades, Comercial, Financiero y de Negocios Internacionales, con Postgrado de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Analista Económico. Catedrático de las universidades Javeriana, Valle, Icesi y Pontificia Bolivariana. Columnista de El País desde 2005.
Empresario con experiencia en el sector público y en el privado. Ex alcalde de Cali, ex presidente de Ecopetrol y ex presidente de Carvajal S.A. De profesión economista y administrador con estudios universitarios en Colombia y en el exterior. Columnista de El País desde hace varios años.
Empresario editorial,ex parlamentario por el movimiento cívico 4 años, en la actualidad, columnista periódico El Tiempo, hace 23 años, columnista de El País y revista Aló hace 17 años, comentarista de televisión hace 21 años todos vigentes.Es autor de un libro sobre García Márquez, colaborador ocasional de revistas. Reside en Bogotá hace 45 años.
Felicitaciones por su cercanía a Vargas Llosa,hoy premio Novel d eliteratura, de sus manos recibio usted el Premio Simón Bolivar, sientase muy orgulloso
Y, frente al panorama tan desolador de privar a Belga, prima y familia de la presencia de tan prestigioso familiar, recomiendo a ellos no volver incurrir en tales peticiones doradas, estudiar las normas y de paso evite generar molestias entre invitados como el columnista. Porque es bien probable que no sepan que se están atentando contra el protocolo y la etiqueta. Eso se ve de muy mal gusto.
La lluvia de sobres cogió popularidad con la película de Marlon Brando en EL PADRINO.
Tanto rodeo para que este señor nos haga saber que tiene una pariente que se comprometió en casorio con un belga tiesa, realmente el papel puede con todo.
Las invitaciones que me llegan es con sobre…. pero para que se los llene de platica.
Con el cuentico de la lluvia de sobres quieren es que uno les pague la fiesta y también que les quede ganancia a los anfitriones. Mejor dicho, esto se volvió fue un negocio.
Típico michicato que quiere ir a fiesta de matrimonio sin dar regalo... jajajajajaja
Medardo, aunque el escrito es muy bueno, en tu opinión te pifias... no hay nada más encartador que no entregar lista de regalos y recibir regalos repetidos (a todo el mundo se le ocurre regalar la plancha de apagado automática, que hace uno con tres o cuatro de estas?), o todo el mundo tiene gustos distintos, y puede uno terminar con platos de flores y tasas japonesas y hasta más estilos diferentes haciendo de la vajilla un bazar persa.
Ahora para los regalos caros (como una lavadora, secadora, nevera, etc.) se pueden unir varios invitados y entre 5, 10, 20 o los que sean hacen una "vaca" para dar un buen regalo (no todos tenemos tío rico que de regalos carísimos en los matrimonios, es más con esta situa creo que ya nadie tiene tíos ricos).
En fin costumbre de la mafia siciliana o no, lo que hay que hacer es copiar las buenas prácticas de donde sea que vengan (Francis a rasgar vestiduras a otro lado).
Medardo posee el meritorio gusto de saber amenizar y ensalzar cualquier tema que escribe. La nota de hoy es excelente, sin lugar a dudas ...
Estoy muy de acuerdo con usted.Yo recuerdo que en tiempos no muy lejanos, aquellos que decidian unirse en matrimonio, o celebrar sus cumpleaños, la primera comunion de uno de sus hijos, sencillamente invitaba a sus amigos mas cercanos para compartir con ellos la ocasion.
Y quienes se casaban, de antemano lo hacian adquiriendo los elementos necesarios para iniciar su vida en comun.Ahora te invitan pero te piden la plata para pagar la fiesta que organizan y les quede para comprar la lavadora, la nevera, el juego de sala, etc.etc.
En estos tiempos para muchos y muchas, invitados a estas reuniones, es mas facil regalar algo sencillo, bonito y no tan costoso, que tener que
nadar en la incertidumbre si 50 mil o 70 mil pesos, seran suficientes para satisfacer las aspiraciones de los homenajeados. Mejor no voy y no
descompleto mi disminuido presupuesto.
Me parece de muy mal gusto, el cuento de la lluvia de sobres y fuera de
eso desconsiderado!!
PASA EN LA VIDA REAL.
Por fin me rio con una de sus Columnas,claro esta que yo prefiero un sobre con 20 pesos, que me regalen una mariconada de las que se enumeran en esa lista.
¡Como cuento corto está muy bueno!
COSTUMBRES MAFIOSAS COMO MUCHAS DE LAS QUE HEMOS ADOPTADO...
los caminos separan las ciudades,las ciudades destruyen las costumbres!!.lo invito a fluir con las circunstancias y a ser feliz de todas maneras!!
Sin comentarios.