Se veía venir; primero fueron las bolas de oro que encontraron los españoles en la huestes Muiscas, y luego el Poporo Quimbaya, coronado con dos huevos de oro, los que anunciaban ya una república definida en ese espacio esférico al que van a parar tantos conceptos.
Huevos -al desayuno- los que necesitó Bolívar para declarar, en contra de sus principios, la Guerra a Muerte, una ordalía que llenó de sangre las aguas del Magdalena. Él que había recibido tantas lisonjas en los salones de Madrid, por bailar la pavana y el minué, con un saltito que entrechocaba los tacones de sus botas.
Huevos revueltos, fritos, en tortilla y omelette, los que se sirvieron en las casas santafereñas para animar el largo período de la Patria Boba, y huevos al desayuno para Sanclemente, que prefirió empantuflarse y encender el quinqué con gesto estoico, cuando vinieron a decirle que unos revoltosos querían declarar república independiente en una provincia vecina del Chocó.
En la historia huevera más reciente del país, están inscritos los tres huevos de Uribe, los mismos que tantos colombianos evocan hoy, entre las chamusquinas de Tumaco, Villa Rica, Florida.
No han podido quebrarlos del todo; continúan ahí, incólumes, aunque es claro que muchos quieren ‘totearlos’ para volver a los tiempos del ‘Perico Republic’.
La noticia buena, realmente buena, es que tenemos un huevo que ya le ha dado la vuelta al mundo. Mejor dicho, un huevazo, delante del cual el vigor de las huestes napoleónicas, el fragor de la Armada Invencible, el pundonor de Pedro El Grande, son tibias refriegas.
Tenemos el huevo más grande del mundo, el mismo que pesó 245 gramos, en la finca Altamira, de Hernando Niño, municipio de San Francisco, Cundinamarca. Debemos celebrar, pues, este récord Guinnes. Algo es algo. Los últimos récords los tenía México, con uno de 135 gramos, y hasta el 2011, China, con un huevón de 175 gramos. Casi de avestruz.
El punto mayor con esta certeza patriótica que ahora me invade al saber que Colombia sí tiene huevo, es saber que la gallina que lo puso jamás ha probado un solo grano de maíz transgénico. Es una gallinita criolla, correlona y sana, refrescada cada mañana, “por los vientos fríos de la sabana de Bogotá, y por las brisas calientes que suben del río Magdalena”, según ha declarado su propietario.
Otra de las razones para que Colombia tenga hoy semejante huevo, quizá tenga que ver con el nombre de la gallina: ‘Franciscana’; ave consagrada al santo de Asís, alguna gracia debía tener. Recuerden que San Francisco hablaba con los lobos, según lo dijo Rubén Darío: “El varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís, está con un rudo y torvo animal, bestia temerosa, de sangre y de robo, las fauces de furia, los ojos de mal: el lobo de Gubbio, el terrible lobo...”.
Con huevos como el de Franciscana, uno puede ir tranquilo por el mundo. Este récord traerá consecuencias favorables para el país. Aparte de pasión, el mundo sabrá ahora que también tenemos huevo; o sea, estamos completos, pues además acabamos de ser clasificados como el quinto país más feliz de la tierra. Afuera deben estar pensando que nos reproducimos como conejos.
Al fondo, lo nuestro, aunque lejano de la realidad, tiene que ver con el optimismo en medio de la adversidad. Es común aquí preguntarle a alguien, “¿cómo estás?”, y recibir un “exageradamente bien” o, como en el caso de un amigo de 70 años, al que recientemente hice la misma pregunta, y me respondió: “Superbien; me echo dos sin bajarme…”.

Abogado en ejercicio, especializado en Derecho de Sociedades, Comercial, Financiero y de Negocios Internacionales, con Postgrado de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Analista Económico. Catedrático de las universidades Javeriana, Valle, Icesi y Pontificia Bolivariana. Columnista de El País desde 2005.
Empresario con experiencia en el sector público y en el privado. Ex alcalde de Cali, ex presidente de Ecopetrol y ex presidente de Carvajal S.A. De profesión economista y administrador con estudios universitarios en Colombia y en el exterior. Columnista de El País desde hace varios años.
Empresario editorial,ex parlamentario por el movimiento cívico 4 años, en la actualidad, columnista periódico El Tiempo, hace 23 años, columnista de El País y revista Aló hace 17 años, comentarista de televisión hace 21 años todos vigentes.Es autor de un libro sobre García Márquez, colaborador ocasional de revistas. Reside en Bogotá hace 45 años.
Ahora si van entendiendo porque le levantan calumnias a la fiscal? Porque le tiene pisado el culo a todos los bandidos. Los proximos en caer son las porquerias del Magdalena, los que tienen saqueado el departamento y la alcaldia, es decir los mal llamados Conejos Cotes, que deberian llamarlos mejor, las Ratas Cotex, y con ellos la porqueria del hermano de Maria Isabel Rueda, uno de los del carrusel de la salud, el prestigioso neurologo Miguel Rueda! Siga fiscal, la apoyamos 100%
Ni modo que se ofenda don Medardo,!!esta escribiendo guevonadas!!
"Afuera deben estar pensando que nos reproducimos como conejos."..., será como los huevos, ...¿o no ha ido a las grandes avicolas del valle?,...¡HAY UNA MANO DE HUEVOS!,...¡MEJOR DICHO!, el que ¡TIENE HUEVO! es Usted con esta columna huevona.
La verdad rescato la ultima parte ,el exagerado optimismo de vivir que tenemos los colombianos ,o quiza el unico mecanismo de defensa que tenemos frente a nuestra incapacidad ,o nuestra debilidad , somos seres debiles los colombianos ,que no podemos con nuestra realidad y disfrazamos de mentiras ,exageraciones,asesinatos y humor nuestra tragedia.
la verdad la columna me dejo espantando huevos.
Ja….. Entre otras nunca he entendido la dichosa frase, para referirse a algo sin valor, "vale huevo" ¿por qué será? Tampoco he entendido por qué de la palabra “gu….ón” para menospreciar a alguien, difiriendo de lo que usted dice al respecto y que los españoles llaman cojones. Mundo raro ¿no?
Conocí en Villa de Leyva una bella colección de huevos de aves única en Colombia, se encuentra en el instituto Von Humboldt de esa localidad.
Los de Owakudani toman un color hermoso, fuerte, vital, provocativo, al ser cocidos en las aguas naturales de esa región. Se ve en las fotos porque no conozco,
Los huevos prietos del campesino José Pérez son también otra curiosidad. Son un cuento famoso algo chistoso, cuando vas a Cuba.
Entre otras me encanta el huevo...frito, cocido, tortilla…..y las omelettes de Kuty y Pan Norte, los domingos tienen fama va mucha gente. Recomendado.
distiguido columnista a mi parecer el señor de 70 años que le respondio de esa manera, TIENE HUEVO o es un chicanero!!
Flojo. Cuando se escribe sin estilo, los chistes flojos son de mal gusto.
El problema que veo en la frase entrecomillada es sobre su realidad histórica. Dudo que las cortes españolas hayan bailado el minuet francés. La pavana tiene su esplendor en el siglo XVI, el minuet en el siglo XVII y Bolivar es de las postrimerías del siglo XVIII. Quiere esto decir que le llegó tarde la afición por estas danzas, más aún, nos hizo quedar como un zapato con sus movimientos de saltimbanqui, "al entrechocar los tacones de sus botas" especialmente en la pavada que es una danza elegante, deslizada y procesional.