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Opinión

opinion | columna |  mauricio-cabrera-galvis - Agosto 13 de 2011 - 19:20
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Educación ¿sinónimo de lucro?

El punto más controversial de la propuesta oficial de reforma a la educación superior se podría ver como el simple cambio de una letra. Hasta ahora las universidades en Colombia deben ser sin ánimo de lucro, y el Gobierno quiere que ahora también puedan ser sinónimo de lucro, es decir universidades que puedan ser propiedad de inversionistas privados, nacionales o extranjeros, que dentro de su lógica empresarial buscan buenas utilidades y dividendos.

Pero este cambio de letra para permitir que haya universidades con ánimo de lucro (Ucal), tiene profundas implicaciones negativas no sólo para las universidades sino para toda la sociedad, por lo que la propuesta ha sido criticada y rechazada por estudiantes, profesores y hasta los rectores de las universidades tanto públicas como privadas.

La razón oficial para permitir que la educación superior se vuelva una mercancía es la necesidad de ofrecer más cupos para bachilleres que quieran continuar sus estudios, porque hoy sólo el 37% de los jóvenes entre 16 y 21 años están matriculados en programas de educación superior, y la meta es llegar al 50%. Como no se van a destinar más recursos públicos para aumentar la cobertura hasta este nivel, la solución que se plantea es que sean los inversionistas privados los que ofrezcan los nuevo cupos.

Los defensores de la mercantilización dicen además que esta propuesta no implica ningún cambio real, porque hoy en Colombia existen muchas pseudo-universidades que son un muy rentable negocio privado camuflado bajo la figura de fundaciones sin ánimo de lucro para no pagar impuestos.

Eso es cierto, pues hay instituciones que son sólo una fábrica de diplomas que juegan con las ilusiones de sus estudiantes e imparten una educación de muy baja calidad. Pero si existen, es por la incapacidad de las autoridades de controlarlas y exigir calidad académica. No hay ninguna base para pensar que el Gobierno sí podrá controlar las nuevas Ucal, de manera que lo que tendremos serán más instituciones mediocres, con profesores mal remunerados y cero investigación.

Sin embargo, aún aceptando la posibilidad que algunas Ucal tengan programas de buena calidad, el riesgo más grande que tienen es que atentan contra la idea misma de universidad como espacio del conocimiento universal. En su afán de maximizar utilidades, las Ucal se reducirán a carreras técnicas y financieras, que son las que más ganancias producen, dejando de lado la ciencias básicas –que son muy costosas para enseñar- y las humanidades –que no son rentables.

Es evidente que sin investigación en ciencias básicas es imposible que ande la locomotora de la innovación. Menos evidentes son las consecuencias negativas de menospreciar las humanidades en la educación superior, pero recientemente han sido analizadas por la filósofa norteamericana Martha Neussbaum en su libro ‘Not for Profit: Why Democracy Needs the Humanities’ donde plantea que la educación que sólo busca la rentabilidad se dedica únicamente a los temas de productividad y competitividad, dejando de lado la formación integral de los ciudadanos y la búsqueda de soluciones para los conflictos de la convivencia.

Para Nussbaum las consecuencias de esta tendencia son graves: “Sedientos de dinero, los estados nacionales y sus sistemas de educación están descartando sin advertirlo ciertas aptitudes que son necesarias para mantener viva a la democracia. Si esta tendencia se prolonga, las naciones de todo el mundo en breve producirán generaciones enteras de máquinas utilitarias, en lugar de ciudadanos cabales con (…) la capacidad de desarrollar un pensamiento crítico, la capacidad de trascender las lealtades nacionales y de afrontar los problemas internacionales como ciudadanos del mundo y la capacidad de imaginar con compasión las dificultades del prójimo”.

Convertir la educación superior en una mercancía no sólo atenta contra su propia calidad, sino que debilita la democracia.

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