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Opinión

opinion | columna |  mario-fernando-prado - Diciembre 24 de 2013 - 00:06
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El aguardiente y el concejal

Menudo lío en el que se ha metido el expresidente del Honorable Concejo Municipal de Cali, Fernando Tamayo. De filiación conservadora, Tamayo obtuvo la mayor votación para el actual período y ha sido un edil serio, independiente y –hasta ahora- con un buen porvenir en la actividad política.

Sin embargo, está atravesando una situación que compromete no solo su futuro en la cosa pública sino que, además, tiene puestos los ojos de la ley y la opinión pública en un enredo del cual ojalá salga bien librado.

Y es que lo que le ha sucedido no es de poca monta. Una camioneta del Concejo asignada a él es pillada con quinientas y pico de canecas de aguardiente adulterado el pasado viernes en la noche. El conductor -guarda de tránsito- milita en su movimiento político y aún no se ha establecido qué diablos andaba haciendo con esa cantidad de trago, precisamente el día -o la noche- en que en el Parque de la Caña, Tamayo celebraba con sus huestes la fiesta de Navidad.

El edil ha manifestado que esa camioneta la había enviado a revisión de frenos hace más de una semana. Que ignoraba qué diablos hacía su seguidor en ese vehículo y más que en él se transportara tal cantidad de aguardiente, además adulterado.

Agrega que ese licor no era para su fiesta y que tiene los recibos de la compra del que ofreció en el ágape y que ni bruto que fuera de intoxicar a sus simpatizantes con licor adulterado auto produciendo una intoxicación masiva de mortales consecuencias.

Aunque dicha explicación tiene toda la lógica del mundo -a quién se le ocurre dar trago ‘chiviado’ en una fiesta de la que se es anfitrión-, surgen varias hipótesis: una, que Tamayo nada tuvo que ver y que el conductor estaba haciendo una ‘vuelta’ de manera independiente. Otra que Tamayo había mandado a comprar ese licor a un estanco oficial para ofrecerlo durante el foforro y que el conductor lo adquirió más barato en el mercado negro para ganarse la diferencia y una última, que el concejal recibió ese guaro por parte de uno de los tantos alambiques que producen el Blanco del Valle y que se le apareció la virgen con la decomisada de marras porque si no -repito- la envenenada habría sido colectiva, a no ser, ojo, que el aguardiente, chiviado, no hubiese sido producido con alcohol del malo.

Sin duda, el escándalo está como para alquilar balcón y el conductor y guarda de tránsito -hoy con detención domiciliaria- es la joya de la corona en este escudriñamiento y el comienzo de una averiguación que podría ser la punta del iceberg de una corruptela que existe desde hace años y que nunca ha logrado desenmarañarse.

Entre tanto, el concejal Tamayo no tendrá hoy ninguna nochebuena y el venturoso 2014 se le puede convertir en la peor pesadilla de su vida.

PD/ A mis escasos lectores les deseo unas felices pascuas y como decían en Popayán, un Próspero Calvache.

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