Empezó el lunes la puja para determinar el incremento del salario mínimo en Colombia. En los próximos días los miembros de la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Laborales y Salariales esgrimirán curvas, conceptos, estadísticas y teorías para decidir si el aumento debe ser a) mínimo b) miserable c) microscópico d) estítico.
No hay que ser una pitonisa muy aguda para prever que los cálculos de los sabios dirán que el aumento debe ser miserable y que al final una intervención del presidente lo elevará al mínimo, como hizo el año pasado, cuando intervino de manera enérgica y logró que el porcentaje pasara de 3,5% a 4,0%. Este magnánimo 0,5% significó que a los bolsillos de los obreros del país llegaran $2.575 más de lo acordado en la Comisión y que los cacaos se molestaran hasta el punto de que Portafolio publicó un artículo titulado ‘Finaliza la luna de miel del presidente y los empresarios’.
Los correveidiles de los empresarios ya prendieron las alarmas. “Un incremento superior al 4,5% ($24.000) generaría una presión alcista de precios, recalentará la economía y descuidará las expectativas de inflación”, aseguró con el rostro desencajado José Manuel Restrepo, rector del Cesa.
La próxima semana el gurú Rudolf Hommes repetirá su letanía decembrina: “El incremento debe ser igual a la inflación más un punto por productividad. Pasar de ahí un centavo desestimulará la producción de nuevos puestos de trabajo y volverá a presionar hacia arriba la tasa de desempleo”.
Yo, lamento decirlo, coincido con los correveidiles. No quiero ni pensar qué hará un obrero con otro baloto como el del año pasado. Empezará a comprar como loco iPads, plasmas, joyas, carros, estilográficas, libros, cuatro por cuatros, entradas a la ópera, etc., y claro, se producirá una ola alcista de precios, la inflación se disparará y el desempleo volverá a las ignominiosas cifras de dos dígitos. Esto sin contar que, con las vueltas, el sujeto se emborrachará, le pegará a su mujer, apuñalará a sus amigos y complicará hasta el delirio los problemas de salud pública.
Porque es sabido que la economía no se recalienta por las irrisorias regalías que genera la minería, ni por las pensiones de los congresistas, los generales y los magistrados, ni por las pensiones y las becas de los suplentes y los parientes de los senadores, generales y magistrados, ni por los carruseles de la contratación, ni por el desgreño en la DNE, ni por los repagos del Fosyga a las empresas prestadoras de salud, ni por la caja sin fondo de las Fuerzas Armadas, ni por los subsidios agrícolas a las actrices desvalidas, ni por el desgreño en Bienestar Familiar, ni por la fusión, fisión y nueva fisión de los ministerios, ni por las adiciones de los contratos públicos, ni por las millonarias demandas que el estado paga por las torpezas de sus funcionarios.
No. La economía se recalienta por los incrementos desproporcionados en el salario mínimo de los obreros, y en la fracción del mínimo de las empleadas domésticas. Los programas sociales del Estado se quedan en veremos porque en diciembre nunca falta un presidente populista que, preocupado por el descenso de su popularidad, decide añadirle al incremento sesuda y generosamente pactado por los sabios de la economía, 2.575 pesos más. ¡Joder!

Abogado en ejercicio, especializado en Derecho de Sociedades, Comercial, Financiero y de Negocios Internacionales, con Postgrado de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Analista Económico. Catedrático de las universidades Javeriana, Valle, Icesi y Pontificia Bolivariana. Columnista de El País desde 2005.
Empresario con experiencia en el sector público y en el privado. Ex alcalde de Cali, ex presidente de Ecopetrol y ex presidente de Carvajal S.A. De profesión economista y administrador con estudios universitarios en Colombia y en el exterior. Columnista de El País desde hace varios años.
Empresario editorial,ex parlamentario por el movimiento cívico 4 años, en la actualidad, columnista periódico El Tiempo, hace 23 años, columnista de El País y revista Aló hace 17 años, comentarista de televisión hace 21 años todos vigentes.Es autor de un libro sobre García Márquez, colaborador ocasional de revistas. Reside en Bogotá hace 45 años.
Buena columna su mercé.
HAY DOS TIPOS DE EMPRESARIOS: EL QUE GANA BASTANTE PARA TODOS Y EL QUE GANA POCO PARA ÉL SOLO...
CON EL SALARIO MINIMO QUE PONDRAN:
NO LE ALCANZARA AL GURU DE HOMMES PARA COMPRAR UNA CORBATA.
BUENA COLUMNA.
Los centavos de la infamia,nos hacen recordar el grado de insensibilidad y asombrosa doble moral de nuestras élites gobernantes y grupos de poder. Definitivamente la miseria y violencia que carcomen nuestro país no sólo provienen de la delincuencia, guerrila o grupos violentos que se reproducen en tierra de la patria.
JODER..... se paso en ese articulo, alegrarme no puedo por que estoy totalmente de acuerdo...... gracias por resumir tanta frustacion que tenemos latente, una felicitacion como un pequeño reconocimiento a interpretarno tan bien.. feliz dia
Fenómeno...
¡Este es vecino mío!... ¡joder!
La sacaste del estadio "Yulio"...
Curro
Palmira
Los centavos de la miseria, mejor no se puede describir el aumento del salario mínimo que no ganan todos, son muchísimos los que ganan menos de eso.
Este Rudolf Hommes con esa cara de mal "Papa Noel" sigue interviniendo en todo como si aun fuera el mal llamado ministro de Hacienda de hace algunos años.Bueno seria que todas estas "eminencias" en Economia, vivieran por lo menos un dia con esos salarios de miseria, a ver si les alcanza para sus corbatas y sus fiestas suntuosas. Ni siquiera el equivalente a un dolar fue el incremento del año pasado que pasara este año?
El salario mínimo, no es suficiente para vivir dignamente, una persona menos una familia, esa puja anual por el incremento de unos pesos es solo un juego al que se prestan muchos, lo mejor seria que no aumentaran el minimo, pero se congelaran los precios de los productos de la canasta incluida la gasolina y servicios públicos
No es necesario ir a Harvard para entender que a mayor salario hay más consumo, a mayor consumo más ventas, a mayores ventas más producción, a mayor producción más empleo y así sucesivamente...
Apreciado Julio César.
Gracias por recordarnos que la inteligencia tiene límites, pero la estupidez de nuestros genios en esa cuestionable ciencia que es la economía, NO.