Aunque han salido publicadas cifras distintas, deberÃa ser fácil ponerse de acuerdo en la tasa de homicidios para Cali en 2011. Si la ciudad tenÃa 2.269.658 habitantes, según el Dane, y ocurrieron 1.845 homicidios, según el Observatorio de la AlcaldÃa, entonces la tasa por cada cien mil habitantes fue de 81. Durante tres años seguidos, desde 2009, la tasa fue la misma, mientras que entre 2005 y 2008, la tasa promedio fue de 71. Estas cifras, comparadas con las nacionales o las de otras ciudades colombianas, dejan ver que el problema es muy grave en Cali. Se relaciona con los rasgos centrales de funcionamiento de la sociedad y del Estado en la ciudad o en el Departamento que tienen tasas muy parecidas. Aunque no se puede esperar una solución solamente desde la AlcaldÃa, una situación de esta es un reto muy grande para el Gobierno Municipal. Es apropiado sacar lecciones del pasado y no caer en Programas retóricos como el de la AlcaldÃa anterior, especialmente su Plan ‘Cali es Vida’, que se proponÃa reducir la tasa de homicidios de la ciudad de 70 en el 2008 a 45 en 2011.
Como miembro de la Comisión ‘Programática’ y luego de la de ‘Empalme’ del actual Alcalde, en el tema de Seguridad y Convivencia, tuve la oportunidad de insistir en unas pocas ideas que considero son claves y pueden tener un efecto en el mediano plazo, si se persiste en ellas. La primera es privilegiar la figura del Alcalde como una persona que asume el problema en toda su magnitud y, en consecuencia, lidera y compromete al conjunto de su administración en la lucha contra la violencia, la criminalidad y por la convivencia. La segunda implica que su liderazgo se traduzca en un mejor funcionamiento de la PolicÃa. Es importante que asuma su rol como ‘Jefe de PolicÃa’ local y trabaje de manera muy estrecha con la Institución, para que mejore su eficiencia y eficacia en la lucha contra la criminalidad y la violencia. La solución no es solamente más presupuesto y más policÃas.
Además de los resultados, se requiere lograr legitimidad y confianza por parte de la ciudadanÃa. En la AlcaldÃa anterior, aumentaron de manera significativa el presupuesto para la PolicÃa, pero esto no se reflejó ni en la pertinencia de todos los gastos y, menos aún, en una mayor seguridad ciudadana. En cualquier caso, fue claro que la PolicÃa no trabajó de manera coordinada con la SecretarÃa de Gobierno. Esto debe modificarse de manera radical: el Alcalde deberÃa supervisar el funcionamiento de la PolicÃa en la ciudad.
La tercera es desarrollar una gran estrategia, fundamentalmente pedagógica, alrededor de las normas y la vida ciudadana. La ciudad ofrece un panorama que indica cómo el tránsito, el espacio público, los momentos y espacios de recreación, asà como los eventos masivos, incluyendo la Feria, pueden ser tomados como oportunidades para desplegar estrategias pedagógicas alrededor de normas de convivencia. Por el momento, algo se insinúa con la actividad de la SecretarÃa de Tránsito que indica, de paso, cómo el irrespeto por la normas no es sólo en los estratos populares. Este tipo de acciones focalizadas en la pedagogÃa deben ampliarse a distintos ámbitos de la vida ciudadana.
La cuarta se centra en el requerimiento de una Justicia pronta y eficaz para las vÃctimas. Cuando ya se ha producido el delito, incluso para prevenirlo, el Estado local puede acercar la Justicia al ciudadano. Es importante darle nuevo impulso y vida a las Casas de Justicia como lugares en los que es posible dirimir muchos conflictos entre ciudadanos e impartir formas alternativas de justicia, antes de remitir los casos al tratamiento de la FiscalÃa y de la Justicia ordinaria.

Abogado en ejercicio, especializado en Derecho de Sociedades, Comercial, Financiero y de Negocios Internacionales, con Postgrado de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Analista Económico. Catedrático de las universidades Javeriana, Valle, Icesi y Pontificia Bolivariana. Columnista de El PaÃs desde 2005.
Empresario con experiencia en el sector público y en el privado. Ex alcalde de Cali, ex presidente de Ecopetrol y ex presidente de Carvajal S.A. De profesión economista y administrador con estudios universitarios en Colombia y en el exterior. Columnista de El PaÃs desde hace varios años.
Empresario editorial,ex parlamentario por el movimiento cÃvico 4 años, en la actualidad, columnista periódico El Tiempo, hace 23 años, columnista de El PaÃs y revista Aló hace 17 años, comentarista de televisión hace 21 años todos vigentes.Es autor de un libro sobre GarcÃa Márquez, colaborador ocasional de revistas. Reside en Bogotá hace 45 años.
Las medidas tienen que ser radicales y perdurables. Con respecto a la justicia me parece que es vital reforzar tanto la ejecucion de esta, asi como el hecho de que las personas crean y busquen la justicia oficial. Dia a dia una serie de crimenes y homicidios se cometen en la mayoria de casos los criminales quedan libres y se sienten a sus anchas para continuar delinquiendo y asesinando. Las investigaciones judiciales solo se mueven si hay dinero de por medio, los fiscales solo actuan en algunos casos. Solo espero que para el alcalde y el gobernador la justicia sea algo de primera importancia, porque estoy cansada de estar pensando en estrategias de defensa y ademas ya no quiero vivir con miedo constante a que me roben, me maten, me estafen, etc.
Profesor Guzmán, hay un asunto clave por resolver o a tener en cuenta en lo que Usted propone, en cuanto al manejo de la PolicÃa: la corrupción al interior de esa fuerza, y la calidad humana de los policiales, asà como la regular formación que reciben.
"Desarrollar una gran estrategia fundamentalmente pedagógica, alrededor de las normas y la vida ciudadana" Nada más cierto, por eso es que Cali es la ciudad más violenta de Colombia, la más intolerante, desde hace muchos años se perdió esa conciencia, porque fue uno de los "legados" que nos dejaron los 90, con el inicio del narcotráfico, en donde esta gente fue la dueña absoluta de las calles, los sitios de diversión, peleaban porque no los dejaban parquear donde querÃan, mataban al acompañante de la muchacha con quien ellos querÃan bailar, etc.etc. La ciudad para infortunio nuestro tomó estos patrones violentos de conducta con el decir "Yo no me dejo de nadie", y èste es el resultado. Porque si bien es cierto que tenemos zonas de extrema pobreza, en toda la existencia de la humanidad la ha habido y nada de èsto justifica matar una persona, porque se atravesó en el camino, ni por querer robarle hasta la plata del mercado.Retomar las clases de una sana convivencia ciudadana, de respeto mutuo, y asà que las nuevas generaciones crezcan en estos principios, nunca es tarde.
Pero donde está el Secretario de Gobierno, quien debe ser la persona que lidera la seguridad ciudadana? En esta ciudad la mayorÃa de los Informantes, que son vecinos, llaman a la policÃa para informar una pelea callejera y llegan siempre cuando se ha producido el hecho de un muerto o un herido. A uno se le quitan las ganas de contribuir, cuando se pasan horas para que los uniformados lleguen, quienes a la vez conocen las zonas peligrosas donde impera la ley del mas fuerte.