Noticias de Cali, Valle y Colombia - Sábado 1 de Noviembre de 2014

Violencia en el Cauca, herida que no cicatriza

Con explosivos y combates las Farc tienen en jaque el departamento. Suárez es el nuevo blanco por la ofensiva contra la minería ilegal.

Por: Redacción de El País Domingo, Octubre 16, 2011
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Violencia en el Cauca, herida que no cicatriza

Tres tanques cascabel y un pelotón blindado del grupo Cabal del Ejército encabezan uno de los puestos de control a la entrada del casco urbano de Corinto. Aún así, el 23 de septiembre fue atacado con dos cilindros bomba que por fortuna no estallaron y pudieron ser activados en forma controlada.

Ernesto Guzmán Jr. | Elpaís.com.co

El Cauca parece ser de esas heridas que nunca cicatrizan y de cuando en cuando vuelven a sangrar. El 23 de septiembre lanzaron ‘tatucos’ al puesto de control del Ejército en Corinto. El lunes pasado un atentado acabó con la vida de siete soldados en El Palo, corregimiento de Caloto.

El 12 de octubre se prestó para una toma indígena de la Alcaldía de Miranda, que requirió intervención del Ejército. Corren rumores de que van a atacar otra vez a Toribío. En Argelia y Balboa detonan explosivos. Y Suárez está que arde en combates. Todo en menos de tres semanas.

En el área rural de Suárez, sobre la cordillera Occidental, la guerrilla de las Farc ha desplazado a más de 400 personas de seis veredas, que permanecen refugiadas en igual número de escuelas. “No es sólo en Playa Rica, El Amparo y La Betulia, en todas las veredas pasa lo mismo, los campesinos y sus hijos están sin poder salir, ni siquiera hablar por celular, porque ‘la gente’ está al ladito”, dice una mujer que teme por las vidas de sus seres queridos, que siguen atrapados casi como escudos humanos.

Cuando se le pregunta a quién se refiere al decir ‘la gente’, responde: ‘pues a ‘ellos’, cómo más les dice uno, pues si uno los llama guerrilleros, lo matan’, explica.

Para ella, la situación es tan grave que “el Ejército llega pero no puede hacer nada porque las Farc tienen rodeadas las escuelas-refugio y ‘ellos’ se ríen”, dice. La mujer reclama transporte para que puedan salir o fuerzas antiexplosivos porque “uno puede salir a pie así toque caminar uno o dos días, pero hay mucho miedo a que la vía esté minada”, comenta.
Las veredas, donde “no llega ni la luz eléctrica”, están a dos horas en chiva del casco urbano de Suárez.

Ella, que tuvo que salir a trabajar a Cali luego de que el invierno acabara con los cultivos, dice que los guerrilleros son “muchísimos. Hay bastantes, en cada vereda hay más guerrilleros que campesinos; después del invierno muchos pobladores hicieron préstamos al Banco Agrario para comprar ganado, pero ‘ellos’ llegan y matan tres, cuatro reses para comer, imagínese cuántos serán, también cogen el fríjol, la yuca, lo que encuentren”, relata.

Autoridades militares y civiles coinciden en que el problema de la guerrilla en el Cauca es un mal endémico e histórico: allí nacieron los grupos subversivos más antiguos del país y ha sido su centro de acciones delictivas desde hace 45 años.

Hostigamientos, lanzamientos de ‘tatucos’ y otros artefactos explosivos no convencionales en forma indiscriminada a plena luz del día, son acciones de unos 400 o 500 guerrilleros del Frente Sexto de las Farc que se mueven en el corredor norte-sur de la cordillera Central al mando de alias ‘Sargento Pascuas’, para ingresar armas y explosivos e insumos para los narcotraficantes, y para sacar marihuana y cocaína. Otras fuentes le comparten las acciones terroristas a alias ‘Jaimito’, “sujeto de mucho pánico con dos décadas en las Farc, que conoce y tiene nexos en la zona”.

El coronel Carlos Ernesto Rodríguez, comandante de la Policía Cauca, destaca que no hay afectación en los perímetros urbanos de los 42 municipios del Departamento, pero admite que “en el norte delinquen la Columna Móvil Jacobo Arenas en conjunto con el Frente Sexto por todo el corredor de la cordillera Central, de Miranda, Caloto, Corinto, Toribío, Caldono, Jambaló, Suárez y Timba”.

Rodríguez agrega que simultáneamente “hay un reacomodo del Frente 8 de las Farc que afecta a las localidades de Argelia, El Patía y Balboa, sobre la cordillera Occidental; ambas regiones con alta incidencia del narcotráfico: marihuana y cocaína en el norte y grandes cultivos ilícitos en El Plateado, El Mango, El Sinaí, en Argelia, al sur del Cauca”.

A la vez, el Frente 30 de las Farc delinque en jurisdicción de la Costa Pacífica, con influencia del narcotráfico en López de Micay, Timbiquí y Guapi. Pero el tema que prende la confrontación en la cordillera Occidental es la explotación ilegal de recursos naturales. “Hay cantidad de retroexcavadoras sobre el río Timbiquí y alrededores de López de Micay y para la guerrilla, narcotraficantes y bandas criminales ya les es más rentable producir un kilo de oro que un kilo de droga”, explica.

Así que los ataques terroristas de las Farc en Suárez serían la reacción a que “se han desmantelado quince minas ilegales entre Suárez, El Bordo y Patía, corredor por donde sacan las drogas a la Costa Pacífica e ingresan sus armas e insumos”.

El secretario de gobierno del Cauca, Álvaro Grijalba, admite que si se ha recrudecido la actividad de los grupos al margen de la ley es justamente por el accionar constante del Ejército y la Policía. “Los grupos armados quieren mantener esos corredores porque ahí está la fuente de sus finanzas, pero ya no actúan en grupos grandes sino en pequeños comandos de dos o tres terroristas y es difícil detectarlos porque pasan como cualquier ciudadano del común”.

El gobernador del Cauca, Guillermo Alberto González, coincide en que esa es la respuesta a haber enviado el Batallón de Alta Montaña y a autorizar acciones ofensivas “para acorralar a los grupos insurgentes, milicianos y narcotraficantes” y confirmó la tesis de los pequeños grupos: “dos delincuentes en una moto ponen un explosivo al paso de un convoy militar y ocasionan la muerte a siete soldados, no en una confrontación o un combate, sino que emplean ataques terroristas por medio de explosivos”.

De ahí que destacó que “las milicias son el principal riesgo que se corre y son las que tienen responsabilidad en los últimos asesinatos ocurridos” refiriéndose al de los siete militares de El Palo.

El meollo es dilucidar esa línea invisible entre los pobladores que son milicianos y los que no lo son. Por ejemplo, en Miranda, una indígena confiesa sin reparos que para ellos “su enemigo no es la guerrilla, porque ellos pasan, sino el
Ejército que dispara y mata los caballos y las vacas”. Y reconoce que algunos indígenas sí cultivan coca “porque con eso es que nosotros pagamos catastro, todo, y con esa plata el Gobierno paga el Ejército, así que todos comen de ahí”.

la reingeniería

El Gobierno determinó hacer una reingeniería de sus operaciones militares, reforzando la presencia del Batallón de Alta Montaña que duplicó sus unidades tanto en áreas rurales como en los cascos urbanos y estaciones de Policía, donde trabajan en forma combinada.

Igualmente hay mayor número de puestos de control en ambas cordilleras con unidades del Ejército. Mientras tanto, unidades móviles se mueven por las zonas montañosas donde los grupos ilegales transitan y trafican. Pero sobre todo se trabaja en inteligencia para detectar y judicializar milicianos o personal civil que apoya a la guerrilla.

El secretario de Gobierno del Cauca, Álvaro Grijalba, considera que con “los atentados esporádicos, se crea la sensación de que la guerrilla está muy fuerte, pero no vemos todos los que se evitan porque pudieran ser más y ocurrir cada hora sino hubiera el control y el trabajo profesional de las Fuerzas Armadas y autoridades civiles”.

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