Noticias de Cali, Valle y Colombia - Lunes 1 de Septiembre de 2014

La nueva ruta con la que las Farc intentan sobrevivir

Los analistas no temen en afirmar que a las Farc del 2011 les queda poco de aquella fortaleza que en años anteriores les permitió tomarse pueblos a la fuerza.

Por: Fabio Posada y Laura Marcela Hincapié Domingo, Febrero 27, 2011
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La nueva ruta con la que las Farc intentan sobrevivir

Tres mitos abatidos. ‘Alfonso Cano’ (izq), ‘Mono Jojoy’ (centro) y ‘Manuel Marulanda’, fundador de la guerrilla.

Foto cortesía Revista Semana

El calendario de la guerra cambió. En febrero del 2002, el día 20, cuando el reloj marcaba las 8:40 a.m. en Colombia, las Farc secuestraban un avión de Aires con 35 pasajeros. Al mismo tiempo, en tierra, 20 guerrilleros volaban puentes militares y bloqueaban la vía al municipio de Hobo, en Huila, y otros cuatro obligaban al piloto a aterrizar en esta zona.

Aquel día, en plena mañana, sin mayor afán, la guerrilla se llevó a la selva al senador Jorge Eduardo Géchem y a su hijo. Eran los últimos tiempos del proceso de paz del Caguán.

En ese febrero de hace nueve años los titulares de los todos los medios del país fueron acaparados por la noticia de aquel secuestro, “milimétricamente planeado” por las Farc. En febrero del 2011, los titulares muestran otra cara de la guerra. Hoy hablan, especulan y rumoran de la posible muerte o captura de ‘Alfonso Cano’, máximo jefe de esa misma guerrilla que parecía intocable.

Las Farc que hace unos años recorrían el país con 18.000 hombres en sus filas, ahora enfrenta un conflicto armado con 10.000 miembros menos, según los recientes cálculos de las organizaciones de seguridad.

Los analistas no temen en afirmar que a las Farc del 2011 les queda poco de aquella fortaleza que en años anteriores les permitió tomarse pueblos a la fuerza, con grupos de hasta 300 hombres.

Aseguran que no es, ni volverá a ser, la misma que se paseaba por las calles en camionetas 4x4 y a diario explotaba puentes y torres de energía en el país.

Pero, ¿aquella debilidad es suficiente para concluir que la guerrilla más antigua del mundo está derrotada?

Están enfermas, pero no muertas. Eso dice el analista político Juan Carlos Flórez. “Han entrado en un proceso de larga agonía. Comparable al de una persona que a pesar de que tiene una enfermedad grave, puede llegar a vivir muchos años”.

Y eso es, por ahora, lo que intentan las Farc: sobrevivir. Lo hacen ejecutando actos bélicos en el 20% de los municipios del territorio nacional, de acuerdo con los datos de las Fuerzas Militares. Aunque su escenario de guerra es un 30% más pequeño que hace nueve años, la organización se aferra a estos territorios, la mayoría ubicados en Cauca, Nariño, Arauca, Huila, Valle y Tolima.

La radiografía del ‘cuerpo’ de las Farc muestra que actualmente mantiene activos 64 frentes. Sin embargo, fuentes de inteligencia militar consultadas por El País sostienen que cerca del 75% de estas agrupaciones, que antes eran conformadas por columnas con un mínimo de 200 hombres, hoy no alcanza los cien miembros. Incluso algunas se mantienen con tan sólo 15 ó 20 guerrilleros.

El panorama actual de las Farc, descrito hace poco en un informe de la Corporación Nuevo Arco Iris, señala que entre enero y octubre del 2010, con 429 casos, la fuerza pública había logrado dar de baja a 25 guerrilleros más que en el mismo período del 2009.

Pero la realidad no es del todo oscura para las Farc. En estos mismos meses del año pasado la captura de guerrilleros se redujo en un 13%, con 284 menos: mientras en el 2009 fueron 1.447 los retenidos, en el 2010 apenas se capturó a 1.252 de sus miembros.
Otro dato aún más grave preocupa al país. En los primeros diez meses del 2010 aumentaron los hostigamientos en un 230% (341 más), con respecto al mismo periodo del 2009, cuando se presentaron 195 casos menos.

Guerra primitiva

El asedio de una fuerza pública que está atacando con dos armas letales: inteligencia militar y bombardeos aéreos, prendió las alarmas de la guerrilla desde el 2008. Luego de golpes como la operación contra ‘Raúl Reyes’ y la liberación de Ingrid Betancourt con otros catorce secuestrados, la guerrilla tuvo que cambiar su estrategia de combate.

La nueva ruta diseñada por el jefe ‘Cano’, denominado el ‘Plan 2010’, fue regresar a la guerra de guerrillas. A la forma más primitiva del combate, que con hostigamientos ejecutados por milicias de tres hombres, emboscadas, campos minados y francotiradores le hacen daño a la Policía y al Ejército.

Este plan, según explica Ariel Ávila, investigador del conflicto, funciona a través de las Unidades Tácticas de Combate, conformadas por guerrilleros especializados en tiros de alta precisión y en explosivos, que le permiten a la guerrilla dar la impresión de que domina varias zonas del país.

“Gracias a esta estrategia, si se compara el 2008 con el 2009, 14 estructuras de la guerrilla se reactivaron, entre ellos los frentes 4, 23, 28, 55, 31, y la columna móvil Juan José Rondón”, declaró.

El ‘Plan 2010’ que hoy rige el comportamiento de las Farc también atacó a los militares, a través de los grupos elite o fuerzas especiales.

Una fuente del Comando Conjunto Pacífico reveló a este diario que esas fuerzas operan con los ‘pisasuaves’. “Son guerrilleros que se visten de negro y andan descalzos para propiciar ataques silenciosos a objetivos militares específicos”.

Sin embargo, los campos minados siguen siendo los guerrilleros más efectivos y económicos. Entre enero y octubre del año pasado las Farc activó 91 campos minados en el país.

En los últimos meses, la guerrilla ha utilizado estas minas más para defenderse que para atacar. Mientras en años anteriores los campos minados se activaban en caminos y corredores de comunicación, hoy los guerrilleros los dejan en sus propias madrigueras.

“Ya no las activan en nuestros terrenos sino en los de ellos, porque saben que vamos a ir a buscarlos y entonces se defienden con las minas”, declaró una fuente de inteligencia militar.

Enemigo invisible

Hoy, los militares aseguran que la guerrilla no tiene rostro. No se uniforman y su guerra parece cumplir el lema de “tirar la piedra y esconder la mano”.

“Evitan combatir, lanzan granadas y salen corriendo a sus escondites, muchos en casas de civiles”, asegura un soldado que hace un año y medio combate en el norte del Cauca.

Pero al parecer su estrategia no se limita sólo a invadir casas ajenas. Un desmovilizado, que hace menos de un mes combatía en el Frente 21 de las Farc, contó que en los últimos meses sus jefes les pedían a los ciudadanos mantener armas en sus viviendas. “La idea era que si en combate uno tenía que refugiarse en una casa, tuviera algo para defenderse de los militares”, asegura el joven de 19 años, que desde los 12 fue reclutado por las Farc.

Con respecto al 2009, los analistas sostienen que en el 2010 algunos frentes de las Farc que se creían derrotados, como el 8, 64 y 66 presentaron una reactivación. Y el 90% de aquel fortalecimiento lo tuvo el Comando Conjunto de Occidente, que opera en Cauca, Valle y Nariño, y es liderado por ‘Alfonso Cano’ y ‘Pablo Catatumbo’.

Es decir que las Farc trasladó su guerra de oriente a occidente. Las Fuerzas Militares sostienen que la muerte del ‘Mono Jojoy’ terminó de debilitar las tropas del oriente que durante años fueron comandadas por la cabeza militar de las Farc.

Para Camilo Ospina, ex ministro de Defensa, parte de la fuerza que tiene la guerrilla en el occidente, Cauca y Nariño principalmente, se debe “al abandono militar del Gobierno Nacional en estas zonas”.

Sin embargo, las fuentes de inteligencia militar tienen una explicación más practica a este fenómeno. “Ellos buscan camuflarse entre las poblaciones protegidas por el Derecho Internacional Humanitario, como los indígenas, para limitar al Gobierno es sus acciones. Por eso departamentos como el Cauca les resultan tan llamativos”.

Los cultivos ilícitos que visten las montañas de los municipios del occidente son el cordón umbilical que la guerrilla tiene en esta zona. “Cultivar una hectárea de coca en el Cauca puede costar hasta $7 millones y las Farc está financiando a los campesinos para que lo hagan”, contó a El País un oficial del Comando Conjunto Pacífico.

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