Noticias de Cali, Valle y Colombia - Sábado 19 de April de 2014

¿Quiénes son los 250 hombres que siembran el terror en el norte del Cauca?

Radiografía de un grupo considerado como sanguinario como es la Columna Móvil 'Jacobo Arenas' de las Farc. Esta estructura es la fuerza bélica de la guerrilla. Realiza secuestros y ataques a la Fuerza Pública.

Por: Redacción de El País Sunday, June 5, 2011
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Su historia

La Columna Jacobo Arenas llegó al Cauca en 1993. Fue conformada por guerrilleros pertenecientes al Bloque Oriental, que venían de Caquetá y Meta. Cuando la zona de distensión fueron enviados al Caguán y en el 2001 regresaron al Cauca.
Es un grupo móvil cuya misión es desplazarse en este sector, brindando apoyo a otras estructuras para realizar ataques contra la Fuerza Pública o atentados a poblaciones. “Son una especie de tropa élite, que está entrenada y muy bien armada, para enfrentarse con nosotros”, explicó un oficial del Ejército.
Actualmente tienen cien guerrilleros uniformados y 150 milicianos en las poblaciones de Toribío, Tacueyó y Jambaló, especialmente. Fuentes de inteligencia revelaron que trabajan en conjunto con las milicias del Frente 6.
”La Jacobo Arenas y el Frente 6 son las estructuras más beligerantes del Comando Conjunto Occidente”, señala un militar. Estos dos grupos están señalados de hostigar las poblaciones de Caldono, Caloto, Jambaló, Corinto, Tacueyó y Toribío.
En mayo pasado las FF.MM. bombardearon un campamento de la Jacobo Arenas, en el que, según las autoridades, murieron nueve guerrilleros. Los cuerpos no fueron recuperados.

 
¿Quiénes son los 250 hombres que siembran el terror en el norte del Cauca?

Los inmuebles públicos como la Fiscalía y los establecimientos comerciales han sido objetivo de los ataques de la columna móvil 'Jacobo Arenas' de las Farc.

‘Jaime’ es su alias en las Farc, pero muchas personas del norte del Cauca lo llaman ‘El Sangriento’. “Es el que ordena los secuestros, las extorsiones y los asesinatos”, dice un campesino de la zona montañosa de ese departamento.

Este hombre es el cuarto al mando de la Columna Jacobo Arenas de las Farc. El año pasado, según cifras del Gaula del Ejército, este grupo secuestró a ocho personas en el Cauca, el 42% de los plagios ocurridos en el 2010 en ese departamento. Este año van cuatro secuestros.

Sin embargo, la cifra sería mayor. Un defensor de Derechos Humanos asegura que desde el 2010 hasta la fecha el número de secuestros cometidos por la Jacobo Arenas es de 22, pero la mayoría no han sido denunciados.

Uno de los ocho casos reportados el año pasado fue el de Francesco Menotti Perlaza, un joven universitario plagiado en julio del 2010 en Santander de Quilichao.

La pesadilla de una familia

A Adiela Perlaza de Menotti, alias Jaime se le presentó como Gregorio. Y así se ha hecho llamar en casi todos los mensajes amenazantes que le manda desde hace diez meses.

El drama para esta mujer empezó el 22 de julio del año pasado y parece no tener fin. Ese día, en plenas fiestas de Santander de Quilichao, secuestraron a su hijo Francesco, por quien exigían mil millones de pesos. Adiela, quien había quedado viuda un año atrás, tuvo que empezar las negociaciones para que le devolvieran su hijo.

Y se encontró con el propio ‘Jaime’. Arriba del cabildo de San Francisco, en zona rural de Toribío, se encontró con el guerrillero, quien en una ocasión le dejó ver a su hijo.

“Esta columna es reconocida por su crueldad a la hora de negociar el pago de los secuestros. Torturan psicológicamente a la familia de la víctima, la humillan. Tienen un trato degradante, son agresivos y vulgares. Además, las extorsionan o les piden dinero varias veces”, dice un negociador que ayuda a las familias de los plagiados.

En una ocasión, llamaron a Adiela para que les entregara $50 millones, de lo contrario, la amenazaron con que “le enviarían un miembro de su hijo como regalo”. Debió pagar.

Su hermano, Agustín Perlaza, quien se convirtió en su sostén durante los ocho meses del secuestro de su hijo, les entregó el dinero.

Así pasó el tiempo. Llamadas y mensajes intimidantes, incluso en una ocasión ‘Jaime’ llamó a Agustín, el tío del joven, a decirle que Franceso estaba muerto. Era mentira.

En abril pasado, Francesco logró escapar de la guerrilla, pero fue recapturado por milicianos del Frente 6. El joven alcanzó a llamar a su mamá para pedirle ayuda.

Agustín desesperado corrió hasta Toribío en su busca, pero a Francesco, horas después de su fuga, lo recapturaron milicianos del Frente 6. Le pidieron $150 millones para devolvérsele. Les entregó parte del dinero.

Pero, al parecer, la orden que habían dado era matar al joven. Entonces, la guardia indígena que estaba ayudando a la familia lo rescató. Tenían un operativo montado en toda la zona.

Cien guardias indígenas, solamente con sus bastones de mando, buscaban al joven. “Les habíamos dicho que no aceptamos que tengan secuestrados en nuestro territorio. No vamos a permitir eso y mucho menos que asesinaran al joven, como lo tenían planeado. La vida hay que respetarla”, expresa uno de los guardias que participó en el rescate.

Se dividieron en grupos de cinco, que se comunicaban con radios. “Nos advirtieron dicho que tenían todo el filo de la montaña minado, pero nuestra arma es el valor, y empezamos a buscar al muchacho. Uno de nuestros grupos lo ubicó cuando lo llevaban varios milicianos. Era noche y no se veía nada. Él gritó pidiendo auxilio. ‘Me van a matar’, dijo.

“Uno de los guardias lo empujó a un hueco. Allí se quedaron, tirados en el piso, mientras los guerrilleros lanzaron ráfagas de fusil; luego huyeron”.

Franceso regresó a la libertad. “Cuando se lo devolvimos a su madre, ella nos dio las gracias. Le advertimos que el problema seguía, tanto a ellos como a nosotros”, dice el indígena.

Es bajito. Habla suave, despacio, como silbando las sílabas. No parece un hombre feroz. Detrás de ese aspecto débil está una inmensa valentía. “Será la raza -asegura- porque no podemos salir a correr. No lo han dicho de frente, pero mandan razones de que nos cuidemos. Seguimos aquí y seguiremos. Lo único que hicimos fue hacer respetar nuestro territorio y la vida, una labor humanitaria”.

Francesco recuperó la libertad, pero no su tranquilidad. ‘Jaime’ hizo valer ese apodo de ‘El Sangriento’. El Jueves Santo, 21 de abril, Agustín Perlaza fue asesinado en Santander de Quilichao. Las llamadas extorsivas a Adiela aún continúan. Su familia entera debió dejar todo abandonado y huir de esta zona. Ahora Franceso se encuentra en otro país y su familia espera que le den un asilo político.

Las otras víctimas

Una fuente de la Policía calcula que en los últimos diez años la Columna Jacobo Arenas ha cometido cerca de cien secuestros en el Cauca. “Tienen azotado desde Piendamó hasta Santander de Quilichao. Y lo peor es que son un grupo que incumple los acuerdos a los que llegan con los familiares de los plagiados. Les cambian las condiciones. No tienen respeto por la palabra”, asegura el negociador.

El drama que vive la familia Menotti Perlaza se ha repetido en otras ocasiones en el norte del Cauca. Y, al parecer, detrás de las presiones ha estado siempre alias Jaime. En el 2004, al dueño de un hotel de Popayán le secuestraron la esposa. Durante tres meses negoció el pago del rescate.

Fue citado en la parte alta de Mondomo, cuando le llevó el dinero a alias Jaime lo secuestraron a él y a su hijo. Seis meses pasaron en poder de ese grupo. La familia quedó arruinada.

Ese mismo año, secuestraron en Santander de Quilichao al administrador de una finca. Le exigían una millonaria suma de dinero. Su esposa intentó negociar, al final acordaron una cifra menor. Le hicieron lo mismo que al dueño del hotel: la citaron para que llevara al dinero, en el momento en el que ella lo entregó, la secuestraron y a su esposo lo liberaron para que consiguiera el dinero del nuevo rescate.

Historias como estas o como las de los comerciantes de Santander de Quilichao que llevan años siendo extorsionados se repiten en el norte del Cauca.

Este año siete artefactos explosivos han sido detonados contra locales comerciales y viviendas de la población. Aunque las autoridades aseguran que no todos fueron cometidos por las Farc, sí reconocen que este grupo lleva año extorsionando la población. “Muchos se han ido”, dice un habitante.

Los hermanos de Adiela también debieron salir de su pueblo. Diecinueve miembros de esa familia abandonaron Santander de Quilichao.

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