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El barrio donde nació el papa Francisco, nuevo atractivo turístico de Buenos Aires

Jorge Bergoglio nació en la casa de la Calle Membrillar 531, San José de Flores, Buenos Aires.

Por: Patricia Lee, corresponsal de El País, Buenos Aires Miércoles, Marzo 20, 2013
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A la ceremonia de entronización del argentino Jorge Mario Bergoglio asistieron representantes de 132 países de todo el mundo y más de 200 mil personas, quienes recibieron la bendición del nuevo Papa.

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El barrio donde nació el papa Francisco, nuevo atractivo turístico de Buenos Aires

Parroquia San José de Flores, en Buenos Aires (Argentina). Esta es la Basílica San José de Flores. Allí, el Papa Francisco inició su vida religiosa, escuchó el llamado al sacerdocio.

EFE

"Nací en ese barrio, crecí en sus veredas, un día alcé el vuelo soñando triunfar”, dice la letra del tango dedicado a San José de Flores, el barrio que vio nacer al papa Francisco. No fue una casualidad que Jorge Bergoglio haya pedido que su entronización se realizara el 19 de marzo, día de San José, patrono de su barrio y de la Basílica del mismo nombre, donde se definió su vocación religiosa.

Este martes 19 de marzo, por primera vez en muchos años, el padre Jorge no pudo venir a decir la misa en la Basílica y a presidir la procesión, pero los vecinos de San José de Flores festejaron por partida doble, pues nunca se imaginaron que por sus calles, sus aceras y sus plazas, se paseaba hasta hace pocos días, el hombre que hoy conduce a 1200 millones de católicos.

El padre Jorge, como le gusta que lo llamen, nació en la casa de la Calle Membrillar 531, un lugar tranquilo, arbolado y florido, con calles cortadas y antiguas casas amplias y tradicionales.

El niño Jorge jugaba al fútbol, asistía a la Parroquia, hizo la primera comunión en el Colegio Nuestra Señora de la Misericordia, estudió la primaria y la secundaria en el Colegio Cerviño, y escuchó la voz de Dios en un confesionario de la Basílica de Flores.

Mary, la vecina de la casa donde nació, abre la puerta orgullosa. Cuenta que el barrio, siempre tan tranquilo, está revolucionado. “Parece un paseo turístico”, dice, y recuerda que Jorge “iba a la pequeña parroquia, paseaba por aquí, era alguien como nosotros”. Rubén, otro vecino, exdirectivo del Club San Lorenzo, lo veía mucho en la parroquia y lo unía el amor por el equipo de ‘los cuervos’.

En la esquina de la Calle Membrillar está la plazoleta Herminia Brumana, donde Jorge jugaba al fútbol y rompía uno que otro vidrio. En uno de sus muros está pintada la leyenda “cuervos de Flores”, en alusión a San Lorenzo de Almagro, el club de los amores del padre Jorge.

María Antonia Sistac recibe a El País en la pequeña Parroquia Santa Francisca Cabrini. Ella vive hace sesenta años en el barrio y conoce al padre Jorge desde joven, cuando no era ni siquiera sacerdote.

“Él ha sido de esta parroquia, se crió aquí, como un muchacho cualquiera, nos encontrábamos en la calle, yo pasaba por la placita y estaba jugando a la pelota, incluso le rompió el vidrio a una vecina. Después estaba siempre en las fiestas de quince años, le gustaba mucho el tango y lo bailaba muy bien.

Todos tenemos un recuerdo muy lindo de Jorge, porque incluso cuando ya era arzobispo de Buenos Aires, paseaba saludándonos, y siempre decía las mismas palabras: “¿Cómo te va? Reza por mí”.

El padre Jorge no pudo venir el domingo 17 de marzo a su tradicional charla con las hermanas del Colegio de Nuestra Señora de la Misericordia, pero el martes 19 de marzo, todo el colegio, alumnos, profesoras y padres, se desplazó en buses hasta la Catedral Metropolitana para ver en las pantallas gigantes la entronización de quien ellas sienten como un hermano.

Martha Rabino, la madre superiora, cuenta que el actual papa hizo la primera comunión en el colegio, y que cuando murió la hermana Dolores, con la cual hizo la preparación para la comunión, él se quedó toda la noche rezando al lado del cajón y no quiso tomar ni agua.

El padre Gabriel, párroco de la Basílica de San José de Flores, tiene el orgullo de contar que fue allí, en uno de los confesionarios de la iglesia, donde Jorge Bergoglio sintió su vocación religiosa, un 21 de septiembre, día de la primavera.

“Es el templo de su infancia”, dice orgulloso, y cuenta que el padre Jorge venía a rezar una vez por mes, se sentaba en el fondo, como cualquier parroquiano. Eso sí, no faltaba nunca para las celebraciones del 19 de marzo, en las cuales presidía la procesión.

Esta vez, como dicen en Argentina, “pegó el faltazo”. Pero, sin duda, tenía una buena razón para ello.

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