Marihuana medicinal¿Colombia está lista?

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Marihuana medicinal: ¿De planta maldita a remedio milagroso?

Mientras el Congreso debate un proyecto de ley sobre la regulación de la marihuana medicinal en Colombia, decenas de microempresarios, que tienen productos a base de cannabis, esperan poder comercializarlos libremente. ¿Qué se regularía? ¿Por qué? ¿Cuáles son sus beneficios o efectos negativos? ¿Qué apoyo tiene la iniciativa? ¿Cómo funciona el mercado en Colombia? ¿Cómo lo hace en el mundo? El País responde a este y otros interrogantes en este especial multimedia sobre una propuesta que, de aprobarse, podría cambiar la historia de la lucha contra las drogas en Colombia.

Doña Ruth de Salas ya no podía caminar. Cada vez que lo hacía el dolor en la rodilla derecha la sentaba, debido a una artrosis severa por la que ya estaba en lista de espera para una cirugía.

Entonces, mientras esperaba a que en su EPS en la ciudad de Villavicencio le asignaran quirófano, desde Cali le enviaron una opción distinta: un gel hecho de marihuana, coca y caléndula (entre otros ingredientes), producido en la zona rural de la ciudad y que, según le explicaron, ayuda con las inflamaciones y los dolores del cuerpo.

Ruth comenzó a usar el gel y, poco a poco, el panorama de su salud cambió drásticamente. Después de unas semanas el dolor dejó de controlar su vida y comenzó a salir de casa otra vez. Hoy, dos años y medio después, no ha tenido que operarse y el gel también es usado por su madre, quien igualmente padece de artrosis.

El suyo es solo uno entre muchos casos de colombianos que aseguran haberse curado de diversas dolencias gracias al uso de productos medicinales hechos a base de la planta de Cannabis, conocida popularmente como marihuana.

El abogado Carlos Hernán Escobar explica cómo castiga el Código Penal a quienes compren, vendan, o trafiquen con marihuana y qué cambiaría si se aprueba el proyecto de ley.

Y por casos como el suyo es que el Congreso de la República se apresta a iniciar oficialmente uno de los más interesantes debates que se haya dado en los últimos años en Colombia, para decidir la respuesta a una pregunta: ¿se debe o no permitir el uso de la marihuana para efectos medicinales en el país?

La decisión se tomará frente a un proyecto de ley que presentó el 21 de julio pasado el senador Juan Manuel Galán (Partido Liberal), y que propone “crear un marco para la regulación del cannabis en el territorio nacional colombiano, con fines terapéuticos, medicinales o científicos”. La discusión oficial comenzará el próximo 11 de noviembre.

El proyecto busca reglamentar otra norma - el acto legislativo 02 de 2009, con el que se modificó el Artículo 49 de la Constitución -, la cual creó un vacío jurídico al señalar vagamente que “el porte y el consumo de sustancias estupefacientes o sicotrópicas está prohibido, salvo prescripción médica”.

Pero esto, que en el papel ya es un hecho, ha prendido la polémica en el país. El proyecto de ley cuenta con el respaldo del presidente Juan Manuel Santos, e incluso el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, afirmó la semana pasada que “en muchos aspectos fumar marihuana es más seguro que consumir alcohol”. Pero otras voces han alertado que las consecuencias negativas de permitir el uso de la marihuana medicinal pueden ser mayores a los beneficios.

Preocupa, por ejemplo, que la regulación del mercado medicinal dé pie a la legalización del uso recreativo de la hierba, como lo considera el procurador general, Alejandro Ordóñez.

“En el contexto internacional, cuando se pretende legalizar la droga, se ha empezado primero por la legalización de la marihuana para efectos terapéuticos y acto seguido con la legalización para efectos recreativos”, dijo el jefe del Ministerio Público.

Otra voz en contra es la del presidente del Congreso, José David Name, quien sostiene que “en Colombia no es tan fácil decirle a la gente que si fuma marihuana se va a curar o le va a ir bien”.

Pero el senador Galán, proponente del proyecto, hace una precisión.

“No hablamos ni de marihuana ni de legalización, sino de cannabis medicinal y de regulación. Somos estrictos en la definición porque la marihuana contiene muchísimas otras sustancias, que la mayoría no han sido estudiadas. Pero dentro de ella hay cannabinoides medicinales que han sido identificados por el efecto positivo que tienen en el tratamiento de varias enfermedades crónicas y terminales, por su poder analgésico y ansiolítico. Hablamos de regulación porque la legalización es un término que no tiene definición y es asociada a la permisividad”.

Esta diferencia de opiniones también se vive en el campo científico, donde no parece haber un acuerdo sobre la conveniencia del consumo terapéutico de la planta. Mientras que algunos médicos recomiendan su uso en casos de extremo dolor o para tratamientos como el glaucoma, otros se declaran en contra.

Jorge Quiñónez, toxicólogo de la Secretaría de Salud de Cali, afirma que la marihuana “no hace nada que otros medicamentos no hagan” y que su consumo puede crear dependencia e incluso intoxicaciones”.

Carlos Minotta, médico de la Universidad del Valle y especialista en Medicina Tropical, sostiene que "hoy la OMS ha ampliado más la definición que tenía de salud y se acepta que cualquier método o sistema que produzca beneficio al paciente no se debe rechazar, sino que debe ser un coadyudante de la medicina tradicional, como es el caso de la marihuana".

La marihuana medicinal, un debate médico

El tema que se apresta a estudiar el Congreso colombiano también es origen de una controversia académica de alcance mundial, en la que no se ha llegado a un punto medio.

En el 2009, la Universidad de Washington publicó el estudio “Uso medicinal del cannabis en los Estados Unidos: perspectiva histórica, tendencias actuales y futuras direcciones”, en el que se analizan 33 ensayos clínicos realizados desde 1971. La conclusión es que estas investigaciones demuestran los beneficios de la planta, especialmente cuando sus componentes son usados como analgésicos.

Los profesores estadounidenses Beau Kilmer y Mark Kleiman, considerados autoridades en el análisis sobre el cannabis, publicaron el libro ‘Legalización de la marihuana: lo que todos necesitan saber’. Allí afirman, entre otras cosas, que el cannabis puede aliviar los síntomas de enfermedades como el Sida, algunos tipos de cáncer, el glaucoma, la artritis, la esclerosis múltiple, el síndrome de Tourette, la fibromialgia y la epilepsia.

Sin embargo, otros estudios advierten de las consecuencias negativas que puede tener el consumo regular en aspectos como el desarrollo intelectual del ser humano. Es el caso de un análisis hecho por Wayne Hall, del King's College de Londres y la Universidad Queensland de Australia, que revisó investigaciones hechas entre 1993 y 2013 sobre los efectos que tiene la marihuana en la salud.

Según este análisis, quienes empezaron a consumir marihuana en su adolescencia están más expuestos a desarrollar dependencia, episodios psicóticos o problemas de memoria. También indica que uno de cada seis adolescentes crea dependencia a la droga y que además su desarrollo intelectual se ve afectado, pues tienen un menor rendimiento escolar.

Los estudios han llegado a contradecirse entre sí y por la prohibición misma de la planta no han tenido la dimensión suficiente para ser concluyentes.

Incluso donde se permite su uso medicinal, las entidades estatales advierten que los riesgos para la salud pueden incluir disminución de la memoria a corto plazo; alteración en el juicio y la toma de decisiones; cambios en el estado de ánimo, entre ellos severa ansiedad o paranoia.

Ya se vende en Colombia

¿Llegó la hora de la regulación de la marihuana medicinal?

Pero más allá de la discusión política o científica, lo cierto es que en Colombia ya existe un incipiente mercado de productos medicinales -unos más elaborados que otros- que tienen entre sus ingredientes la marihuana. Aunque no hay cifras oficiales sobre el mismo, pues los estudios están basados en el consumo recreativo de la droga y no en el medicinal, parte del trabajo del Congreso será definir cómo articular las iniciativas de estos pequeños productores con la reglamentación que se expida si se aprueba el proyecto de ley.

Doña Ruth de Salas es un vivo ejemplo del funcionamiento de este mercado. A pesar de que vive en Villavicencio, el gel que utilizó fue adquirido en Cali, donde hay por lo menos siete pequeñas empresas que producen y comercializan pomadas, aceites y ungüentos que tienen entre sus ingredientes el cannabis.

Una de esas iniciativas es Ecojardín Medicinal, liderada por Ximena Mejía, una mujer que a comienzos del 2000 comenzó a explorar y a aprender sobre las propiedades medicinales de las plantas y encontró en este “saber ancestral”, como lo llama, una forma de vida.

Ximena fabrica geles, aceites, almohadas terapéuticas, esencias y cremas a partir de hierbas medicinales, entre ellas el cannabis. Sus productos, dos de los cuales tienen como ingrediente principal la marihuana, son promocionados a través de internet y distribuidos en ferias, eventos artesanales, culturales y centros comerciales.

Su experiencia de casi diez años (Ecojardín Medicinal comenzó a funcionar en el 2005) la ha posicionado en el mercado local e, incluso, sus productos son solicitados en otras ciudades de Colombia, como fue el caso de Ruth de Salas.

Pequeños productores en Cali

Pero Ximena no es la única persona de la ciudad en aventurarse a producir y comercializar medicamentos que, de acuerdo con el Código Penal, no están aceptados por contener entre sus compuestos una sustancia considerada ilegal.

Diana*, una joven caleña, inició a comienzos de este año un negocio similar, que ha ido creciendo con el paso de los meses. “La mayoría de mis clientes son adultos mayores que sufren de enfermedades como artritis, osteoporosis o cáncer, pues los productos ayudan, por ejemplo, a soportar los efectos de la quimioterapia. Pero también la compran deportistas con afecciones musculares y personas que están en postoperatorios”, cuenta.

Ella explica que sus ganancias dependen de como se consiga la planta. Esta, de hecho, es una de sus principales dificultades, pues en Colombia está penalizada la compra, venta, distribución o transporte de la marihuana.

Entonces, se enfrenta a tres posibilidades: la primera conseguirla en el mercado negro, donde puede costar desde $50 mil hasta $300 mil la libra, dependiendo de la variedad y la calidad, pero donde además puede llegar a poner en peligro su seguridad. Allí, además, no obtiene la pureza que necesitan sus productos, pues en muchas ocasiones la planta llega con residuos de químicos y orina que usan los traficantes durante su transporte.

Una segunda opción es la compra de la planta a personas que también elaboran este tipo de productos, las cuales tienen más experiencia en el cultivo, manejo y variedades que se necesitan para los mismos. El problema en este caso es que muy pocos se exponen a venderla y, mucho menos, a transportarla, pues así su objetivo sea medicinal se exponen a penas de cárcel.

El tercer camino, que es el ideal desde el punto de vista económico y de salubridad, aunque no deja de estar en un vacío legal, es el autocultivo. Para esto se necesita identificar qué variedad de la marihuana es la indicada y conseguirla a través de bancos de semillas que se pueden encontrar por internet y que funcionan en algunas ciudades de Colombia o de Europa.

“Envían tres semillas (por un precio aproximado de $50 mil) y de esas plantas salen más. Lo importante es saber qué tipo de cannabis se debe comprar, según la patología, y cómo se cultiva”, explica David Jiménez, un caleño que encontró en la marihuana una alternativa a las drogas psiquiátricas que le recetaban para tratar un trastorno de ansiedad que le dejó una grave meningitis bacteriana.

En el caso de Diana el negocio aun es inestable, tanto en términos de producción como de ventas. La elaboración de una de sus pomadas cuesta cerca de , aunque el precio varía dependiendo de dónde consiga el cogollo. En 40 pomadas se usan cerca de 50 gramos de cannabis, junto a otros ingredientes, como la caléndula, que en el mercado no supera los $3 mil la libra. El resultado es una pomada de 20 gramos que se vende al público entre los $15 mil y $20 mil.

Pero desde hace unos años el mercado está empezando a expandirse. Una productora como Diana puede vender cerca de 40 pomadas y 30 aceites de marihuana cada mes, mientras que productos similares con más antigüedad pueden triplicar su venta y son comercializados en calles del centro de Cali.

A la ciudad también llegan productos que son elaborados por comunidades indígenas, que por ley son las únicas que pueden cultivar marihuana o coca en el país, siempre y cuando no usen la planta para producir estupefacientes. O los que son hechos por mujeres campesinas, como Natual Sant, que se elabora en una vereda de Caloto y es el sustento de un grupo de mujeres cabeza de familia.

Todos, no obstante, son elaborados artesanalmente y conocidos principalmente gracias al voz a voz. Además, no cuentan con algún control sanitario por parte de las autoridades, pues al tener entre sus ingredientes una sustancia considerada ilegal, el Invima ni siquiera los evalúa.

Hace unos meses, Natalia Izquierdo comenzó a producir y vender productos medicinales, entre ellos un aceite de marihuana. Poco a poco su negocio ha ido creciendo y espera que se convierta en su alternativa de vida.

Lo que se espera es que el mercado de la marihuana medicinal en Colombia, que se mueve entre lo ilegal y poco tecnificado, se convierta en una industria en crecimiento y generadora de empleo, especialmente para comunidades de las zonas de conflicto que ante la pobreza y la falta de oportunidades tomaron el camino del cultivo y el uso de marihuana para fabricación de narcóticos.

Es aquí donde realmente está el gran desafío del Estado colombiano, en caso de que llegara a aprobarse el polémico proyecto de ley. Porque las grandes farmacéuticas multinacionales saben que en el cannabis, como en muchas otras plantas ancestrales, existe la posibilidad de un millonario negocio que, así sea por vías ilegales, está creciendo progresivamente. ¿Qué pasaría entonces con los pequeños productores que hoy ya operan en nuestro país?

Un negocio millonario

¿Llegó la hora de la regulación de la marihuana medicinal?

En Estados Unidos, país que ha liderado y promovido el prohibicionismo como arma principal de la lucha contra la droga, ya hay 23 estados donde el consumo de cannabis es aceptado con fines terapéuticos.

Más allá de la resistencia y las posiciones legales, cada cierto tiempo saltan desde la vida real casos que ponen el debate en otras perspectivas.

Charlotte Figi, una niña de 7 años que sufría hasta 300 convulsiones por semana debido a una enfermedad llamada Síndrome de Dravet, es quizá el mayor ícono del movimiento que promueve la utilización de la marihuana medicinal en el mundo.

La pequeña, del estado de Colorado, no podía hablar, alimentarse o mantenerse en pie debido a las convulsiones. Su padre, antiguo opositor a la marihuana, llegó a tal punto de desesperación que propuso a algunos médicos usar cannabis para aliviar a la pequeña.

Charlotte comenzó a tomar dosis controladas de aceite de cannabis dos veces al día y a los pocos meses sus convulsiones se detuvieron. Hoy, los videos de su vida casi normal son un suceso viral en Internet.

El aceite de marihuana suministrado a Charlotte hace parte de una industria que movió en el 2013 1,53 billones de dólares en Estados Unidos, según ArcView, una firma consultora especializada en el análisis del mercado del cannabis, con sede en California.

La firma estima que al finalizar el 2014 la cifra aumentará a 2,57 billones de dólares y que el panorama de crecimiento es positivo, pues para el 2019 esta industria movería 10,2 billones de dólares anuales.

Marihuana medicinal en el mundo

Cuando se habla de la industria no solo se trata del cultivo y comercialización de la planta como tal. De esa cadena también hacen parte los dispensarios de marihuana medicinal, los productos que se utilizan para su cultivo, producción y comercialización, las investigaciones farmaceuticas y la venta de los medicamentos sintéticos que se generen a partir del cannabis.

De esta forma, laboratorios como GW Pharmaceutical o Almirall, en Gran Bretaña, han sintetizado o extraído los componentes de la planta para la elaboración de drogas que alivian los síntomas de enfermedades crónicas y que causan dolores agudos a los pacientes, como lo son el Epidiolex y el Sativex. Este último es un preparado farmaceutico que contiene THC y CBD (dos de los más de 400 componentes de la droga) y que según la OMS ya es aprobado por 24 países del mundo.

Los fármacos derivados del cannabis son de difícil acceso y se comercializados a precios altos. En España, por ejemplo, el Sativex se vende a 400 euros en promedio y bajo fórmula médica exclusiva para casos de esclerosis múltiple (EM). En Colombia, la EM afecta a cerca de 2400 personas, pero esta medicina, que trata los síntomas más no la cura, no es permitida según la actual legislación.

Por eso, ante la posible regulación de la marihuana para usos medicinales, los pequeños productores actuales se preguntan qué pasará con ellos. “El país puede estar preparado para este paso, de hecho cada vez más las personas se remiten a las alternativas que da la propia naturaleza para tratar sus dolencias. Pero también se abre la posibilidad de que las grandes compañías sean las que sinteticen y manejen este tipo de productos”, dice Diana, quien espera algún día poder llegar con sus productos a las cadenas de supermercados.

¿Cómo funcionaría en Colombia?

¿Llegó la hora de la regulación de la marihuana medicinal?

De ser aprobado el proyecto de ley, el Gobierno Nacional tiene un año para reglamentar la regulación del cannabis medicinal. La ponencia que presentará el senador Galán habla de permitir el cultivo de marihuana a quienes lo hagan con fines medicinales, pues actualmente se penaliza a todo aquel que cultive 20 plantas o más.

Pero en ese lapso el Gobierno también tendrá que definir aspectos como si habrá licencia a farmacéuticas o pequeños productores al momento de la elaboración de medicinas, quiénes podrían usar la planta para investigaciones científicas, qué plan se implementaría para verificar que sí es usada con un fin medicinal, qué enfermedades se permitiría tratar con estas medicinas, cómo podría un paciente acceder a ellas, cómo evitar que el crimen organizado saque provecho de la regulación y hasta qué impuestos pagarían los productores.

Todas estas consideraciones hacen que ese año parezca corto para la elaboración de la normatividad. Es por esto que el Ministerio de Salud, en un documento en el que hace consideraciones al proyecto de ley, indica que “algunos conceptos técnicos piden ampliar el plazo habida cuenta de la complejidad (en un doble sentido, técnica y política) del tema en cuestión”.

El Minsalud también habla de que se podrían definir “algunos lineamientos en materia de regulación, competencia, necesidad de registro sanitario, según la clase de producto. También sería conveniente que el proyecto especifique si se está regulando el uso de la planta en su estado natural o puro o, por el contrario, los preparados con síntesis a partir de la planta. O ambos”.

Sobre esto, la experiencia de los países que ya han dado este paso puede convertirse en un punto esencial, aunque en cada nación la regulación y el acceso al cannabis medicinal es diferente.

En algunas partes se permite solo la producción y comercialización de productos que contienen principios activos del cannabis (como el CBD o el THC), siempre y cuando cuente con el aval y el registro de las entidades de control, que en Colombia sería el Invima. El componente de la marihuana es adquirido mediante prescripción médica, según las enferemedades o patologías que autorice el Estado.

En otros países la regulación es un poco más abierta y permite que quien elabora los productos obtenga su materia prima del autocultivo y que los pacientes que cuenten con la autorización médica puedan obtener las medicinas -o incluso los cogollos de la planta- en dispensarios que son controlados rigurosamente por el Estado, mediante la marcación a través de códigos de barras de las plantas y posteriores productos que salgan de ellas.

A pocas semanas de que se vote el proyecto de ley que regularía la marihuana medicinal en Colombia, los caleños nos contaron su posición sobre el tema.

Pero el uso terapéutico no se remite solamente a los medicamentos farmacéuticos. En la mayoría de estos países la planta también se consume por vía oral o respiratoria (fumada o por inhalaciones). “No significa que sea tomada a la ligera. El paciente debe ser guiado por un experto sobre qué variedad, qué cantidades y cómo debe ser consumido el cannabis”, explica David Jiménez.

La discusión apenas comienza y promete ser extensa e interesante. Después de todo, es la primera vez que Colombia – país que carga el estigma histórico de haber sido uno de los principales productores de marihuana para uso narcótico–, se sienta a hablar sobre la posibilidad de usarla para generar bienestar a sus ciudadanos.

El mismo Minsalud lo reconoce al indicar que “la marihuana tiene efectos adversos sobre la salud (sobrestimados muchas veces). Pero también puede tener efectos positivos. Esta coincidencia implica la necesidad de un debate público ingente, de una información adecuada y de una regulación por parte del Estado”. Y es claro que en nuestro país ese debate, como la planta misma, aún está ‘verde’

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