Bajo el agua hay unas 35.000 hectáreas de frutales como papaya, maracuyá y melón, pasando por maíz, sorgo, millo, caña, café, pimentón, plátano y tomate. Sólo en maíz y sorgo 12.000 hectáreas están anegadas. Panorama.
La ganadería y la avicultura también están en jaque por el ataque del invierno en el Valle.
Según Jaime Jaramillo, presidente del Consejo Directivo de la Cooperativa de Ganaderos del Centro y Norte del Valle, Cogancevalle, las pérdidas en animales y en producción de leche se estiman a la fecha en un 20%.
Las enfermedades que los animales contraen por permanecer en suelos saturados de agua y por escasez de pastos para alimentarlos, ha obligado a los ganaderos a sacrificar al menos 50.000 ejemplares, lo cual representa el 10% del total de vacunos que hay en el departamento.
Muchos hatos han tenido que ser llevados a las zonas montañosas, pues se han perdido 3.500 hectáreas de pastos y praderas. Y por cuenta de los derrumbes hay dificultades para movilizar 12.000 litros diarios de leche en Tuluá y Buga.
Por su parte, Jorge Enrique Bedoya, presidente de la Federación Nacional de Avicultores, Fenavi, asegura que seis granjas en el Valle se han inundado, produciendo el ahogamiento de 7.000 aves en los últimos días. “Hay una enorme preocupación por lo que pueda pasar”, afirma.
Plan Maestro de Diques
El gobernador Francisco José Lourido plantea la urgencia de elaborar un Plan Maestro de Renovación de Diques y Canales para enfrentar las futuras olas invernales.
Esta será una de las nuevas inquietudes que llevará a la próxima reunión del Consejo Directivo de la CVC.
La idea, dice, es que una vez bajen las aguas y se sequen los suelos, se puedan acometer estas obras de manera urgente para proteger las cuencas y las zonas agrícolas. Su costo es la gran incógnita.

Entre Roldanillo y Zarzal las aguas de varias quebradas anegaron cultivos de maracuyá y otros frutales. Las pérdidas son millonarias para decenas de pequeños agricultores.
Geovanny Gutiérrez / El País
Durante las dos últimas semanas Diego Luis González, un pequeño agricultor de la vereda San Pedro del municipio de La Victoria, no ha hecho otra cosa que sacar con motobomba el agua de su parcela de tres plazas sembrada con papaya.
Una creciente del río Cauca arrasó el 50% de su cultivo, cuyas primeras semillas plantó a finales de septiembre del 2010. Ahora su cosecha es incierta.
Por eso cada vez que llueve, Diego Luis se encomienda al Milagroso. “Rezo para que el río no nos inunde más. Temo perder los $45 millones que invertí. Me preocupa el futuro de mi familia”, dice con voz entrecortada.
Como él, otras decenas de grandes y pequeños agricultores a lo largo y ancho del Valle del Cauca viven similares o peores dramas por culpa de la temporada invernal. Sus tierras son hoy grandes lagunas de desesperanza.
Bajo el agua hay unas 35.000 hectáreas de frutales como papaya, maracuyá y melón, pasando por maíz, sorgo, millo, caña, café, pimentón, plátano y tomate. Sólo en maíz y sorgo 12.000 hectáreas están anegadas.
Las dos últimas olas invernales atribuidas al fenómeno de ‘La Niña’, entre finales del 2010 y lo corrido del 2011, son las culpables del desastre agrícola.
El drama de Andrés Campo, un cañicultor de la Vereda Los Piles del corregimiento La Dolores de Palmira, es otro reflejo de esa catástrofe.
Hace menos de una semana, 55 hectáreas de la hacienda ‘El 14’ fueron anegadas por la furia del río Guachal, junto con 800 hectáreas de otros seis predios. “No tuvimos tiempo de nada. El dique se rompió y arrastró todo a su paso”, relata. Nuestras pérdidas, dice, son de más de $800 millones.
El sector cañicultor ha sido precisamente uno de los más golpeados por el invierno. Según Martha Betancourt, directora de Procaña, “muchos cultivadores, afectados en el invierno del 2010 han vuelto a salir damnificados este año por las inundaciones”.
“Las pérdidas en el sector suman $142.000 millones, y si el invierno no cesa de aquí a junio, el panorama podría ser más complicado para los cañicultores”, afirma la dirigente.
El gobernador del Valle, Francisco José Lourido, afirma que lo peor es que 7.000 hectáreas de caña azucarera que habían sido renovadas, el invierno las dañó otra vez. Esta última afectación podría costar $21.000 millones.
El negocio agrícola está ‘haciendo agua’, ya que las pérdidas son millonarias. Los primeros estimativos apuntan a pérdidas por un poco más de $200.000 millones, incluyendo los $142.000 millones correspondientes a las 20.000 hectáreas de cañaduzales arruinados por las inundaciones.
Esa cifra, admite el propio Gobernador, “podría ser mayor una vez se profundice el censo rural que seguimos elaborando”.
“Llevo 30 años en el agro y esta ha sido una situación invernal atípica, pues se han registrado dos periodos lluviosos continuos, sin una sola etapa de verano”, recalca el mandatario.
De allí que diques y jarillones no hayan resistido la fuerza de las aguas de quebradas y ríos como el Cauca, Roldanillo, Guachal, Frayle, Bolo, Amaime y Palmira, cuyos desbordamientos han arrastrado cosechas y muchos sueños.
Ello lo corrobora Alberto Hadad, presidente de la Sociedad de Agricultores y Ganaderos del Valle, SAG, tras revelar que las zonas rurales con mayores pérdidas en el agro regional son: Cartago, con $22.000 millones; Obando, $27.000 millones; Ansermanuevo, $5.000 millones; El Cairo, $5.000 millones y Palmira, $7.000 millones.
“Las pérdidas podrían superar los $50.000 millones en esas y otras localidades. Ha sido un impacto muy severo para los agricultores”, señala.
El café tampoco ha escapado al embate invernal. De acuerdo con Héctor Fabio Cuéllar, director del Comité Departamental de Cafeteros, las inundaciones han afectado 1.300 hectáreas y a un total de 4.143 productores.
A pesar de este panorama de oscuros nubarrones, hay confianza en una recuperación del agro regional para finales del 2011. Pero el clima es impredecible. Sólo cabe esperar.
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