Itamar Zorman tiene apenas 26 años, pero exhibe algunos de los más prestigiosos premios musicales del mundo, como el Concurso Internacional Tchaikovsky 2011 en Rusia, que acaba de ganar.
Itamar Zorman
Nació en Tel-Aviv, 1985.
Licenciado de la Academia de Música de Jerusalén, con maestría en la Juilliard School.
Ganó el Concurso Internacional Tchaikovsky 2011 en Rusia.
El año pasado fue el mejor intérprete de Mozart en el Concurso Internacional de Violín en Friburgo, Alemania.
Ha tocado en el Carnegie Hall, el Lincoln Center, etc., con varias orquestas.

Itamar Zorman se identifica con los conciertos para violín de Brahms y de Schubert, algunos de los cuales ha interpretado con un violín Guarnieri elaborado en 1737. También disfruta de la música de Tchaikovski, por las emociones que transmite.
Foto especial para El País
Tal vez no sea aún tan mediático como su compatriota Itzhak Perlman o como la alemana Anne-Sophie Mutter, también violinistas, pero ya es citado por la prensa como un “virtuoso de las emociones”.
Ese joven es el mismo que el viernes pasado fue solista invitado en el concierto de gala que la Filarmónica de Cali hizo en la Sala Beethoven, bajo la batuta del venezolano Eduardo Marturet.
De la orquesta local aseguró: “Son muy buenos músicos y me sentí conectado con ellos. Tienen buen nivel y son apasionados y entusiastas con la música”.
Con su visita a Cali comenzó el ‘descubrimiento’ de América Latina para él: “Yo había tocado en México, pero ésta es la vez que he estado más al sur. En los días pasados en Cali he podido absorber algo de la atmósfera latinoamericana y lo quise transmitir en mi presentación”, dijo.
Siempre me lo preguntan. Pero también es muy común en Israel; tiene origen bíblico, muy antiguo, me parece que en el Éxodo.
Desde los seis años comencé a tocar, pues vengo de familia musical. Es una pasión que ha ido aumentando gradualmente.
Desde muy pequeños nos citan como puntos de referencia a grandes músicos y nos dicen: “Si él lo logró, tú también puedes”, y nos hablan de David Oistrakh, Jascha Heifetz y Yehudi Menuhim.
Johannes Brahms y Franz Schubert, por la emoción que transmiten en sus composiciones, que yo trato de transmitir cuando las interpreto.
El hecho de estar en esa competición y poder ir a Rusia, un país por el cual siento afecto, porque mi novia es rusa; Israel fue poblado por judíos nacidos en Rusia, muchos de los cuales eran músicos, todo eso hace que ese premio tenga un significado muy especial. Además, el último israelí que lo ganó fue hace 50 años. Ganarlo me permitió retomar todos esos significados.
Mis abuelos maternos eran rusos.
(ríe) Sí, pero lo que me hace amar a Tchaikovski es que su música salía de su corazón para llegar a los corazones de las demás personas.
Sí. En la orquesta de la Escuela Julliard hay como 20 violinistas asiáticos.
Conozco algunos violinistas asiáticos emotivos, que transmiten el mensaje de la música, pero otros no.
Para mí es un factor muy importante, porque cada nota debe transmitir algo al oyente. No sólo la técnica cuenta.
Me parece excelente. La música es la mejor manera de acercar a las personas y las comunidades. Tengo amigos que hacen parte de esa orquesta y me gustaría algún día tocar con ella. Barenboim es un músico maravilloso y ojalá algún día toque con él.
Acabo de hacerlo con Valery Gergiev en Rusia.
Sí, aunque a veces es agotador. Pero puedo conocer gente y muchos lugares. Yo tuve educación normal, con amigos y jugué fútbol y baloncesto, en fin.
Ella es pianista y también estudia en la Julliard, en Nueva York. Hacemos parte del Trío de Piano Lisandro.
Más que comparar tensiones, son similares el clima y la calidez de las personas. Y sobre inseguridad, aquí no la he sentido.
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