Noticias de Cali, Valle y Colombia - Lunes 22 de Diciembre de 2014

Conozca a las mujeres del artista vallecaucano Leonel Góngora, polémicas y admiradas

Él próximo 19 de diciembre el artista cartagüeño Leonel Góngora cumpliría 80 años. Este pintor, dibujante y grabador hizo la mayor parte de su carrera en México y Estados Unidos, donde sus mujeres provocadoras, causaron polémica y admiración y le dieron un lugar en la historia del arte. Pero en Colombia aún no se le ha dado el sitio que merece. Críticos, amigos y familiares evocaron la memoria del artista, fallecido en 1999.

Por: Ricardo Moncada Esquivel / Periodista de GACETA Martes, Diciembre 4, 2012 - 11:53 a.m.
Temas:
  • Comentar
    0
  • Imprime
  • Reporta un error
  •   

view counter
Fotos

La obra de Leonel Góngora estuvo basada en la representación de las mujeres, seres a los que amó. El color y la línea perfecta también caracterizaron al artista vallecaucano.

completa de 8 fotos

Dato clave

"El dibujo es

el más humilde de las artes plásticas. Está empeñado en revelar emoción, un regocijo, un grito". Leonel Góngora.

 
Conozca a las mujeres del artista vallecaucano Leonel Góngora, polémicas y admiradas

El erotismo de Góngora es una reacción al estricto ambiente católico en el que creció en Cartago y que con sus obras buscó exorcizar

Foto: Archivo El País

Extrañamente bellas, provocadoras, perversas y sensuales. Las mujeres que se pasean por los cuadros del artista Leonel Góngora no permiten que el espectador les quite la mirada de encima.

Todo en ellas es un enigma: su delgadez extrema, su mirada estrábica, sus bocas carnales y carnosas, sus senos puntiagudos como misiles que apuntan hacia el cielo o sus dedos y uñas, muchas veces alargadas como garras de ave de presa.

De la mano creadora de Góngora surgieron estas ninfas desnudas o semidesnudas, que a veces están solas posando para él o acompañadas del propio artista, siempre impertinentes, coquetas, pero también atormentadas, al centro de la polémica, acosando la falsa moral en la sociedad.

Plasmadas sobre el lienzo, pintadas al óleo, dibujadas a lápiz o grabadas sobre papel, ya sea en blanco y negro o con esos colores, tan particulares, vívidos y cálidos, las mujeres de Góngora son imposibles como eternas. No así su autor, que prematuramente falleció a los 66 años, cuando ni sus divinos personajes ni nadie lo esperaban. Un cáncer galopante y traicionero lo golpeó hasta vencer su cuerpo.

De seguir en este mundo a lo mejor sus musas, por las que vivió admirado y enloquecido, le acompañarían en estos días ad portas de cumplir 80 años, para recordarle tantas experiencias vividas. Quizás también evocarían la generosidad de Góngora, pero también su rebeldía, sus logros y su carácter de genio incomprendido, de no ser profeta en su tierra.

En eso se muestra de acuerdo el curador Eduardo Serrano, quien organizó varias exposiciones del artista para el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Aseguró que Leonel Góngora es un artista al que no se le ha reconocido el inmenso valor que tuvo como pintor, dibujante y grabador.

Para Serrano esos fueron campos en los cuales dejó una obra imperecedera y en los que hizo señalamientos muy importantes. “Como dibujante, porque su línea podía ser tan delgadita como si fuera hecha por un estilete, pero al mismo tiempo era una línea muy elocuente que trazaba los contornos con una precisión impresionante.

Como pintor, por que fue dueño de un color muy particular que no era rechinante, aunque sí muy vivo, pero siempre muy armónico con los colores que le rodeaban sus pinturas. Y como grabador dejó una gran estela. “Creo que nadie ha hecho litografía con la calidad que él manejó”.

Bajo la óptica del crítico e historiador de arte Miguel González las mujeres que Góngora se van deformando por la histeria las uñas y las manos, como garras, las muecas lascivas, mujeres que quedan calvas, que se hinchan y aseguró que con ese contrapunto formal edificó un ícono muy reconocible. “Uno ve uno de estos cuadros y sabe que es un Góngora”.

Por sus ninfas desnudas, el artista cartagüeño tuvo que enfrentarse a la sociedad. “El desnudo es algo que todavía tengo que andar justificando. Siglos y siglos lleva la pintura mostrando el desnudo y en Colombia todavía continuamos considerándolo como un fuerte ataque a la moral”, le dijo en 1995 a la periodista Gilma Jiménez Castillo en una entrevista para el XV Portafolio Agpa, de Smurfit Cartón de Colombia.

Un pueblo pacato

Leonel Góngora nació en Cartago el 19 de diciembre de 1932. Su padre, Francisco Góngora, se estableció con su familia en una inmensa casona que quedaba a dos cuadras del Parque de Bolívar, la plaza principal del pueblo.

Imagínense lo que debían vivir aquellos niños en esa entrañable casa paterna, en la que por la puerta de enfrente podían observar los acontecimientos cotidianos de un pueblo pacato, mientras que en el último patio de la casa, estaba la libertad absoluta de la naturaleza en pleno, los árboles frutales y hasta podían nadar en las aguas del caudaloso río La Vieja.

Pero no había nada en el ambiente que pudiera predisponer al niño Leonel a inclinarse hacia el arte. El historiador y sociólogo Alberto Mayor, quien realiza una investigación sobre la vida y obra del artista, recalcó que las primeras referencias que tuvo Góngora con el arte fueron las pinturas y esculturas de santos y vírgenes de las iglesias del pueblo.

En los testimonios recavados por el historiador con amigos y familiares lo recuerdan siempre cargando una libreta en la que se pasaba el tiempo dibujando, un hábito que lo acompañó hasta el fin de sus días.

Y su sobrina, la actriz Victoria Góngora, quien fue muy cercana al artista, anotó que en las charlas familiares recordaban a ese niño que en las mañanas cuando llovía, se atrasaba para llegar a la escuela, por quedarse haciendo trazos con una rama sobre la tierra húmeda.

Para Alberto Mayor ha sido un enigma el tema recurrente en Góngora con su representación de esas mujeres que están como en un trance entre el erotismo y el sufrimiento, pero piensa que está relacionado con el despertar de su sexualidad en la pubertad.

Leonel se encontró con un mundo plagado de prohibiciones y restricciones morales. En esos tiempos Cartago, como cualquier pueblo de esa región, era dominado por los curas, quienes desde las parroquias asustaban a los niños en su despertad erótico. “Una de las primeras series del artista se llamó ‘Las vírgenes perversas’ y en ellas hace alusión a las mujeres solteronas que pululaban en esas familias paisas tan numerosas y cuya virginidad se convertía en el centro del escarnio público y en la curiosidad primaria de aquellos febriles adolescentes”, acotó el historiador.

También la violencia partidistas entre liberales y conservadores marcó los primeros años de Leonel Góngora, especialmente cuando el mayordomo y algunos empleados de una finca de la familia fueron asesinados.

Su formación

Con ese bagaje a cuestas, Góngora salió de Cartago junto con sus hermanos para estudiar en la Capital del país. En 1951 ingresó a la Escuela de Bellas Artes, donde se encontró con condiscípulos como David Manzur y Eduardo Ramírez Villamizar, entre otros. Dos años después se marchó a Estados Unidos a la Universidad de Washington en Saint Louis Missouri.

Allí supo del movimiento expresionita y se nutrió del ambiente de una ciudad donde autores como Tennessee Williams, T.S. Elliot y William Burroughs dominaban la escena intelectual. Viajó a Italia en 1959 con su primera esposa, la artista Vita Giorgi, nacida en ese país. Góngora debió sentir una sensación de recogimiento ante las pinturas de Caravaggio, el genio barroco de la luz, cuyo legado retomó en su obra.

Pero tal vez el momento clave de su trayectoria fue su encuentro con el movimiento artístico mexicano, en la década de 1960. Góngora entabló relación con los artistas de la vanguardia de ese país como Francisco ‘Pancho’ Corzas, Paco Icaza, José Luis Cuevas, Alberto Gironella, con quienes fundó ‘Nueva presencia’, movimiento que buscaba romper con la tradición del mexicanismo y el muralismo que se imponía hasta entonces y reivindicaba la pintura de caballete. Fueron años de ebullición política y de reflexión y confrontación creativa.

Va surgiendo así una prolífica e intensa producción, sus series ‘Los brujos’, ‘La guerra y la paz’. Precursor de los performance realiza su famosa ambientación ‘Maja desnuda’, alterna en Nueva York con exponentes del surrealismo como Masson, Duchamp, Belmer y Magrite y ejerce Cátedra en la Universidad de Massachusetts en Amherst.

También inicia su serie ‘El pintor secreto’, como se haría llamar el artista, en la que hacia autorretratos, acompañado de sus mujeres desnudas, muchas de las cuales hicieron parte de su vida afectiva.

Y, por su puesto, fueron surgiendo sus mujeres desnudas, bellas y sugerentes, las ‘Vírgenes perversas’ las de ‘Los siete pecados capitales’. ‘Las Bogotánicas’, que se pasaron por los museos y galerías de América, Europa y Asia.

En Cali

Góngora participó en el IV Festival de Arte de Cali, de 1959, así como en el Salón Panamericano de Artes Gráficas y las bienales que le siguieron a comienzos de la década de 1970. Allí también escandaliza con sus ambientes artísticos como ‘La vida onírica y nunca revelada de María’, que luego de exhibirla en Nueva York en 1971, presentó en el Museo La Tertulia.

Mezcla de instalación y performance, Góngora trastoca la historia de la novela romántica de Jorge Isaacs imprimiéndole, en opinión de Miguel González, una fuerza brutal y dinámica al convertirla en una trama con una María convertida en una desaforada sexual que se masturba, se sodomiza y que tiene relaciones lésbicas con su prima Emma.

En 1972, Égard Negret y González lo invitaron para que hiciera parte de la muestra con que inauguraban la Galería de Ciudad Solar, el mítico espacio de creación artística. Es entonces cuando surge su amistad con el pintor y dibujante Pedro Alcántara Herrán, con quien coincidió en 1970 en la bienal de artes gráficas de Puerto Rico.

Alcántara Herrán admiró esa exploración que Góngora hacía del erotismo como un homenaje a la mujer y que nunca fue evidente sino sugerido “con un gran nivel poético expresado en la línea, por que fue un gran dibujante”.

Con Ómar Rayo, a quien conoció en México, también trabó una entrañable amistad que no estuvo exenta de contradicciones. “Cuando Ómar le contó de su proyecto de hacer el museo en Roldanillo, inicialmente Leonel no lo apoyó. Le dijo a Rayo que era un acto para exaltar su ego. Sin embargo, al tiempo Leonel quiso también hacer un museo en Cartago. Ómar lo perdonó y le ayudó en ese proyecto, aunque nunca se concretó”, recordó Águeda Pizarro, la viuda de Rayo.

Y es que como el genio que era no era fácil tratar con él. Eso aseguró Eduardo Serrano, para quien Góngora tenía sus opiniones muy asentadas. “Para dar su brazo a torcer había que convencerlo con argumentos muy fuertes”.

Su sobrina Victoria Góngora lo recordó como un trabajador incansable que no pasaba un día sin que estuviera pintando o dibujando. “El solía denominarse a sí mismo como ‘El mejor pintor del bajo mundo’ y en sus visitas al país convocaba a los amigos a su casa, se metía a la cocina para preparar su pasta favorita, cabellos de ángel, destapar un buen vino y hablar de arte y cultura, ya fuera con David Sánchez Juliao, con Ramón Jimeno o Ángel Loochkartt, su gran amigo”.

Precisamente en 1986 compartió con Loochkartt el Primer Premio del Salón Nacional de Artistas y en 1997 hizo en la Universidad Externado de Colombia su última exposición en nuestro país. Pese a ello, siempre quedó en el aire que la obra de Góngora no fue suficientemente reconocida en nuestro país. Serrano dijo que en parte obedece a que casi toda su carrera la hizo en el exterior. “Pero la historia no olvida y los coleccionistas que atesoran su obra sabrán darle ese lugar que merece”.

En Bogotá, el Archivo del Distrito inauguró hace unos días una muestra retrospectiva con piezas de la colección particular de la actriz Victoria Góngora.
Pero el escritor y poeta Gonzalo Márquez Cristo, director de la revista Común Presencia y quien entrevistó en varias oportunidades al artista dijo que ese desconocimiento de la obra de Góngora obedece también a que este es un país en el que los grandes medios masivos suelen festejar una sola figura en cada una de las artes y que a Leonel lo metieron en un eclipse. “No entiendo cómo para conmemorar sus 80 años, entidades como el Museo de Arte Moderno de Bogotá o La Tertulia o las Galerías que tienen colecciones de su obra no hayan preparado algún tipo de homenaje”, señaló.

Precisamente Márquez y Amparo Osorio le hicieron al artista la última entrevista que concedió en diciembre de 1998 y que se publicó a comienzos de 1999 en su edición 12 de esa revista. El director de Común Presencia no deja de impresionarse al recordar aquél encuentro, pero sobre todo con la última respuesta del artista que resultó premonitoria.

Tras narrarles la historia del rey asirio Sardanápalo, quien al morir se llevó a su tumba todas las pertenencias queridas incluyendo los caballos y sus amantes, el artista concluyó: “De alguna manera todo el mundo hace lo de Sardanápalo, lo que uno ama debe estar siempre presente en los finales.

Pero sólo debemos llevarnos lo intangible: rostros, besos, matices, poesía... Mi obra es mi casa del ojo y es allí donde me oculto de la muerte”. Unas semanas después de la publicación, Márquez, en compañía de Ángel Loochkartt, se comunicaron con el artista para saber qué le había parecido el artículo.

Entonces el propio artista les dijo que tenía cáncer. “Leonel estaba muy impresionado y lloraba, en ese momento iba para el centro médico donde sería hospitalizado”. Victoria Góngora dijo sentir un hueco en el corazón al recordar esos días. “Él nos llamó y nos dijo que se estaba sintiendo mal, en la siguiente llamada ya no se le sentía la voz. Fue una sorpresa pues sus hermanos lo esperaban para que viniera en quince días. Pero no hubo tiempo. Fue muy doloroso, murió lejos y solo en esa clínica”.

Leonel Góngora murió el sábado 26 de junio de 1999. Su muerte causó revuelo en México y Estados Unidos. Y también en Colombia, donde se alzaron voces lamentando su inesperada partida y sobre todo, el no haberle reconocido su aporte al arte en Colombia.

No obstante el pintor secreto dejó a sus mujeres bellas, provocadoras, perversas y sensuales, protagonistas de una obra que en opinión del crítico Serrano continúa ganando día a día en calidad y en particularidad. “Cada que uno admira una obra suya se da cuenta que es un artista único, sus cuadros ganan en elocuencia cuando uno mira el contexto en que fueron producidas y entiende cuáles fueron los motivos que lo llevaron a producirla. Eso hace que cada vez le podamos reconocer, más talentos, más logros”, concluyó.

  • Comentar
    0
  • Imprime
  • Reporta un error
  •   

Para nosotros es indispensable respetar las opiniones que nuestros lectores expresan.

Por ello te pedimos no hacer comentarios que agredan a otros usuarios.

Para opinar, debes ser un usuario registrado. o regístrate.

Volver arriba

Servicio al cliente

Clic aquí. Teléfono 685 50 00
Diario El País S.A. Copyright (C) © 2014 www.elpais.com.co | Cra. 2 No. 24-46 Tel. (572) 8987000 Cali - Colombia Política y tratamiento de datos | Aviso legal | Superintendencia de Industria y Comercio de Colombia