Noticias de Cali, Valle y Colombia - Lunes 1 de Septiembre de 2014

Las muñecas sexuales pueden convertirse en una peligrosa adicción

Tener a una muñeca como compañera sexual puede pasar de una práctica exótica a una adicción a la que hay que combatir como a cualquier otra.

Por: Meryt Montiel Lugo, editora del Equipo de Domingo | El País Lunes, Marzo 11, 2013
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Dato clave

Para tener en cuenta

Diego Calderón, de la tienda Sex Bull, catálogo a color en mano, explica que hay muñecas para todos los gustos y si el cliente lo desea, la puede ir comprando por partes (cabeza, tronco, piernas...) e incluso, en las posiciones que apetezca. Como sus precios son altos ($400.000, o 3, 4, 7 o más millones de pesos), se piden por encargo a Estados Unidos.

Se consiguen muñecos para heterosexuales, homosexuales y travestis. Tienen cavidades y vibradores para practicar sexo oral, vaginal y anal.

Calderón comenta que la mayoría de clientes que solicitan estas muñecas son adultos tímidos, que no saben cómo ‘llegarle’ a una mujer, que no saben interactuar en la sociedad. “Ellos esperan que todos los demás salgan de la tienda para acercarse a mí y preguntarme en voz baja por las muñecas. Se muestran tensos, nerviosos, sudan, no se saben expresar, les da miedo, se ven retraídos”.

Tengo clientes, agrega Calderón, que las ven como una necesidad y quieren comprarlas, pero no han podido y me piden rebaja o se van con la esperanza de ahorrar para regresar por su juguete. “Es que sienten mucha atracción por la muñeca, tienen como ese fetiche instalado en su ‘chip’”.

 
Las muñecas sexuales pueden convertirse en una peligrosa adicción

La empresa estadounidense Real Doll innova cada vez más. Sus muñecas cuestan alrededor de US$6000 (más de $10.000.000).

Archivo El País

Ayer terminó en Sao Paulo, Brasil, la Primera Muestra Internacional de Muñecas Inflables, evento que fue noticia mundial porque se ofreció al mejor postor, en una subasta, la virginidad de ‘Valentina’, el nuevo juguete sexual de la compañía estadounidense Real Doll.

La puja por esta exótica mujer con nuevas funciones para el disfrute sexual, hecha con material que se asemeja a la piel humana y con dientes, uñas y cabellos verdaderos, arrancaría en US$50.000 (unos $90 millones).

¿Quién la adquirió? Al cierre de esta página aún no lo sabíamos. Lo que sí conocíamos era una historia relacionada con el dueño de otra muñeca inflable: Dave Cat, un teleoperador de 37 años, estadounidense, adicto a ‘Sidore’, su mujer inerte, con la que ha mantenido 10 años de relaciones.

Es la muñeca por la que pagó una costosa réplica, pues tenía una raja en la espalda que no aguantaba más; a la que le da masajes en los pies, le compra ropa, con la que se besa los domingos en algún rincón de un parque de Michigan, y a la que le compró ¡un anillo de compromiso! Para él, ella es el centro de su vida.

La adicción por estas mujeres de goma es un tema del que se viene hablando por lo populares que se han vuelto en culturas como las de Estados Unidos, Japón o países europeos.

En Colombia, coinciden en señalar los sexólogos Chiquinquirá Blandón y Fernando Calero de la Pava, tenerlas como compañeras en la intimidad no es una práctica usual. Se adquieren más, dicen, como elemento de divertimento, de bromas, en fiestas de amigos.

Efectivamente, comenta Édison Ceballos, de la tienda Kondomanía, de Cali, la gente las viene a buscar para despedidas de solteros, para llevarlas a las cárceles o hay mujeres que se las regalan a sus maridos cuando los dejan solos. O las compran parejas que no quieren rutinizar su relación.

Mucho cuidado

Usar las muñecas y muñecos inflables como juguetes es válido, comentan los sexólogos. Mientras sean solo una alternativa dentro de las muchas que existen para la práctica de la masturbación no es algo patológico. El problema está en que se conviertan en el único medio para disfrutar del placer sexual.

Las muñecas, dice Calero de la Pava, no dejan de ser un fetiche, una fantasía excitante que estimula la libido. Pero generalmente quienes acuden a ellas son seres de personalidad limítrofe, con frustraciones sexuales o son excéntricos que quieren probar algo diferente.

La sicóloga Martha Suescún, con maestría en prevención y tratamiento de conductas adictivas, los describe como personas que no tienen habilidades sociales, con incapacidad para relacionarse con el sexo opuesto, para conversar, para persuadir. Se vuelven ansiosos, con Síndrome de Tolerancia, es decir, cada vez más crece la frecuencia de su contacto con su muñeca. “Si antes lo hacían cada ocho días, pasan a cada tres días y luego a estar con la muñeca todos los días”.

Cuando se abstienen de su juguete presentan ansiedad, taquicardia, sudoración, angustia y para nivelarse llegan nuevamente al contacto con el objeto sexual.

Entran después en un sentimiento de culpa y depresión y posteriormente, repiten el ciclo: “se nivelan, entran a la fantasía, luego viene la culpa”.

Sufren de trastorno obsesivo compulsivo: tienen ideas irracionales (necesidad de tener la muñeca); el pensamiento constante en ella es la obsesión y la compulsión, es lograr tenerla como sea. Por eso, agrega Suescún, como cualquier adicto al sexo o al alcohol, ellos requieren de un tratamiento especial en manos de profesionales idóneos.

Con doctorados: de la vida real

Martha Suescún, directora de la Fundación Libérate, de Bogotá, que atiende a pacientes con adicciones no tóxicas, tuvo hace pocos años el caso de dos pacientes adictos al sexo que experimentaban con frecuencia relaciones íntimas con muñecas inflables.

Comenta la sicóloga que eran dos adultos con estudios de posgrados, de estrato socioeconómico medio, tímidos, que tenían dificultad para relacionarse con las mujeres y con historias de vida complicadas. Uno era hijo de un papá obsesivo y alcohólico; el otro, de un pintor estricto y que siempre pintaba desnudos, y de una mamá esquizofrénica.

Uno de ellos era un músico que ganó una beca para ir a estudiar a Francia y el otro era un profesional exitoso.

Buscaron ayuda profesional porque no soportaban la idea de llegar a ser pillados por sus familiares y por el grado de culpabilidad tan grande que sentían.
La sicóloga explica que “a nivel sexual a muchos de estos pacientes se les dificulta relacionarse con la pareja y tienen miedo de ser juzgados y de ser criticados”.

Además, que hace parte del tratamiento para rehabilitarlos, indagar sobre sus historias de vida, trabajar la ansiedad, el control de estímulos, que sepan manejar el estrés. Que reconozcan la obsesión y la compulsión que sienten, sus consecuencias, pues estos encuentros con las muñecas inflables afecta su vida laboral, académica, familiar, de pareja. En conclusión: que reconozcan su enfermedad y la puedan manejar.

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