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Julio Mario Santo Domingo, empresario colombiano de alto vuelo

Retrato íntimo de Julio Mario Santo Domingo, quien le dejó al país un ejemplo incontrovertible de sabiduría empresarial y aplomo personal. Hablan sus amigos.

Por: Redacción de El País Domingo, Octubre 9, 2011
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Julio Mario Santo Domingo, nacido en Ciudad de Panamá, Panamá, el 1 de octubre de 1924, murió en Nueva York, Estados Unidos, este 7 de octubre de 2011. Santodomingo fue protagonista de uno de los mayores crecimientos empresariales del siglo veinte en Colombia.

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Dato clave

En pocas palabras

No se le conocieron gustos extravagantes, pues su ley fue la sobriedad.

“Él provino de muy buena cuna, no necesitaba apelar a nada que probara su origen, por eso sabía conservar la sobriedad. Tenía mucha clase”, dice Alejandro Obregón.

Perteneció al legendario grupo de Barranquilla La Cueva, junto a García Márquez, Alejandro Obregón y Álvaro Cepeda Samudio.
Santo Domingo fue el primer embajador en la República Popular China que tuvo Colombia, durante el gobierno del presidente Julio César Turbay. Fue el único cargo oficial que ejerció.

Julio Mario Santo Domingo, empresario colombiano de alto vuelo

Julio Mario Santo Domingo, empresario colombiano.

Foto: archivo | El País

1. “Don Julio Mario”

El viernes en la noche, una noticia inesperada sacudió las salas de redacción del país: Julio Mario Santo Domingo, uno de los más influyentes colombianos del Siglo XX y uno de los más exitosos empresarios del país, falleció en Nueva York. Tenía 87 años.

A diferencia de grandes hombres que se han abierto paso desde abajo, Santo Domingo nació rico y murió aún más rico . Fue reconocido año tras año como uno de los hombres más acaudalados de Colombia y del planeta según la revista Forbes, y en América Latina su fortuna fue estimada como la número 11 más grande, según dicha publicación.

Su familia era oriunda de Mompox y radicada en Barranquilla, pero en realidad él nació en Ciudad de Panamá el 1 de octubre de 1924, justo cuando sus padres se encontraban de vacaciones en el istmo.

No obstante, su vida estuvo siempre en las antípodas del ocio vacacional. Ni el tenis, su gran afición, era un simple juego para él. “Llegó a ser muy buen tenista y no perdía la oportunidad de asistir a los grandes torneos internacionales”, recuerda Luis Fernando Lenis (hijo de su gran amigo Edgar Lenis), quien trabajó para el Grupo Santo Domingo por más de 14 años.

Hasta en su vestir impecable iba anunciando calladamente que en su mundo ningún detalle, por más pequeño que fuera, era dejado al azar.

“Era un caballero en todo el sentido de la palabra pero, al mismo tiempo, muy selectivo. Había que ser de sus afectos. Con sus hijos era igualmente estricto y disciplinado; con él, ninguno de sus descendientes lo tuvo todo ganado de antemano”, añade Lenis.

“Exigente”. “Hombre de resultados”. En estos rasgos coinciden quienes trabajaron a su lado, pero Lenis señala que quizá el factor más formidable de Santo Domingo en su faceta como empresario fue su asombrosa habilidad para obtener el máximo de sus empleados. Y luego un poco más, de ser posible.

Así lo ratifica Ricardo Obregón, quien trabajó 25 años en el Grupo y fue presidente de Bavaria hasta la llegada de Sab Miller. “Era intocable. El respeto que le profesábamos todos era reverencial. Si en las juntas directivas hacíamos bromas, nunca eran sobre él. Ese mismo respeto lo precedía en todos los lugares del mundo a los que llegaba, jamás he conocido a un hombre más caballeroso que él. Nunca lo oí alzar la voz, pero si alguien no daba resultados, no tenía el más mínimo reparo en ser absolutamente implacable”, dice.

Paralelamente con este rigor y esta verticalidad, tuvo mucho éxito con las mujeres, fue un ex esposo generoso y se caracterizó por su gran sentido del humor. “Él se reía hasta de su sombra y le encantaba que le contaran chistes... y chismes”, dice Obregón.

Pero había que cuidar cada paso: “Un día, en su apartamento de Nueva York, me invitó a un cigarro. Cuando terminamos, yo tomé mi colilla y la arrojé por el balcón. Todavía recuerdo el regaño que me dio... (risas)”, cuenta Obregón, quien no sabía cómo llamarlo cuando lo nombraron presidente de Bavaria. “Le pregunté a su esposa Beatrice Dávila, cómo debía referirme a él, y ella sentenció: “Dile Don Julio Mario”. Hasta el último día lo llamé así, aunque muchos de mis subalternos lo llamaban ‘Julio Mario’ a secas”, recuerda con nostalgia.

A finales de los años 70, cuando la situación de seguridad empeoró en Colombia, ‘Don Julio Mario’ se fue a vivir a Nueva York. Puede decirse que allí, entre los rascacielos y las grandes corporaciones de Manhattan, era un ciudadano más.

“Recuerdo que en Nueva York le gustaba frecuentar un sitio de hamburguesas muy sencillo pero muy bueno que se llama P.J. Clarke’s. En París, le encantaba un lugarcito de costillas de cordero llamado Chez André. Era sencillo, siempre y cuando obtuviera lo mejor”, añade Obregón.

Por su parte Augusto López, quien fue su mano derecha y trabajó 30 años bajo su tutela, dice que Santo Domingo tenía una gran sensibilidad social, y que estaba siempre preocupado por la situación de los trabajadores de todas sus empresas.

Añade que, como hombre de negocios, sabía delegar como nadie y le gustaba mantenerse muy enterado de todo lo que pasaba en el país, estuviera donde estuviera, en cualquier parte del mundo.

“En el día, yo recibía 4 ó 5 llamadas suyas. Algunas eran de negocios y otras para informarse de la situación política, económica y social del país.
Mantenía relación con todos los ministros y presidentes. Viajaba mucho y me tocaba recibir llamadas de él a las 2:00 a.m., a las 3:00 a.m., a las 4:00 a.m., que para él eran horas muy distintas”, recuerda López.

Pero dicen que su arma secreta para olfatear negocios y sellar tratos multimillonarios era su legendaria agenda de contactos, que incluía reyes, presidentes, asesores, artistas, intelectuales y todo aquel que pudiera llamarse “poderoso”, una lista clasificada que le abría puertas en todas partes. Seguramente -dirán algunos- hasta en el cielo.

2. Sus negocios

La creación y el manejo de todo un emporio de grandes empresas caracterizó la vida de Julio Mario Santo Domingo como uno de los hombres de negocios más exitosos y visionarios de la historia de Colombia.

Heredó la vena empresarial de su padre, el industrial Mario Santo Domingo, quien fue pionero de la aviación comercial colombiana a través de Scadta, que luego dio origen a Avianca.

La historia económica de su familia empezó cuando don Mario y sus tíos, Luis Felipe y Ramón, se trasladaron de Mompox a la ciudad de Barranquilla, en el año 1915.

Entre todos forjaron sociedades de transporte de mercancías, inmobiliarias y bienes raíces, hasta llegar al dominio de la cervecería de Barranquilla (que controlaba la distribución de la cerveza Águila), al igual que Petroquímicas de Colombia, Sanpac, Siderúrgica del Atlántico y Acerías Paz del Río, entre muchas otras.

El joven Julio Mario pasó (hacia los años 60) a ser el protagonista de la segunda etapa de los negocios de su familia. No sólo consolidó el emporio empresarial de los Santo Domingo, sino que lo acrecentó. Por su audacia y su estilo directo y agresivo, fue criticado, pero a la vez admirado por muchos.

Fue la cabeza de poderosas compañías como la cervecera Bavaria, cuyos negocios y fama internacional se extendieron por América Latina y Portugal.

Hacia el año 2005, en una magistral negociación por cerca de US$8.500 millones, logró la fusión de Bavaria S.A. con la multinacional sudafricana SAB-Miller y se quedó con el 15,1% de sus títulos, que lo convirtieron en el segundo mayor accionista de la segunda cervecera más grande del planeta.

De su holding empresarial Valórem formaron parte un importante número de compañías como Avianca y Caracol Radio, que transfirió en el año 2004 al Grupo Prisa de España. También fue suya Celumóvil, una de las primeras empresas de telefonía celular en Colombia, que posteriormente vendió a la desaparecida firma estadounidense Bellsouth. Esta última es hoy propiedad de la española Telefónica-Movistar.

Y aunque por muchos años se resistió a salir de una de las principales joyas de su familia —la aerolínea Avianca—, terminó cerrando un millonario trato con el empresario brasileño Germán Efromovich, dueño del grupo Synergy.

Avianca había salido airosa del Capítulo 11 o Ley de Quiebras en Estados Unidos, y luego de adquirirla a los Santo Domingo, Efromovich le inyectó capital para acelerar su recuperación financiera.

Una visión en grande

En asociación con el grupo Sanford, Santo Domingo cuenta con una firma dedicada a la producción de materias primas, Biofilm S.A. Otras empresas que todavía están a nombre de Valórem, o de su organización son el diario El Espectador, la revista Cromos y el canal Caracol Televisión.

Era tal su poder y visión para negocios, que también engrosaron su lista, empresas como Cine Colombia, Refocosta S.A., Helicol, Almagran S.A. y Almacenar S.A., Aluminios Reynolds y TV Cable. Esta última está hoy en manos del magnate mexicano Carlos Slim, propietario de Telmex, el hombre más rico del mundo.

El conglomerado que levantó durante varias décadas también incluyó a la compañía petroquímica productora y comercializadora de resina de polipropileno, Propilco S.A., la cual fue adquirida posteriormente por Ecopetrol. Y hasta en la ensambladora Sofasa-Renault, Santo Domingo tuvo presencia como accionista.

Se estima que durante su vida manejó unas 100 compañías. Aunque residió en Nueva York durante más de dos décadas, conocía sus negocios al dedillo y administraba todo a través del teléfono.

Portugal, España, Ecuador y Panamá fueron algunas de sus plazas preferidas, al igual que Perú y Chile, a las cuales viajó con alguna regularidad. En París tuvo otra de sus residencias.

En los últimos años, Santo Domingo —y en especial luego de la venta de Bavaria a SAB-Miller— delegó parte de su poder como administrador a su hijo Alejandro Santo Domingo Dávila, quien lo representa hoy en la mayoría de las juntas de negocios de sus empresas. Y quien de ahora en adelante será su sucesor en el complejo mundo de los negocios, en los cuales se movió con audacia y talante durante más de 50 años.

Andrés Santo Domingo Dávila, su tercer hijo, se inclinó por las artes y la música. Su hijo mayor Julio Mario Santo Domingo Braga, falleció en el 2009.
Según el presidente de la República, Juan Manuel Santos, el industrial Julio Mario Santo Domingo, “no sólo fue un pionero de grandes compañías, sino que forjó progreso en las regiones donde sus empresas tuvieron presencia”.

“Su influencia social y económica es y será reconocida por muchos colombianos”, dice Santos.

Por sus grandes actividades empresariales, Santo Domingo se codeó con otros magnates como Carlos Slim, al igual que con los miembros de la poderosa familia Agnelli, fundadores y dueños de la multinacional Fiat.

No era amigo de entrevistas, pues fueron pocas las que concedió durante su larga trayectoria empresarial. Sin embargo, “fue uno de los hombres más influyentes del mundo”, destacó alguna vez la prestigiosa revista Vanity Fair.

3. El poder de servir

Durante muchos años, Julio Mario Santo Domingo perteneció al exclusivo club de los multimillonarios que elabora anualmente la revista Forbes.

Su fortuna personal se calculó últimamente en US$8.500 millones —alrededor de $15 billones— que lo convirtieron en el segundo hombre más rico de Colombia, después del también magnate y banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo. A escala mundial, Forbes lo ubicó en el puesto 108 del listado de multimillonarios, que encabeza actualmente el mexicano Carlos Slim Helú.

Era tal su influencia empresarial y política, que fue el primer colombiano en pertenecer al llamado ‘Jet-set’ internacional. Fue amigo de los príncipes de Mónaco y de grandes personalidades del mundo de los negocios, la política y la farándula. De hecho, una de sus nietas, Tatiana Santo Domingo, es la actual novia del príncipe Andrea Casiraghi de Mónaco.

“Su fluidez para hablar idiomas como portugués, francés, inglés e italiano, le permitió moverse con gran comodidad en las altas esferas sociales y empresariales”, señala Ricardo Obregón. Tuvo como amigos al ex secretario de Estado, Henry Kissinger, lo mismo que a los presidentes Bush —padre e hijo—, Jimmy Carter y Bill Clinton.

La mundialmente y reconocida diseñadora venezolana, Carolina Herrera, fue otra de sus amigas personales a lo largo de su vida. Sin embargo, sus cercanos colaboradores aseguran que su amigo más íntimo fue el ex presidente Alfonso López Michelsen.

Tuvo amistad cercana con varios de los jefes de Estado colombianos y algunos reconocidos congresistas. Pocos identificaron plenamente sus preferencias políticas, aunque sus conocidos afirman que era un liberal convencido.

Julio Mario Santo Domingo fue un dedicado filántropo que financió innumerables obras benéficas y contribuyó a la expansión cultural en varios rincones del país a través de la Fundación que lleva su nombre.

Uno de sus grandes proyectos, en asocio con autoridades distritales de Bogotá, fue el Centro Cultural Biblioteca Julio Mario Santo Domingo, obra para la cual donó $50.000 millones. Y a la Universidad de los Andes le donó un programa de becas para alumnos sobresalientes de escasos recursos, por lo que el edificio de la Facultad de Administración lleva su nombre.

Se trata de un complejo, de 23.000 metros cuadrados conformado por una megablioteca, un teatro para conciertos, espectáculos y montajes teatrales, un teatro estudio, salas de internet, ludoteca, sonoteca y bebeteca para estimulación temprana de los niños.

La Fundación Mario Santo Domingo, que celebró su quincuagésimo aniversario, ha beneficiado hasta el momento a más de 133.000 familias colombianas.

El empresario también contribuyó a la creación de la Universidad del Norte en Barranquilla y apoyó a Profamilia, la Fundación Pro Sierra Nevada de Santa Marta y la Fundación Servicio Juvenil del padre Javier de Nicoló, entre otras.

A través de un programa de generación de ingresos y empleos, su Fundación ha desembolsado $256.000 millones en créditos a microempresarios. Este será uno de sus grandes legados.

Sus amores

Julio Mario Santo Domingo se casó dos veces. La primera, con la brasilera Edyalia Braga, madre de Julio Mario Santo Domingo Jr., fallecido en el 2009.
Con su segunda esposa, Beatrice Dávila, tuvo dos hijos: Andrés, el artista, y Alejandro, su sucesor en los negocios.

Su influencia

El industrial se codeó casi de forma permanente con las principales figuras empresariales y de la política colombiana.

Junto a los también magnates Luis Carlos Sarmiento Angulo y Carlos Ardila Lulle, Julio Mario Santo Domingo, formó parte de una de las principales generaciones de poderosos hombres de negocios del país.

Aunque aparecía públicamente muy poco, ya que todo el tiempo residía en el exterior, su influencia fue clave en los negocios de su gigantesco conglomerado empresarial.

Según Juan Pablo Córdoba, presidente de la Bolsa de Valores de Colombia, “dejó un gran legado y fue durante varias décadas un ejemplo para todos los hombres de negocios”.

”Fue un gran patriota, pues sus empresas generaron empleo y progreso”, señaló el ex presidente Álvaro Uribe.

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