Noticias de Cali, Valle y Colombia - Viernes 24 de Octubre de 2014

“La edad de jubilación no se va a tocar”, Rafael Pardo

El ministro de Trabajo dice que $24 billones al año, para 1.700.000 pensionados de todos los sistemas es una cifra desproporcionada. Asegura que el actual proceso de paz va por buen camino.

Por: Margarita Vidal Garcés Lunes, Octubre 1, 2012
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Dato clave

En pocas palabras

“Hace diez años se agotó la reserva pensional del Seguro Social y a pesar de eso todos los pensionados reciben su mesada”.

"Hay empresas en las que no hay discusión sobre su alta productividad y eficiencia y que hacen Teletrabajo, como Microsoft, la de mayor productividad en el mundo”.

"Aquí el Teletrabajo lo hacen Bancolombia y Alpina, que saben que es mejor tener empleados en buenas condiciones porque eso los hace más productivos”.

"De hecho, no estamos frente a una ‘bomba pensional’, sino frente a un sistema que gasta mal los recursos para la protección de la vejez”.

“La edad de jubilación no se va a tocar”, Rafael Pardo

Rafael Pardo, ministro del Trabajo.

Foto: Archivo Elpais.com.co

La guerra feroz entre el gobierno colombiano y el capo de capos, Pablo Escobar Gaviria, terminó el 2 de diciembre de 1993, a las 2:45 de la tarde, cuando Escobar cayó acribillado por las fuerzas del Estado.

Días después, Rafael Pardo, primer ministro de Defensa Civil, en décadas, ingresaba a una clínica de Bogotá, porque su arteria aorta había estallado. Y es que, aunque Pardo tiene fama de frío e imperturbable, la “procesión” iba por dentro: Escobar, el Enemigo Público Número Uno, había arrodillado al Estado y obligado a la Asamblea Nacional Constituyente a legislar en contra de la extradición, asesinado candidatos presidenciales, ministros, periodistas, jueces y policías, derribado aviones y volado edificios, en una enloquecida cadena de muerte que iba sembrando, a lo largo y ancho del país, el terror.

Se había presentado el escándalo de La Catedral y Mauricio Puerta, el famoso astrólogo colombiano, había predicho -sin precisar cuál sería cual- que de esa lucha titánica entre el Ministro de Defensa y el criminal, uno moriría y el otro enfermaría gravemente. Rafael Pardo Rueda ya había probado tener una capacidad de aguante fuera de lo común, amén de una experiencia invaluable en conflictos. Eso le había permitido llevar a feliz término las negociaciones de paz con grupos guerrilleros bajo la Administración Barco y estructurar el Programa de Desarrollo Rural más importante del país en toda su historia. Desde entonces ha estado en el ojo del huracán, defendiendo o aportando ideas y algunas veces, afrontando injusticias como cuando se le quiso vincular a un supuesto pacto con las Farc para impedir la reelección del presidente Álvaro Uribe.

Ni aún así se salió Pardo de la camisa. Él había votado la reelección uribista en el Congreso de la República, pero como desaprobó la forma en que se hizo la desmovilización paramilitar en el plano jurídico, se desligó, ganándose para siempre la ira jupiterina del mandatario.

Egresado de Los Andes, y de Harvard, ha sido senador, director del Liberalismo, candidato a la Presidencia e ingresó como Ministro de Trabajo al gabinete santista. Es también autor de obras como La Historia de las Guerras y El Fin del Paramilitarismo, y cuando le plantearon la famosa pregunta del maestro Darío Echandía: “¿El Poder para qué?”, respondió contundente: “Para acabar con la guerra”.

La última vez que nos vimos estaba usted de candidato presidencial, ¿cómo se siente de Ministro, con su competidor como Presidente?

Pues digamos que no fue fácil, pero el Partido Liberal hizo un acuerdo con el presidente Santos de entrar al gobierno sobre la base de impulsar tres propuestas fundamentales en la campaña: 1- La Ley de Víctimas en los términos que el Partido planteaba. 2- La Ley del Primer Empleo, aprobada por el Congreso y que se está ejecutando. 3- El Programa de Protección a la Vejez, que fue recientemente aprobado por el Conpes y estructurado por este Ministerio. El Liberalismo planteaba, además, una administración respetuosa con las cortes y con el Congreso, que diera institucionalidad a la representación de los partidos, que ampliara el espectro de las relaciones internacionales y que restableciera las relaciones rotas con los países vecinos. Eso se ha cumplido y, a decir verdad, estamos muy contentos con este gobierno.

Eso en cuanto a la relación oficial Liberalismo-Gobierno. Pero, ¿cómo son sus sentimientos personales, después de que Santos lo acusara de “conspirar” con las Farc?

Uno en política sabe que puede haber diferencias, pero también que se puede llegar a acuerdos. Lo fundamental en este caso es que mi cooperación no era a título personal sino en representación de un partido que ingresaba a la coalición de Gobierno con unas propuestas que le fueron aceptadas. Eso tiene un sentido político; ahora, en lo personal uno entiende que en la vida pública hay encuentros y desencuentros, y ahora estamos en un buen encuentro.

La Ley del Primer Empleo fue su bandera pero, o bien está un poco huérfana, o la gente no la conoce bien...

Sí, es una ley que deben conocer los empresarios porque ellos son los que contratan a los jóvenes y sobre esa base tienen unos descuentos tributarios. Se ha hecho una divulgación importante entre las empresas, pero probablemente falta más información. El hecho es que por cada joven que contraten, el mecanismo es que los empresarios pueden descontar, de los impuestos, lo que pagan por parafiscales. Vamos a seguir haciendo pedagogía porque esa ley no se agota en uno o dos años.

A dos años de gobierno, ¿qué cifras puede mostrar?

Desde que se expidió la ley, el 29 de diciembre de 2010, 452.000 jóvenes desempleados han encontrado su primer empleo formal. La mitad de estos jóvenes ha sido contratada por empresas de más de 200 trabajadores, la mayoría en las grandes ciudades. Esa cifra es consistente con las cifras generales de desempleo, que ha disminuido. Acabamos de conformar un Comité Consultivo de Empleo Juvenil con los partidos, los sindicatos y las organizaciones empresariales, para mirar con ellos qué otras políticas de empleo juvenil podemos abocar.

¿Estamos hablando de profesionales?

De todo. Queremos impulsar, a través de una ley, un proyecto para que jóvenes que no entran a la universidad, ni al Sena, puedan utilizar un mecanismo –particularmente exitoso en Alemania- que es el de capacitación en el trabajo: trabajan y aprenden simultáneamente cosas relacionadas con oficios específicos. Cada año 600.000 se gradúan de secundaria y solamente un poco más de la mitad va al Sena o a las universidades. Con este sistema habría 100.000 más capacitándose.

¿Por qué el drama de las pensiones, protección a la vejez y aledaños?

La gente en general prefiere el presente al futuro, de modo que si tiene $200.000, decide gastárselos hoy y no ahorrarlos. Eso pasa con el Sistema de Protección a la Vejez. Con todo el desorden del mercado laboral, informalidad y predominio del trabajo independiente, mucha gente prefiere irse por lo bajito en las cotizaciones para pensión. Gente que gana 3 ó 4 millones de pesos mensuales cotiza pensión sobre el salario mínimo.

Nuestro sistema pensional es muy imperfecto: acoge menos del 30% de los trabajadores, mientras el 70% está por fuera. Hoy reciben pensión solamente 1.700.000 colombianos, de 6.500.000 que tienen ya la edad. Hay 2.500.000 colombianos con más de 65 años, que nunca estuvieron en el sistema pensional, que están en niveles de pobreza, y solo la tercera parte tiene algún tipo de protección del Estado.

¿Y cuál es la propuesta del gobierno?

El gobierno quiere mirar no solamente el tema pensional, o sea de los que han tenido un empleo formal y han hecho aportes al régimen de pensiones, sino de los que ganan menos del salario mínimo. Pero también de los que tienen más de 65 años y no tienen protección. Queremos una cobertura universal para todos los que estén en niveles de pobreza –Sisbén I y II- con un apoyo económico del gobierno. Esto se cumplirá en el 2016 e irá cubriendo 250.000 ancianos cada año.

¿Eso es viable?

Sí, están establecidas las cifras y existen los recursos. Hoy se cubre a personas de más de 72 años, pero iremos bajando, de dos en dos años anualmente, hasta cubrir desde los 65 años en adelante, a todos los del Sisbén I y II.

¿Qué es el programa de Beneficios Económicos Periódicos?

Es un programa para quienes están fuera del sistema pensional, pero que trabajan y pueden ahorrar algo. Tendrán un ahorro para la vejez, subsidiado por el gobierno, cuando termine su vida laboral. Será un ingreso mensual de por vida -proporcional a su ahorro, más el subsidio- para personas que hasta hoy no tenían ningún tipo de protección. Estimamos que eso puede llegar a siete millones de personas en cuatro años. Además habrá una reforma al sistema pensional para que haya más colombianos pensionados.

¿Se subirán las edades de jubilación?

Eso se usa en Europa donde el 75% de la gente pertenece a un sistema pensional, mientras aquí es sólo el 26%. Subir la edad es hacer más difícil llegar a la pensión para quienes ya tienen dificultad. Por eso, la edad no se va a tocar.

¿Por qué llegó Colombia a una situación tan comprometida en pensiones?

Lo que hay que decir es que los gobiernos de Colombia son serios y responden por las pensiones. En otros países lo que pasó fue que se acabó la plata de las reservas pensionales y redujeron las pensiones. Eso no ocurrirá en Colombia. Ahora, 24 billones de pesos al año, para 1.700.000 pensionados de todos los sistemas es, claramente, una cifra desproporcionada. Una de las razones es que el Estado no puso su parte cuando era una cuota del empresario, otra del gobierno y otra del trabajador, y hoy la está pagando. Hace diez años se agotó la reserva pensional del Seguro Social y a pesar de eso todos los pensionados reciben su mesada. Pero es obvio que el sistema tiene problemas muy serios en el tema de equidad: el 10% con ingresos más altos recibe el 80% de los subsidios del sistema pensional, lo cual quiere decir que no solamente cuesta mucho, sino que toda esa plata va a quienes han tenido ingresos altos en su vida y tienen pensiones altas, pero sus pensiones no son proporcionales a lo que cotizaron.

¿Por qué se da esa circunstancia?

Porque existían regímenes especiales, que todavía existen, por el Régimen de Transición, en el cual la pensión es un porcentaje del promedio del último año, mientras que para el resto de la gente es un porcentaje del promedio de los últimos diez años. Por eso se presenta el tema de los “carruseles”, en que le ponen a una persona un salario alto antes de pensionarse y eso arrastra una pensión alta. Son temas que hay que revisar, por supuesto, pero no para los ya pensionados que tienen derechos adquiridos.

¿Por qué se presentan abusos incalificables como los del sector de la Justicia –Consejo de Estado- para jubilarse con altísimas pensiones?

Se presentan casos de abuso del Derecho que por supuesto se están investigando. Se han revisado pensiones y se han rebajado. Esto debe terminar el año entrante junto con el Régimen de Transición de la Ley 100, cuando no habrá ya regímenes especiales -salvo en la Presidencia de la República y en las Fuerzas Armadas- y el sistema podrá tener un orden distinto.

Ha bajado el desempleo, pero hay críticos que lo adjudican solo al sector informal. ¿Cuánta es la informalidad en el país?

Es del 60% del mercado de trabajo. En la medición de formalidad e informalidad nuestro interés es ver si la persona tiene protección en la vejez, en la salud y en los riesgos. Tres elementos fundamentales para esa definición. Pero el hecho es que la población que no está en empleos formales, está en buena parte en trabajos ocasionales que acaban siendo informales y no cuentan con las protecciones anotadas. El gobierno establece entonces un instrumento para protección de la vejez con los Beneficios Económicos Periódicos y con Riesgos Laborales, o sea la protección ante eventualidades durante el trabajo.

¿Como quiénes?

Los tenderos, los productores agropecuarios, los transportadores, para ponerle solamente tres ejemplos. Son millones de trabajadores por cuenta propia, que no tienen protección. Estos instrumentos nos van a permitir darles protección en la vejez, en riesgos y en salud, pues estarían en los regímenes Subsidiado y Contributivo, que cubrirían casi toda la población colombiana. En lo que lleva, este gobierno ha creado ya dos millones de empleos. Pero, aunque ha disminuido, la tasa de desempleo sigue siendo alta, lo mismo que la informalidad, y nuestro reto es seguir mejorando esos índices.

Otro tema vital es el de las mujeres: equidad salarial, no discriminación, etc...

Es complicado porque hay una serie de restricciones mentales al respecto. Cierto tipo de empleos que son bien pagados no se les ofrece a las mujeres. Conducción, por ejemplo. ¿Por qué, si pueden perfectamente hacerlo y de hecho no hay ninguna restricción? La explicación es cultural. Pero hay unas normas que nos permiten ir a las empresas y revisar si se está presentando algún tipo de discriminación, así sea involuntaria. Otro tema es, efectivamente, el de equidad salarial -no en el sector público que tiene normas muy precisas- pero sí en el privado, donde muchas veces hay remuneración distinta por género, para trabajo igual.

¿Y cómo vigila eso su Ministerio?

Estamos fortaleciendo un sistema de inspección mediante el cual, si hay quejas, se hace una revisión, se conmina a corregir la situación o se imponen multas.

Cambiando de tema, usted es uno de los colombianos que más conoce la problemática de la guerra y de la paz en el país. ¿Estamos preparados para el actual proceso, o nos embarcamos, otra vez, en una mera ilusión?

Yo creo que el proceso está bien planteado y eso es fundamental porque quiere decir que tiene las bases para afrontar las inmensas dificultades que va a haber, no solo con los enemigos, sino con los amigos. Las personas que están en el grupo de negociación conforman un gran abanico de capacidades y de conocimiento para adelantar una negociación seria y bien hecha. Pero creo también que más importante que la negociación propiamente dicha, es la sociedad, a la que veo recibiendo muy bien esta posibilidad de paz. Que sea una ilusión o no, no podemos saberlo todavía.

Pero, negociar en medio de las hostilidades puede generar circunstancias extremas, en que la Opinión pida cesar el proceso, como ha ocurrido antes...

La Opinión es muy voluble y por supuesto la violencia es un detonante de esa volubilidad, pero yo creo que también analiza lo que ha planteado el gobierno y sabe que un acuerdo para arrancar un proceso, a partir de un cese al fuego, es muy difícil mientras no haya elementos que generen una mayor confianza. Eso tiene riesgos grandes que por lo demás siempre habrá.

Cuando usted condujo los procesos de paz con el M-19, el EPL, el PRT y el Quintín Lame, ¿qué condiciones específicas había en el país que le permitieron llegar a un final feliz?

Había contextos políticos, jurídicos y militares muy distintos, pero yo creo que la base es que haya una buena estructura que defina cuáles son los límites del proceso.

Usted fue el primer Ministro de Defensa civil después de 40 años. ¿Cree que los militares preferirían seguir haciendo la guerra?

No lo creo. Lo que quieren es tener garantías en la negociación y pienso que el hecho de que haya dos generales en retiro, de mucha influencia y prestigio en el país y en la propia institución, les da garantías a los policías y militares activos de que sus temas, sus preocupaciones y sus valores van a estar preservados en el proceso.

¿El deseo de los militares no es derrotar a la guerrilla?

Por supuesto, y es natural y entendible. Yo creo que una derrota de ese tipo podría ser posible, pero la vía actual ha demostrado ser necesaria porque en cualquier momento, de cualquier guerra, hay que sentarse a negociar.

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