Noticias de Cali, Valle y Colombia - Jueves 24 de Julio de 2014

La historia de la joven caleña sin piernas que triunfa en la moda colombiana

María Alejandra Bocanument nació en Cali y es la imagen de la campaña ’Peace and Flowers’, contra las minas antipersona. ¿Cómo se convierte una debilidad en una gran fortaleza?

Por: Santiago Cruz Hoyos | El País. Domingo, Marzo 30, 2014
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Dato clave

Otros modelos

  • El mundo de la moda viene, de a poco, abriéndole a espacios a modelos discapacitados como una manera de promover la inclusión social en el mundo.
  • Una de las modelos más famosas del planeta es la estadounidense Aimee Mullins.
  • Como María Alejandra, tiene ambas piernas amputadas aunque abajo de la rodilla.
  • Además de modelo, Mullins ha sido actriz, atleta, campeona paralímpica, empleada del Pentágono.
  • Debbie Van Der Putten, nacida en Holanda, es también otra de las modelos con discapacidad famosas. Perdió el brazo derecho en un accidente.
  • Shannon Murray, por su parte, es parapléjica desde que tenía 14 años. Sin embargo su sueño, siempre, fue ser modelo. En 1994 ganó el concurso de modelos con discapacidad organizado por Louise Dyson, una empresaria que fundó Visable.
  • Es la primera agencia de modelos con discapacidad en el mundo.

 

La mujer está en el camarote del fondo. Quizá es la primera vez que una mujer se sube ahí. En el cuarto, tan grande que hasta se podría jugar un partido de microfútbol, varios soldados la observan de pie. No quieren perderse ningún detalle a pesar del calor.

Tony, un Golden retriever que anda por ahí, mete su hocico en una vasija con agua. El fotógrafo, el director de arte, los maquilladores y los asistentes, por su parte, intentan conjurar el sofoco tomando jugo de zanahoria y utilizando cuadernos como abanicos. La mujer, sin embargo, luce relajada y curiosamente no se le ve sudorosa a pesar de que lleva puesto un casco de colección de las Fuerzas Militares y flores artificiales de colores sobre su largo cabello negro intenso. A su derecha, se ven dos piernas sobre una almohada.

La mujer posa para la cámara, mira fijamente, sonríe, click. Suena el flash, su luz blanca ilumina el recinto, el alojamiento de los militares que se preparan en el Centro de Entrenamiento y Aprendizaje de Caninos de la III Brigada de Cali.

- Estás divina. Eres es toda una Barbie- le dice el diseñador de moda Guío Domínguez a la mujer que ahora, boca abajo, posa como si fuera un soldado que se arrastra en un campo de batalla.

Sin duda está incómoda, pero logra transmitir lo contrario. Como si estuviera en una cama de un hotel cinco estrellas y con el aire acondicionado a tope. La mujer siempre ha sido así. Es su carácter. Se hace extremadamente fuerte ante lo que puede resultar ser una dificultad. Lo que la mayoría quisiera ocultar, ella en cambio se planta valiente frente a la cámara y lo muestra. Como un desafío al destino.

- Me encanta lo que estás haciendo, repite Guío con una gran sonrisa.

Ahora, el soldado López le entrega una rosa a la mujer y ella, con unos labios pintados de un morado espeso, párpados del mismo color, lo mira con ojos tiernos. Una novia enamorada. Click.

Las fotos hacen parte de la campaña ‘Peace and Flowers’ de Guío Domínguez con el apoyo de la Fundación Fides, la Fundación Ser y la III Brigada. Es una protesta, a través de la moda, contra las minas antipersona. Intentar concientizar a quienes siembran bombas del daño que generan para que, en cambio, siembren flores. Después de Afganistán, Colombia es el país con más personas que han sido víctimas de estas minas.

Al soldado López, precisamente, le falta parte de su pierna izquierda debido a que pisó uno de esos artefactos asesinos. La mujer no tiene piernas, aunque no por culpa de las minas. Las que se ven sobre la almohada son en realidad sus prótesis. Su nombre es María Alejandra Bocanument y es modelo. Click.

II
María Alejandra nació sin tibias. Sucedió en el Seguro Social de Cali en un día que algunos temen: martes 13. Exactamente a las nueve de la mañana de agosto 13 de 1991.

Su madre, que se llama igual que ella, María Alejandra Prado, notó que algo andaba mal desde que la tuvo en sus brazos. Su hija se movía, pero no pataleaba como los otros recién nacidos. No estiraba las piernas.

Entonces recordó un episodio que le sucedió al inicio del embarazo. Iba a atravesar un paso de cebra en la Avenida Simón Bolívar. De repente, un carro la golpeó. El conductor no se detuvo. Quizá se trataba de algún borracho. El golpe no parecía grave. Incluso se pudo poner de pie, llegó a casa caminando, la vida siguió como si nada hubiera ocurrido. Pero en su vientre, sospechó ese 13 de agosto, sí había ocurrido algo. Cree que el accidente pudo ser la razón para que su hija naciera con una malformación. Ninguno de sus hermanos padeció algo semejante. A los dos años, a María Alejandra le amputaron sus piernas.

Cuando tenía 5, 6 años, empezó a ser consciente de que no era como los demás niños. No podía correr, no podía saltar, no se podía poner pantalones cortos. Entonces le preguntaba a su mamá cuándo es que le iban a crecer, por fin, las piernas. Su madre le explicaba, conteniendo las lágrimas, que eso no iba a pasar. Pero María Alejandra siempre lo ha logrado. Hacerse extremadamente fuerte ante lo que puede resultar ser una debilidad. Lo que la mayoría quisiera ocultar, ella, valiente, lo muestra.

Se las ingeniaba para jugar con sus amigos. Se ponía unas sandalias en las manos y se apoyaba en el suelo para desplazarse. También saltaba. Jugaba a saltar el lazo impulsándose con sus brazos. Incluso jugaba rayuela. Y en su cuadra del barrio Ciudad Córdoba montaba patineta. Se sentaba en ella y se impulsaba con las palmas protegidas con las sandalias. Los brazos eran sus piernas.

- Al principio me deprimía. Algunos miraban, murmuraban. Yo sabía que hablaban de mí. Pasó en la época del colegio. Me daba rabia, pero nunca me encerré.

Es una mañana de martes y María Alejandra está en casa de su madre. Ambas están sentadas en el comedor. Jorge, pareja y mánager de María Alejandra, está a un lado, de pie, escuchando. Atrás están las máquinas de coser de María Alejandra madre. Es modista. Se escucha ‘El amor más bonito’, de Rocío Dúrcal. “Con mis brazos llevaré tus pasos”, dice la letra y María Alejandra madre recuerda otro episodio. Fue ella la que le exigió a su hija no esconderse de la sociedad por no tener piernas. Alguna vez quiso hacerlo.

Sucedió en un día de paseo. La familia se iba a un río. Ella le dijo a su hija que llevara el vestido de baño. María Alejandra dijo no. “No voy porque la gente me mira”. Su madre le respondió: “Si usted no va, yo sí”. Y empezó a alistar el vestido de baño, a empacar la toalla, las gafas de sol. Mientras lo hacía hablaba en voz alta para que su hija la escuchara. “Menos mal yo sí voy a disfrutar de este día”, decía. “Menos mal yo voy a estar feliz en un río, no acá encerrada. Y voy a comer delicioso y a mirar paisajes que no conozco”. María Alejandra la miraba. Y cuando vio lista a su madre, con la maleta en la mano, le dijo: “Quiero ir”.

En ese momento cambió algo en ella. Definió lo que sería el resto de su vida. No se avergonzaría ante nadie. No se sentiría menos. En los camerinos, donde las modelos de piernas largas se cambian mientras se miran, se escanean de arriba abajo, se miden –algunas con la intención de imponerse por su belleza- María Alejandra no se amilana, se quita su ropa sin dudarlo.

Tampoco siente pena de llegar a una playa, quitarse sus prótesis, dejar al aire libre sus muñones, broncearse. Incluso se ríe de las bromas macabras que hace Jorge, su pareja y mánager, que siempre sonríe y cada tres minutos hace un buen chiste, no importa lo ácido.

Ahora mismo se está desternillando de risa recordando el día en que María Alejandra se estaba bronceando y un niño se le quedó mirando. No veía las piernas y el niño, asustado, se atrevió a preguntar: ¿Qué le pasó a ella? Jorge respondió en el acto: ¡No le hacía caso a la mamá! El niño salió despavorido. Jorge está seguro que debe ser el hijo más obediente del mundo.

María Alejandra madre se reincorpora después de las carcajadas y continúa recordando el pasado.

A su hija le exigió lo mismo que a sus hermanos. Había días, por ejemplo, que no los podía llevar al colegio, entonces cada uno debía irse por su cuenta. María Alejandra se ponía brava pero cogía unas muletas y tomaba el bus, mientras su madre, vigilándola desde la puerta de la casa, se preguntaba si estaba haciendo lo correcto. Sin embargo, recordaba lo que le decía a su hija: la consideración que te tengas, lo que piensas de ti misma, te define como persona. Si piensas que sos pobrecita, serás pobrecita.

Había días, entonces, en los que María Alejandra también debía cocinar, trapear, lavar la ropa, no importaba que el lavadero estuviera en un tercer piso y no hubiera una rampa. María Alejandra ponía el balde con sus blusas en cada grada, en cada escalón, después se apoyaba con sus manos y subía su tronco. Así, lentamente, hasta llegar a la cima. María Alejandra madre le toma una mano a su hija y dice que está orgullosa.

III

Es lunes. Juan Pablo Salazar, publicista, fundador de la Fundación Arcángeles, entidad que les brinda atención a las personas con discapacidad en Colombia, está dando una conferencia sobre Derechos Humanos en la Universidad Santiago de Cali.

Va y viene por el auditorio en una silla de ruedas. En 2004 sufrió un accidente. Estaba en las Islas del Rosario, se lanzó de un bote, no calculó la profundidad del agua y se golpeó. El diagnóstico fue pérdida del movimiento desde el pecho hacia abajo. Quedó parapléjico.

Desde entonces se ha dedicado a promover los derechos humanos de los discapacitados. Un centro comercial que pertenece a su familia les da trabajo a personas con discapacidad, por ejemplo. También promovió –junto con la Vicepresidencia de República, Naciones Unidas y la agencia Proximity- la campaña ‘Remángate’ contra las minas antipersona. Cada 4 de abril, en el mundo, millones de personas se remangan su pantalón para recordarnos que las víctimas aún están ahí y todos los días son más.

Ahora su lucha es cambiar paradigmas, dice. Enseguida le pregunta al público si se aterraron cuando al entrar a la universidad, vieron mujeres. ¿Verdad que no? Hace 50 años, en cambio, una mujer en una universidad era vista como un ser extraño. ¿Cuántas de sus abuelas estudiaron en una universidad?, pregunta. Nadie responde.

María Alejandra está en primera fila. Juan Pablo habla de ella. Dice que no está sola. Que tanto ‘Male’ como él y como cientos de personas con discapacidad en el país son soldados de lo que ha llamado Movimiento Internacional de Derechos de Personas con Discapacidad. Intentan desde su rol en la sociedad, cambiar paradigmas. Que no sea una novedad que un discapacitado pueda desfilar por una pasarella o simplemente poder llegar sin líos a un salón de clases en un quinto piso. Que eso sea tan natural como una mujer en una universidad.

Entonces, el hecho de que María Alejandra pose en una campaña o sea la portada de una revista, es recordarle al mundo que los discapacitados hacen parte de él, recordarle que sus derechos deben ser cumplidos, no es solo un asunto de escaleras o ascensores. Inclusión es sentirse parte de una sociedad.

A María Alejandra le negaron un trabajo en un supermercado por no tener piernas. Como si para el oficio de ayudar a empacar mercados fuera necesario correr. Aunque si es necesario, ella corre. Cuando su padre la llevaba al Parque de las Palomas para darles maíz, María Alejandra, montada en sus prótesis de titanio, salía a toda velocidad tras ellas.

IV
María Alejandra no tiene idea de dónde surgió su vocación de modelo. Tal vez haya sido porque de niña jugaba a ser reina con sus amigos y desfilaba en la sala de su casa. O porque veía desfiles por televisión. En 2008, la BBC emitió un reality ‘Missing Top Model de Gran Bretaña’ y las modelos eran mujeres con discapacidad.

Pero para ese entonces ya sabía que quería ser modelo. Siempre lo soñó. Sin embargo, tampoco tenía idea de cómo lograrlo. Supuso que no la aceptarían en ninguna academia. Entonces se dedicó a estudiar. Y cuando tenía 15 años, viajó a España, donde vive su padre, José. Estuvo en Gijón y allá terminó el bachillerato, estudió administración de empresas. La crisis económica la obligó a volver. También algunos problemas familiares. Y a su regreso, en un taller de ebanistería, conoció a Jorge, se enamoró. En una charla cualquiera ella le contó que quería ser modelo. ¿Y por qué no lo haces?, le preguntó él.

Jorge tenía un amigo periodista. Lo llamó. Le contó la historia de una joven de cabello negro y largo hasta la cintura, piel canela, rostro de muñeca, que no tenía piernas pero quería ser modelo.

La historia se publicó en un periódico local. Y enseguida otro periodista apareció. Su idea era contar la historia del sueño logrado: María Alejandra modelando. Entonces contactó a Guío Domínguez, diseñador de modas, y le pidió que la incluyera en una campaña. Guío aceptó, pero no con las condiciones del periodista: “Tiene que ser para mañana”.

Domínguez se tomó su tiempo. Fue hasta la casa de María Alejandra, la conoció. Después de sus más de 25 años de experiencia en la moda –ha preparado reinas y modelos y ha vestido artistas como Vicente Fernández o Don Ómar- desarrolló un ojo infalible. Y cuando la vio se convenció que tenía todo para ser modelo: gran expresión en los ojos, un gran registro fotográfico, tranquilidad, serenidad, disfruta lo que hace.

- Yo a María Alejandra la veo en una Semana de la Moda de Nueva York. Está para cosas grandes, dijo.

No le fue difícil, entonces, tomar la decisión de incluirla en la campaña Immigrant. En esa ocasión la idea no solo era lanzar una nueva colección de ropa, sino impulsar una política que favoreciera a más de once millones de indocumentados en Estados Unidos. La campaña se vio en Puerto Rico, Argentina, Colombia, Estados Unidos y María Alejandra se convirtió en noticia mundial. En las fotos simulaba a una modelo en pleno invierno en Nueva York. Las imágenes se hicieron en una bodega de Palmira, climatizada con temperaturas bajo cero y recreando la nieve.

El día anterior a la sesión fotográfica, María Alejandra no pudo dormir de la emoción. Lo mismo le sucedió el jueves 23 de enero de 2014, cuando desfiló por primera vez en una pasarela. Ocurrió en el Centro Comercial Gran Estación de Bogotá –el mismo de la familia de Juan Pablo Salazar- y ante centenares de personas que la aplaudieron durante minutos mientras ella lloraba sin importarle que se echara a perder el maquillaje o las cámaras que congelaban para siempre el momento exacto en que cumplía un sueño. Click, click, click, click.

V
Son las 4:30 de la tarde. En la III Brigada, la jornada de fotos de ‘Peace and Flowers’ apenas termina. El tiempo de los modelos se pasa lento, muy lento, esperando. Esperan el maquillaje, el vestuario, la locación. Tras las bellas sonrisas de portadas de revistas se oculta un gran tedio, un gran bostezo.

María Alejandra está sentada en un barranco de arena roja. Alrededor suyo hay flores blancas y rojas. Junto a ella están los soldados López y Tovar, ambos víctimas de las minas. También están los modelos profesionales Gabriela Giraldo y Fabricio Pérez. Es la penúltima locación del día.

María Alejandra está vestida con una falda de campana negra. Esta vez tiene sus labios pintados de rojo, que le otorga un aire a Blanca Nieves. En el barranco sucede lo mismo que en el alojamiento de los soldados. Está incómoda –hay zancudos hambrientos atacando- pero ella le transmite a la cámara lo contrario. Luce tranquila, relajada. Algunos militares que pasan marchando la miran de reojo. La miran como se mira a una mujer despampanante. O como la miran por Internet admiradores que, desde Australia, le mandan cartas de amor. María Alejandra, la mujer que convirtió su debilidad en su principal fortaleza, no solo es capaz de conquistar un batallón, sino también al mundo entero. Click.

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