José Dumar Cuéllar y MarÃa Helena Gallego llevan buscando a su hija Sandra desde el 12 de febrero pasado. Dicen que ella era una chica estudiosa y trabajadora y que amaba trabajar por el medio ambiente.
Los padres de la ambientalista Sandra Viviana Cuéllar están tras su rastro desde el 17 de febrero del 2011. Lo último que supieron es que iba para Palmira. Recompensa de $50 millones.Ampliar
Doña MarÃa sonrÃe pero parece que es apenas una reacción fÃsica. Su cuerpo lo hace porque lo recuerda, porque es natural. Pero, sus ojos están como muertos. SonrÃe pero quiere llorar. Y es que no sabe qué más hacer: lleva trece dÃas buscando a su hija Sandra.
Sandra Viviana Cuéllar, dice el padre de la muchacha, José Dumar Cuéllar. Y jura que nadie le dice nada. Ni la PolicÃa ni sus allegados ni Medicina Legal. Nadie. Luego doña MarÃa insiste que a pesar de eso sabe que su hija está viva en alguna parte. Entonces sonrÃe pero sus ojos siguen como muertos.
Lo último que supieron ambos padres de Sandra Viviana es que iba para Palmira. Allà iba a encontrarse con un profesor de la Univeridad Nacional. Alguien les contó que su hija abordó un vehÃculo. Era jueves 17 de febrero del 2011 y no pasaba del medio dÃa.
Nada podÃa salir mal, dice doña MarÃa. Era un dÃa como otro, lleno de la misma rutina. La chica, una ambientalista y profesora, iba a trabajar. Hizo, dice su padre, lo que todos los dÃas: agarrar una poca ropa, meterla a una maleta y salir a abordar un transporte en la recta Cali - Palmira. Rutina.
Ese jueves, ya a las 5:00 de la tarde sus padres la llamaron al celular por primera vez. Se suponÃa que a esa hora ya se habrÃa desocupado de sus actividades del dÃa. La reunión con el profesor de la Nacional, la clase de danza en la que estaba inscrita, una asesorÃa a algún alumno. Pero, el celular estaba apagado. Ambos padres confiaron en que la baterÃa se habÃa terminado y que como su hija avisó que dormirÃa en Palmira no le dieron importancia.
Al dÃa siguiente, el viernes 13 de febrero, un amigo de la familia llamó a decir que un desconocido se habÃa comunicado con él. Ese desconocido lo llamó desde el celular de Sandra Viviana y aseguró que lo habÃa encontrado cerca a su casa, en el barrio Floralia, y que querÃa devolverlo.
Entonces doña MarÃa y don José Dumar temieron lo peor. La denuncia llegó a la PolicÃa y pronto la sonrisa se empezó a convertir en menos que un reflejo de la alegrÃa y más en un reflejo involuntario. Horas y horas y sin señales de Sandra. Luego dÃas.
Y una semana. Luego dos. Nadie sabe dónde está Sandra. La ambientalista, aficionada a la danza, la chica alegre y enamorada de leer.
Nadie entiende qué pasó. ¿Enemigos? Ninguno, dice su padre, un jubilado de la PolicÃa. Si ella era de lo más feliz y todos la querÃan, dice. Ella se preocupaba por el medio ambiente a más no poder. Incluso, hacÃa apenas tres meses habÃa regresado de un viaje por los paÃses andinos donde aprendió de permacultura, una manera de fabricar hábitats humanos sostenibles basados en patrones de la naturaleza.
Años antes, antes de la permacultura y de un voluntariado en Bolivia, se dedicó a hacer campañas que combinaban cultura y medio ambiente: para defender el agua, para evitar el calentamiento global.
El 2011 lo arrancó trabajando en la zona deprimida de El Hormiguero, en Puerto Tejada, para crear proyectos ambientales. Todos la querÃan repite su padre. Y dice de nuevo que nadie le dice nada.
Ya fueron a medicina legal a ver cuerpos que no son de ella. Ya fueron a hospitales, a morgues de ciudades vecinas. Nada. La AlcaldÃa de Cali ofreció una recompensa de $50 millones para quien dé información sobre Sandra, la chica de tez morena y aficionada a bailar.
Su padre se permite bromear. Dice que la recompensa desató un flujo innecesario de llamadas. Todas dicen algo distinto: que la vieron caminar en Palmira, que está en un hospital sin recuerdos, que está en el centro de Cali, metida en El Calvario. Él también sonrÃe con apenas un esbozo de tranquilidad. Su esposa, sentada a su lado, se frota las manos como si necesitara moverse sólo porque sÃ, como para no perderse de algo importante.
Ambos dicen que no van a dejar de buscar a su Sandra. Que ella no se merece nada malo porque es apenas una chica que iba a trabajar. Ambos piden que regrese al seno de su familia y agradecen a quienes ayudan. Que vuelva pronto a casa, ruegan antes de seguir buscando. Y hoy, Cali pide con ellos asà que una vez más todos juntos rogamos aquÃ, en este texto: que regrese Sandra.
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