Noticias de Cali, Valle y Colombia - Jueves 23 de Octubre de 2014

Crisis en España, la gran pesadilla de los inmigrantes colombianos

Se estima que cada mes regresan al país entre 50 y 70 nacionales acosados por las deudas y la falta de empleo en Europa.

Por: Adolfo Ochoa Moyano | Reportero de El País Domingo, Diciembre 11, 2011
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Crisis en España, la gran pesadilla de los inmigrantes colombianos

Camilo (camisa negra) pasó toda su niñez en las Islas Canarias pero ahora está construyendo una casa en Cali.

Archivo El País

Tal vez este último año haya sido el peor de su vida: se quedó sin empleo y tuvo que regresar a Cali después de haberse marchado trece años atrás a Barcelona, convencido de que su futuro iba a ser siempre más promisorio en un país del primer mundo.

Y por más de una década no se equivocó: siendo ingeniero industrial graduado en el Valle del Cauca pudo terminar una especialización en Recursos Humanos en España y tuvo sólidos empleos relacionados con el área comercial.

Héctor Barragán estuvo tan acomodado económicamente en España que dice que cuando la crisis económica del 2008 sacudió casi todo el viejo continente hasta sus cimientos, él ni siquiera parpadeó.

“El mundo se podía haber caído a mi lado y nada de eso me hubiese importado en esos días. Estaba ganando dinero, ahorrando y tenía una tremenda seguridad laboral”.

Pero, el mundo da vueltas y hoy, finalizando el 2011 y luego de trece años, Héctor tuvo que volver a Cali porque “desde el año pasado simplemente no hay empleo”. Así. No hay empleo, no hay dinero y por eso, no hay opciones. O sí, hay una opción: regresar, dar un paso atrás y volver a Colombia a tratar de salvarse de la debacle que llegó al punto de arruinar la estabilidad de miles de inmigrantes establecidos cómodamente en España, obligándolos a volver casi que a ser sostenidos por familiares y amigos en Colombia.

Un callejón sin salida alguna

La situación económica mundial se ha hecho insostenible desde el 2008 para los colombianos que están en Europa y Estados Unidos, principalmente. Eso, porque las compañías españolas y estadounidenses están dando prioridad a los nacionales y en los recortes de personal son los extranjeros los primeros ‘descabezados’.

Ese fue el caso de Fernando. Él también tuvo que dejar España por culpa de la economía. Después de trabajar como electricista por más de diez años y de tener ganancias promedio de 2.000 euros mensuales, un día en 2010 se vio sin poder poner siquiera un pan en la mesa para alimentar a su familia.

El sector de la construcción, uno de los que más colombianos emplea en la Península Ibérica, fue uno de los más afectados por la crisis. Fue por causa de un efecto dominó.

Los bancos dejaron de prestar para comprar casas, así que la construcción se paró. ¿Para qué construir si no hay compradores? Hasta el 2007 las obras civiles de España superaban a las construcciones de Francia, Alemania e Inglaterra. Eso significa que allí había empleo y dinero. Cuando empezó la crisis de los bancos, que ya no querían prestar o lo hacían a tasas de interés por las nubes, la construcción se estancó y empezaron los despidos. Allí inició la mala suerte de Fernando.

Fue despedido en el 2010 luego del segundo recorte de personal de una compañía que ofrecía servicios a constructoras. Perdió su empleo justo cuando empezaba los pagos de un auto nuevo que acababa de comprar.

Pronto el subsidio que da el Gobierno español en casos de cese laboral (en su caso fue 40% del sueldo total que ganaba) no alcanzó para pagar el alquiler de la casa, la comida, y las cuotas del “coche”.

Pero, lo peor era la hipoteca de su casa. Como a muchos otros inmigrantes, la seguridad laboral les dio confianza y decidieron hacerse a viviendas propias que llegaron a superar valores de 200.000 euros. Cuando llegó la crisis del 2010, muchos no pudieron seguir pagando y aún cuando el banco les quitó las propiedades, la deuda debía ser cancelada de todas formas.

Fernando habló con su esposa una noche de martes. Decidieron marcharse a la vuelta de un mes.

Cuando llegó la fecha convenida condujeron su auto hasta el aeropuerto de Barajas, a las afueras de Madrid, parquearon, bajaron las maletas y empezaron a caminar.

Las llaves quedaron pegadas en el encendido del auto. “A eso tuve que llegar. Abandonar el carro para que la compañía lo reposeyera porque me era imposible pagar las cuotas. Me tuve que ir de España como escapándome por una puerta de atrás. Creo que es lo más humillante que he hecho en mi vida”, dice entre dientes.

Fernando dice que desde 2010 casos como el suyo se ven a puñados. Carros abandonados, casas deshabitadas completamente porque sus dueños ya no podían responder por las coutas de las hipotecas a los bancos.

Adriana, una mujer vallecaucana que accede a contar su historia pero exige que no se revele su identidad, dice que ella se vio obligada a dormir en albergues para indigentes porque necesitaba el dinero de subsidio de desempleo para comprar un tiquete de avión a Colombia.

“Acá en Colombia la situación no es la mejor ni mucho menos. Es muy complicado empezar de nuevo pero en Cali al menos tengo a mi familia y mis amigos que le brindan una mano porque no hay quien ayude en España.”

Adriana se vio tan acorralada por las deudas, que tuvo que dejar a sus hijos en España porque no le alcanzó para los pasajes de ellos. Uno de sus chicos es menor de edad, así que es sostenido, en parte, por el Gobierno de ese país y eso la tranquiliza. Pero, en dos años cuando cumpla los 18 años quedará desamparado y, lo que es peor, en situación de inmigrante ilegal en España.

Y aunque esos dramas son tremendos, paralelo a ellos están los de quienes no se pueden marchar aunque tienen exactamente los mismos problemas.

Con un marido desempleado y un trabajo por horas como aseadora, Esperanza, que llegó a la localidad española de Alicante en 2001 desde Florida, Valle, no pudo pagar la hipoteca de 180.000 euros de su casa, que ya fue reclamada por el banco. Y es que debía pagar cuotas mensuales de hasta 1.300 euros. El problema es que cuando firmó en la entidad, quien le sirvió como fiador fue su hermano.
Cuestión de consciencia, entonces.

“El banco ahora le apunta a cobrarle las cuotas al resto de mi familia. ¿Cómo me devuelvo a Colombia y los dejo a ellos con ese problema que ni siquiera les corresponde resolver?”.

Paradojas económicas
Se estima que desde el 2009 y hasta hoy cerca de 32.000 inmigrantes, en su mayoría latinoamericanos, han salido de España desahuciados por la crisis económica que azota a Europa.

Según datos del Ministerio de Trabajo e Inmigración español, cada mes, en promedio regresan a este país entre 50 y 70 colombianos.

El mayor éxodo fue en julio y septiembre de este año cuando 1.751 colombianos abandonaron España para regresar a Colombia.

También en ese periodo de tiempo cayó en 3.234 el número de residentes ecuatorianos y en 1.511 los peruanos.

La otrora tierra de las oportunidades se está convirtiendo en un calvario insalvable para los foráneos.

El problema es el desempleo. La cifra general en España es del 21% y un total del 33% de los extranjeros no están ocupados en este momento. Además, 300.000 familias españolas y extranjeras tienen propiedades embargadas por parte de los bancos.

Pero, pese a esas cifras hay una extraña paradoja: las remesas que los colombianos en España envían a sus familias aún no sufren las consecuencias de los despidos masivos y la crisis.

Es más, según datos del Banco de la República se estima que al cierre del 2011 el monto de dinero que ingresará al país alcanzará los US$4.389 millones, esto es un 9% más que lo registrado en el 2010.

Analistas creen que las remesas se han mantenido al alza debido a que la recesión económica no es de ninguna manera un hecho todavía y que pese a la crisis y al desempleo, todavía dos millones de colombianos se benefician de esos giros.

En el 2010 el 36% de las remesas enviadas a este país provinieron de España. Un 33% adicional vino de Estados Unidos, donde también hay una colonia nacional abultada.

Esas cifras, sin embargo, no son alentadoras. Se espera que en 2012 la crisis recrudezca y que, el retorno de colombianos sea mucho mayor.

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