Noticias de Cali, Valle y Colombia - Sábado 19 de April de 2014

¿Cómo el Icfes valida el bachillerato en Cali? Entérese

El relato de personas que por diferentes razones no terminaron sus estudios como convencionalmente se hace, pero que igualmente son bachilleres.

Por: Alda Mera | Reportera de El País Wednesday, March 28, 2012
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Bachiller, madre y asistente

Luz Enith Valencia, iba en grado 11° cuando se casó. Además del nacimiento de su primer hijo, el Instituto Atenas, donde ella estudiaba de noche, fue cerrado y la remitieron a un colegio lejos, por lo cual no terminó sus estudios.

Su idea de sacar su diploma la siguió rondando, pero siempre se postergó, por el nacimiento de sus otros dos hijos, y por su trabajo como analista de gerencia administrativa y legal de MAC.

Al sentir que ya hizo otra vez el bachillerato con sus hijos, sobre todo haciendo tareas con los de 17 y de 15 años (el menor tiene 9), vio que le llegó el momento de graduarse.

La idea se convirtió en un proyecto de familia, que apoyaron su esposo y sus hijos. De hecho, el mayor hará sus pruebas del Icfes en abril y tiene como reto “superar” a su mamá, que validó con éxito su bachillerato en 2011.

Luz Enith dice que se preparó toda su vida para ello porque es buena lectora, ve y oye programas de televisión y radio que le aporten como el de Diana Uribe, o del medio ambiente y se documenta.

Ahora aspira a ingresar a la universidad, con su hijo mayor. Su sueño es estudiar Derecho.

 

Desde niña soñó ser médica. Y siempre fue buena estudiante. Los primeros lugares y las mejores notas fueron la constante de Catalina Cuadros Vernaza en la Institución Educativa Normal Superior Farallones de Cali.

Hasta que entró a noveno grado y se enamoró. Su rendimiento académico no fue igual y más tarde quedó en embarazo, un acontecimiento que no estaba en sus planes. A pesar de que el colegio le permitía terminar sus estudios y sus padres la apoyaban, ese sentimiento de haberse fallado a sí misma y a sus padres no la dejó continuar.

No obstante, apenas nació su hijo, hoy de 2 años, esta madre empezó a buscar alternativas para subsistir y salir adelante. Pero no ser bachiller era un obstáculo para todo. Quiso hacer un acelerado, pero un familiar le dijo que el Gobierno permitía validar la educación secundaria a través del Icfes. También lo había visto en la televisión.

La web del Icfes le confirmó sus expectativas y enfiló sus baterías a prepararse para el examen. Retomó sus antiguos libros y cuadernos, estudió mucho e hizo simulacros del Icfes y cuando se sintió lista, hizo todo su registro y su recaudo en línea en www.icfes.gov.co

Le llegó la citación para presentar su prueba el 4 de septiembre de 2011, junto con todos los aspirantes que terminan el bachillerato. En primera instancia, obtuvo un certificado del Icfes que le mejoró su perfil en su hoja de vida y que le permitió conseguir un trabajo los fines de semana para sostener a su bebé.

Y luego le llegó el acta de grado y el diploma en el que “el Icfes la gradúa de bachiller” y los resultados, en los que le fue bien, especialmente en ciencias naturales, una asignatura que la favorece para aplicar a medicina, la carrera con la que a sus 20 años sigue soñando.

“Ahora voy tras mi sueño. Sé que estudiar medicina es costoso, pero es lo que me gusta. Estoy buscando apoyo, una oportunidad o una beca para seguir adelante por mí, por mi hijo, por mi país”, dice esta joven.

Autodidacta consagrado

Veintiocho años después de haber pisado por última vez un aula de clase, Juan Carlos Ocampo Eslava recibió su diploma de bachiller.

Su madre falleció en 1982 y a sus 17 años debió abandonar sus estudios en el colegio Simón Bolívar de Cali e interrumpir el quinto año de bachillerato para irse a vivir solo y de paso empezar a trabajar como agente viajero de una compraventa de repuestos agrícolas de su padre, Édgar Ocampo.

Pero Juan Carlos, hoy un microempresario de 46 años, jamás dejó de estudiar, de explorar, de leer. “Como nunca estaba en un solo sitio, nunca pude terminar de estudiar, pero siempre fui un autodidacta”, explica el hombre, que de niño hizo su primaria en la escuela José María Córdova, de Yumbo.

Como vendedor de repuestos, recorrió las principales ciudades del país. Eso sí, con mapa en mano, iba corroborando los detalles del relieve, el paisaje, los ríos, es decir, mientras trabajaba, aprendía geografía. Y también matemáticas cuando hacía las cuentas de sus ventas. Y castellano, al escribir sus reportes, con buena redacción y buena ortografía. Y así sucesivamente con todas las áreas.

Su afán de conocimiento lo centró en los temas relacionados con su trabajo: hizo cursos y seminarios de motores diesel, hidráulica, neumática, sistema métrico, mercadeo y ventas y hasta de microempresario en la Fundación Carvajal.

En 2010, viendo que sus hijos, Juan Camilo, de 16 y Julián, de 11 años, ya estaban en bachillerato, se motivó a validar el suyo, que había quedado a solo un paso de obtener su grado. “Lo hice por gusto y como no hay una carrera aplicada a mi trabajo, era una forma de cualificarme más”, dice el nuevo bachiller.

“Para ello compré un librito de simulacro del Icfes, me preparé durante un año, mi hijo mayor me ayudó sobre todo en matemáticas y álgebra, y presenté mi examen en septiembre del año pasado. Quedé con una calificación baja media, creo que me debió ir mejor, pero ya aprobé mi bachillerato”, relata él, que recibió su certificado por Internet.

A quienes no han terminado sus estudios secundarios, les sugiere seguir su ejemplo. “Es una buena opción, ésto nos hace más competentes en el mundo moderno. Y como hecho de superación personal, hay que aprovechar esta oportunidad que da el Gobierno. Además, entre más se estudie, más es el aporte social, cultural y económico para el país”, dice.

De regreso a su tierra

Sebastián Torres Escobar llegó en diciembre de 2010 a Colombia con el ánimo de ingresar a la universidad. Venía de España, a donde su madre lo llevó desde los 8 años de edad, en busca de un mejor futuro.

Sin embargo, al terminar la preparatoria y a pesar de tener la ciudadanía española, que le daba derecho a estudiar en cualquier universidad de la Eurozona, este bugueño ahora residente en Guacarí, prefirió estudiar en su tierra. Hasta que se dio cuenta que su bachillerato en España no era válido en Colombia. Era como si no hubiese estudiado.

Su papá intercedió por él ante varios rectores de universidades, pero fue imposible matricularse. “Ya estaba arrepintiéndome de haberme devuelto, cuando uno de ellos nos explicó que el Gobierno de Colombia acababa de sacar una nueva ley que permitía validar el bachillerato a través del examen del Icfes”, recuerda. Es decir, que esa prueba le validaba sus estudios como bachiller colombiano y de una vez lo cualificaba para aplicar a cualquier institución de educación superior.

Sebastián empezó a prepararse para el Icfes. Profesores particulares le dieron ‘la versión colombiana’ en matemáticas, física, cálculo, español, química, biología, en fin. Con las ciencias exactas no tuvo mayor problema, todo era igual.

Pero las áreas que más dificultad le significaron fueron filosofía, una materia que el pénsum académico de educación media del país ibérico no contempla. Y la peor (o la mejor) fue sociales, porque este joven vino a descubrir a los 18 años la verdadera historia de La Conquista y la Colonización española en América Latina y específicamente en Colombia.

“Allá vi algo del Descubrimiento, pero muy breve, ellos tapan muchas cosas. Por ejemplo, yo no sabía que aquí hubo escla- vitud ni que ellos traían perros para que se comieran a los indígenas; tampoco dicen que se llevaron el oro, sino que el oro ya estaba allá, en fin, que ellos fueron los buenos. Cuando supe todo, dije: “Uff, me engañaron todos estos años y yo nunca dije nada porque lo ignoraba todo”.

El 4 de septiembre de 2011, Sebastián presentó las pruebas del Icfes como cualquier otro estudiante y se graduó de bachiller colombiano con un ponderado de 63. “Me dieron diploma y un acta de grado electrónico, que uno mismo lo baja de la página web del Icfes y lo imprime. Gracias al Icfes soy bachiller en Colombia”, dice el ahora estudiante de primer semestre de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Occidente, donde “no bajo de 4,6 en mis notas”, dice.

Así que regresar a estudiar a su tierra, fue lo mejor que pudo haber hecho. Aparte de que revalidó sus estudios secundarios que le dieron el acceso a la educación superior, Sebastián tuvo su propio descubrimiento: conocer la verdadera historia de su país.

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