Noticias de Cali, Valle y Colombia - Jueves 23 de Octubre de 2014

Cali, el reino de la maceta

Del 29 de junio al 4 de julio, las dulces y coloridas macetas volverán a reinar. Padrinos y madrinas que se respeten, mantendrán viva esta hermosa tradición caleña que tiene más de 70 años. Su historia.

Por: Redacción de El País Domingo, Junio 26, 2011
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1. Tips de tradición

Desde pequeños los niños en el Valle del Cauca han podido disfrutar de la maceta del Día del Ahijado, una tradición única que se ha cocinado por generaciones.

Del 29 de junio al 4 de julio, Cali y varios municipios del Departamento se vestirán de fiesta y color para vivir una nueva versión del Festival de Macetas.

En el Valle se encuentran aproximadamente 227 artesanos registrados en la Cámara de Comercio, que harán parte del Festival.

La maceta es un conjunto de dulces de alfeñique, cintas de colores y un ringlete (molino) que son pegados por palitos sobre varas de maguey. Los dulces son preparados por los ‘Artesanos del azúcar’, que son en un 90% mujeres.

María Eugenia Otero, quien pertenece a una de las familias reconocidas por preservar la tradición, explica que “las cintas y los banderines cumplen con la tarea de aportar el color. Las que somos tradicionales no utilizamos molde,cada quien tiene su estilo”.

2. Siempre vigente

Sus suegros César Otero y Raquel Beltrán de Otero, le enseñaron el arte de las macetas en 1964, cuando llegó de su natal Buga a vivir en Cali. Desde entonces, hace 47 años, María Cañas de Otero es una de las artífices, en el barrio San Antonio, de que esta tradición caleña no se extinga.

Ella se enorgullece de hacer el alfeñique con la receta original y de que sus macetas sean totalmente artesanales. Para eso no toma atajos: invierte el tiempo que sea necesario con el fin de que todo le salga a pedir de ‘dulce’ boca.

¿Cómo eran las macetas que hacían sus suegros cuando usted llegó a Cali?

En ese tiempo la maceta más cara valía $10, eran unas cosas grandísimas, todo era blanco. Y nosotros le hemos puesto color y cambiado la forma. Cuando vine aquí no tenía ringletes, después se me ocurrió el ringlete, antes eran los dulces no más. El papelillo era de sedita, no desteñía, era un papel traído del Japón, pero ahora sí destiñe y dañan los palitos, por eso lo cambiamos por cintas. Las figuritas de antes eran palomitas, flores, perritos. Hoy tenemos surtido de todo: elefantes, gallos, vacas, hipopótamos, payasos, canastas...

¿Qué tanta acogida tienen las macetas?

Muy buena, sobre todo para este tiempo, pero durante todo el año también mandan a hacer para matrimonios, primeras comuniones, cumpleaños, eventos.

¿Cuántas personas le ayudan?

Mi hijo prepara el maguey, un palo liviano al que le quita la caracha y lo pule y es donde se insertan los palitos. El maguey llega grande, de 1,80 o de 2,0 metros y él los parte de acuerdo con las necesidades: el año pasado tuvimos macetas de 60 centímetros, este año las bajamos a 50 centímetros porque la gente cree que así se ven más llenitas. Están también Irma Herrera. que trabaja en esta casa desde antes que yo viviera aquí. Y Gladys de Sierra, que vive a la vuelta, la suegra de mi hijo Esther de Robles, una nieta de ella y mi nuera Beatriz, que es ingeniera industrial.

¿Cuándo empieza la temporada de gran producción?

Después del Día de la Madre, porque desde esa fecha viene gente a llevárselas a otras ciudades. Para esta temporada se sacan entre 600 y 700 macetas; en palos enchortaditos unos 8.000; en piñas 700 y en figuras unas 3.000 de 23 estilos distintos.

¿Y el resto del año sacan producción?

Si nos encargan las macetas. Ahorita tenemos encargadas para un matrimonio unas macetas enormes, para adornar. La señora me dijo que algunos invitados venían de Centroamérica y de Estados Unidos y quería que vieran algo tradicional de Cali. Hay mucha gente que está apoyando, no quiere que se acabe esta tradición.

¿También exportan?

No. Somos microempresa. La gente compra y se las lleva para regalos, souvenires. Es que son demasiado delicadas, las tienen que llevar en la mano. A veces las camuflan en las maletas porque en EE.UU., por ejemplo, les ponen problemas.

¿Hacia dónde se las han llevado?

Para Estados Unidos, Canadá, Alemania y México. Hay personas que vienen con sus ideas y nosotros se las plasmamos en las macetas: hasta la Iglesia de San Antonio la hemos hecho, se la hicimos a la Universidad Javeriana.

Cuéntenos sobre esos encargos...

Una vez nos pidieron maceta con jugadores del Deportivo Cali; otra con soldados, fue una señora que tenía un familiar en el Ejército. A Norma le hicimos una de cuadernos; en los 25 años del Zoológico de Cali le hicimos una de solo animales y quedó espectacular. Hicimos a ‘Shrek’, el monstruo verde, y hasta ‘Teletubbies’. Para un matrimonio una muchacha quiso que le hiciéramos la representación del Festival de la Marimba y se le hizo una negra y un negro, le pusimos los labios rojos y los dientes bien blancos y ella se fue encantada. Unas mexicanas nos pidieron para el Día de los Muertos calaveras, coronas y esqueletos. ¿No le digo?¡Es que a la gente se le ocurren unas cosas! Beatriz e Irma se inventan esos muñecos. Lo importante es ver al cliente contento.

Culto al viento

El hecho pasa y el símbolo queda: la maceta es el único vestigio actual, supervivencia de festejos que eran celebrados desde comienzos hasta finales de junio para saludar la llegada del verano. Es decir, en Cali había rituales estacionales.

Lo curioso es que, a pesar de ser la maceta uno de los emblemas más sentidos de Cali, hasta ahora no se ha hecho un estudio profundo sobre los orígenes de esta golosina-juguete.

Sólo dos autores recogieron tradición oral, como fueron Óscar Gerardo Ramos y Raúl Silva Holguín, mientras en las ‘Tertulias del Cali viejo’ que promovió la Cámara de Comercio en los años 90, no hubo ni una sesión para recabar versiones.

Con razón, el primero escribió que la de la maceta es “una tradición sin cotejo”, o sea, sin estudiosos.

Quien más trató el tema fue Ramos, en revistas y en su libro ‘Caucayaco, Caucayá, Cauca’, pero por su forma de narrar deja la sensación de hablar de vivencias infantiles, aunque también insinúa que el informante fue su propio padre, don Nicolás Ramos Hidalgo.

El autor se limitó a situar los orígenes de las macetas a finales del XIX o comienzos del XX, aunque también afirmó que el alemán Carl Hauer Simmonds, quien fue asesinado en 1895, las conoció.

Un poco más preciso, Silva Holguín, los sitúa en ‘Tradiciones caleñas’ alrededor de 1885, dando como inventora a la negra Dorotea Sánchez, vecina de El Peñón, a quien la virgen María y los apóstoles Pedro y Pablo enseñaron los secretos del alfeñique árabe, un 29 de junio.

Esta atribución milagrosa señala la importancia de la maceta, pues las comunidades sólo convierten en leyenda los episodios importantes.

En cambio, Ramos dice que la invención de la maceta fue de “ñorpueblo’ en las manos de hacendosas y remilgadas maestras del buen yantar”, en especial las de San Antonio.

De lo poco y nada que se sabe, se concluye que surgió en medio de una temporada muy alegre y festiva en Cali, la cual comenzaba con las vísperas de San Antonio, el 12 de junio, y terminaba el 29.

La noche del 12 había en la colina procesión con sacada del santo, vacaloca y juegos pirotécnicos. El fuego sugiere un ritual de conjuro contra la oscuridad, el cual se entiende porque la temporada de lluvias acababa de pasar.

Y mientras en el cielo chisporroteaban pólvoras y estallaban ‘cuetes’, la gente bailaba al ritmo de una banda de vientos o de un garrón de puerco con tambores y chirimías.

Los garrones de puerco también amenizaban los diablitos, cuando sólo salían el 31 de diciembre, y no desde el 1 de noviembre, como ahora.

Con las vísperas se saludaba el comienzo de la temporada de verano. El 13 había misa mayor por ser la fiesta de San Antonio y a la salida la gente intercambiaba pasteles, manjarblancos y toda la golosinería local con sus vecinos, y regalaba macetas a los niños.

De ahí en adelante había numerosos festejos en la población, incluidas las carreras de caballos desde el centro hasta la colina de San Antonio, para celebrar el día de San Juan el 24 de junio, según cuenta Andrés J. Lenis en sus ‘Crónicas del Cali viejo’. En esa fecha también sacaban dulcería típica para intercambiar.

Los festejos estacionales terminaban el 29, día de San Pedro y San Pablo. Como ya los estudiantes estaban en vacaciones, las familias acostumbraban subir por las tardes a la colina a recibir la brisa.

Un 29 cualquiera, a un chico se le ocurrió correr cuesta abajo con su mazo, y al ser imitado surgió la costumbre de llevar a los niños a ‘correr las macetas’. El día especial para hacerlo era el San Pedro y San Pablo.

Ello explica que las macetas, cuyo nombre deriva del mazo de maguey ‘sembrado’ de alfeñiques, sean adornadas con ringletes. Los mismos que incitaban las carreras infantiles para hacerlos girar.

Desde esa perspectiva, la maceta también es culto al viento. A la brisa del verano.

Y sigue vigente, pues aunque ya los niños no ‘corran las macetas’, su adorno actual más notorio es las hélices de papel.

El Día de los Ahijados se celebra en Cali cada 29 de junio con un entusiasmo que no tiene equivalente en el país, aunque no tiene ritual establecido diferente de regalar macetas.

Éstas son lo único que queda de una antigua tradición que mezclaba lo religioso y lo profano, lo ritual y lo festivo, lo gastronómico y lo social. Y aunque la mayor parte de los caleños de hoy desconozca su importancia, la maceta ratifica que el hecho pasa y el símbolo queda.

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