Opinión: 'Pacto hecho, ¿o por hacer?', por Monseñor Darío de Jesús Monsalve
Elecciones presidenciales 2018

Opinión: 'Pacto hecho, ¿o por hacer?', por Monseñor Darío de Jesús Monsalve

Junio 09, 2018 - 01:14 p.m. Por:
Darío de Jesús Monsalve Mejía / Arzobispo de Cali
monseñor monsalve

Monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, Arzobispo de Cali.

Especial Para El País

Lo que está en juego en la segunda vuelta electoral no es la suerte de dos personas que quedan en la competencia sino nuestra posibilidad de mayor y mejor espacio para encontrarnos, dialogar, llegar a acuerdos y pactos; empoderarnos como auto-gestores de nuestra convivencia, de nuestro territorio y de nuestro desarrollo.

Es el espacio político para todos, con la prioridad de las víctimas, tanto las del conflicto violento, como las de los modos y modelos de desarrollo y mega-proyectos, de la exclusión histórica y estructural que se viene dando en Colombia. Etnias, culturas, credos, clases sociales, gremios, géneros, generaciones, capaces y diversamente capacitados, ideologías, partidos, ciudad y campo, minorías y mayorías, sin discriminación alguna, se sientan “localizados” en él.

Es el espacio político para la vida como bien y derecho fundador de todos los demás, y para la verdad, que debe salir a flote como primera justicia con quienes han sido victimizados y como camino
de sanación social, de reparación y garantías de no repetición.

Es el espacio político para la legalidad y protección del trabajo, del ingreso honrado, de la tenencia de la tierra y del techo, y de la pertenencia al territorio, de la participación política y democrática, de la construcción de la paz. Porque es también el espacio político para sentar a la subversión y a quienes los han tenido como su brazo armado, así sean minorías, para acordar el fin de su alzamiento en armas, su desarme y reintegración a la sociedad civil y al Estado. Ello implica el respeto y la continuidad de los procesos en curso.

Vista con este enfoque y noción del espacio político, la segunda vuelta a cumplirse en pocos días, es mucho más que una confrontación entre espacios lineales izquierda-derecha, basada en políticas de “status quo” o de cambio, o en la mayor o menor intervención del Estado en la economía. La realidad de los hechos, la gravedad de los conflictos, la pluralidad de opciones y la dimensión de los problemas por resolver, exigen mucho más que la aglutinación a la izquierda y a la derecha, con criterios tradicionales o ideológicos. Urgen, más bien, unos espacios pluridimensionales, que permitan ir más allá de los “pactos hechos” y de las motivaciones para aglutinarse en uno u otro lado, con capacidad, legitimidad y decisión para convocar y pactar el bien común y colectivo, los procesos pacíficos y democráticos de cambio que requiere Colombia.

Hemos vivido grandes acuerdos: uno sin verdad ni reparación como lo fue el del Frente Nacional ante la violencia bipartidista; otro como el de la Constituyente del 91 de cara a la violencia del M-19 y el más reciente, el acuerdo de Paz de La Habana, que incluye verdad, justicia, reparación y no repetición. Sin embargo, seguimos en deuda con el espacio político que permita a la población misma involucrarse como sujeto territorial, social y político que pacta de cara a sus conflictos y necesidades, que se configura como verdadero tejido social y ciudadanía participativa en esa Patria incluyente, pacífica y digna que anhelamos.

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