"Seguirán las alzas en las tasas de interés": Codirector del Banco de la República

"Seguirán las alzas en las tasas de interés": Codirector del Banco de la República

Mayo 01, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País.

Carlos Gustavo Cano, codirector del Banco de la República.

Carlos Gustavo Cano, codirector del Banco de la República, justifica último ajuste. Reforma tributaria evitaría ‘cuasi-catástrofe’ fiscal en Colombia, señala.

El viernes pasado, el Banco de la República elevó su tasa de interés de 6,5% a 7%, un incremento de medio punto que nadie esperaba. 

Esa decisión ratificó que la época de los intereses baratos llegó a su fin, todo porque la economía colombiana no crecerá este año más allá del 3%, y porque la inflación sigue siendo un factor preocupante.

Carlos Gustavo Cano, codirector del Emisor, estima que las alzas en las tasas deben seguir para evitar un desbordamiento del consumo en la actual coyuntura, a la vez que opina que la situación fiscal podría ser “cuasicatastrófica” si no se tramita la reforma tributaria debido a desplome de la renta petrolera.

¿Hasta dónde estima que podrían las finanzas públicas del país soportar el desplome de la renta petrolera, y si ya llegó el momento de una nueva reforma tributaria, la cual se ha venido aplazando?

Sin duda, el golpe más fuerte sufrido por la economía colombiana en los últimos años fue el desplome de los precios del petróleo hasta finales del anterior, dada la gran dependencia de su balance externo de dicho hidrocarburo, que llegó a representar hasta el 55% del total de las exportaciones, y a captar hasta el 85% de la inversión extranjera directa de la balanza cambiaria.

De otra parte, el gran perdedor de semejante desplome fue el Gobierno Nacional, cuya renta petrolera, incluidos los dividendos de Ecopetrol, llegó a representar en 2013 una quinta parte del total de sus ingresos, equivalente al 3,3% del producto interno bruto (PIB).

En el primer caso, el golpe se reflejó en la caída de los términos de intercambio y en consecuencia del ingreso nacional, y en la ampliación del déficit de la cuenta corriente. Y en el segundo, se le propinó a las finanzas públicas un gran impacto negativo que probablemente se materializará en un déficit del 4% al finalizar el presente año, lo cual hace apremiante e inaplazable una reforma tributaria estructural.

Según cálculos de Fedesarrollo que yo comparto, no sería posible cumplir las metas de la regla fiscal, la cual contiene el ordenamiento legal que le fija al Gobierno un marco disciplinario de buenas prácticas en el manejo de las finanzas públicas, y que por tanto es fundamental respaldar y observar a fin de garantizar, al lado de la política monetaria, el equilibrio macroeconómico del país.

Según esas proyecciones, en un escenario de no reforma (tributaria), a la altura del 2020 el déficit fiscal podría dispararse al 5,5% sobre el PIB, en contraste con el tope máximo de 1,5% fijado por la regla fiscal para ese año. O sea, una situación absolutamente insostenible, cuasi-catastrófica.

El Emisor ha estimado que el PIB podría crecer al 3% en 2016. ¿Ese objetivo es el mismo, o cree que amerita cambiarse esa cifra?

El Banco acaba de reducir su pronóstico de crecimiento anual para 2016, del 2,7% al 2,5%. Dicho cálculo coincide con el del Fondo Monetario Internacional (FMI). Obviamente, es muy inferior al promedio anual exhibido durante la década del fugaz 'boom' minero-energético que vivió Colombia durante la década 2004-2013, que fue del 4,6%. Pero aún sobresale con respecto a la región latinoamericana y a nuestros principales socios comerciales en la misma.

La economía de la región América Latina-Caribe se contraería en –0,5% en 2016, jalonada por las fuertes caídas de la brasilera en –3,9%, de la venezolana en –8% y de la ecuatoriana en -2,5%. En tanto, que nuestros socios de la Alianza del Pacífico tendrían desempeños positivos, encabezados por Perú con 3,7%, la estrella de la región, México con 2,4%, y Chile, con 1,7%.

¿Qué tan fuertes siguen siendo las presiones inflacionarias, a pesar de que ya está pasando el fenómeno de El Niño, que afectó los precios de los alimentos?

Ciertamente el fenómeno de El Niño y demás alteraciones climáticas se han convertido en un dolor de cabeza para los banqueros centrales, en especial en los países tropicales como Colombia, de cara a su mandato legal de velar por el poder adquisitivo de la moneda. Ocurre que los instrumentos tradicionales de la política monetaria, como las tasas de interés, sólo actúan sobre la demanda, y carecen de la capacidad para enfrentar choques de oferta de alimentos e inclusive de energía eléctrica cuando son originados en el estrés hídrico provocado por el cambio climático.

Por tanto, a fin de mitigar apropiadamente dichos choques, la política monetaria en principio no debe actuar, a no ser que se afecten las expectativas de inflación, como ha sido el caso. Resulta indispensable complementarla con el concurso de una política fiscal ambiental que le haga frente al estrés hídrico, gravando directamente las emisiones de carbono o mediante contribuciones prediales en el caso de las áreas rurales. Y, a través de créditos o descuentos tributarios, remunerando la prestación de servicios ambientales como la restauración asistida del bosque natural y la deforestación evitada en páramos y cuencas; la conservación de bosques en pie; la reforestación y la forestación nueva; la regeneración y la conservación de la biodiversidad; la conversión de ganadería extensiva a silvo-pastoreo; y el riego por goteo.

Resulta trascendental que al proyecto de reforma tributaria el Gobierno le incorpore, y los parlamentarios aprueben, un capítulo sobre la tributación ambiental y los pagos por servicios ambientales o ‘bonos verdes’, como también se les conoce.

Precisamente para evitar que la inflación siga subiendo y los hogares se endeuden mucho, ¿es factible pensar en nuevas alzas en las tasas de interés por parte del Banco de la República?

Claro que sí, pues la actual inflación anual, que alcanzó en marzo el 8%, la más alta en una década, y que ha permanecido durante catorce meses por encima del límite superior del rango meta (2%-4%), no está originada exclusivamente en los alimentos, o en la pronunciada devaluación del peso que experimentamos hasta fines del año anterior, sino también en presiones del lado de la demanda. Por tal razón la Junta del Banco ha elevado su tasa de interés de política en 250 puntos básicos, es decir del 4,5% al 7,0%, entre septiembre del año pasado y la última reunión que tuvo lugar el viernes anterior.

Adicionalmente al retorno de la inflación a la meta, el alza en las tasas también debe contribuir, mediante el control de la demanda, a reducir el abultado déficit de la cuenta corriente, cuyo principal componente es la balanza comercial externa de la economía, el cual se trepó al 6,5% sobre el PIB al finalizar 2016, una de las cifras más altas entre las economías de tamaño similar o superior a la colombiana en todo el mundo. De no lograrlo, semejante desequilibrio continuaría siendo una muy inquietante fuente de vulnerabilidad para el país.

Aunque es complejo predecirlo, ¿cuál cree que podría ser el rumbo que podría tomar el dólar teniendo en cuenta que el crecimiento de la economía de los EE.UU. todavía es débil?

Como le escuché a un buen amigo, uno no sabe quién es más tonto: ¿aquel que se atreve a predecir el rumbo de la tasa de cambio, o aquel que le cree? Pero lo que sí le puedo afirmar es que, en las circunstancias que vivimos, el derrotero del precio en pesos de la divisa depende muy estrechamente y en sentido inverso del derrotero de los precios del petróleo. La correlación (inversa) entre aquel y estos es casi perfecta.

Carlos Gustavo Cano SanzNacido en:  Ibagué, Tolima, el 5 septiembre de 1946.Profesión:  economista.Estudios:   Postgrado en el Instituto de Alta Dirección Empresarial, Inalde, 1986 y en Government, Business & the International Economy, Harvard University, 1981, y  master en economía, University of Lancaster, 1972, Inglaterra.Trayectoria:  Codirector del Emisor desde febrero de 2005, Ministro de Agricultura, consultor externo en Desarrollo Alternativo y Competitividad para la Región Andina, gerente de Fedearroz y fue presidente de la Caja Agraria entre los años 1995 y 1996.
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