“No vamos a afectar la organización política del país”

Febrero 20, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Alfredo García Sierra

El jefe de Planeación Nacional, Hernando José Gómez, defiende creación de zonas, como la Pacífica, para atacar la pobreza.

Han sido muchas las críticas al Plan Nacional de Desarrollo de la administración Santos porque fija una nueva regionalización territorial, habla de impuestos y hasta de nuevas reformas. El director de Planeación Nacional, Hernando José Gómez, es el encargado de enfrentar el reto de socializar los alcances de esa carta de navegación del Gobierno para los próximos cuatro años. Y como tal dice que esa polémica es sana para dicha estrategia.A muchos analistas no les convencen los alcances del Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno Santos porque toca cosas como subir los peajes, el predial y nuevas reformas. ¿Qué le responde a esos críticos?Un Plan de Desarrollo es la ruta de navegación de un gobierno. Esa ruta debe contener los principios fundamentales del programa de gobierno. Y ante todo los grandes proyectos de envergadura regional que deseamos hacer. Para lograr el cumplimiento de esos objetivos necesitamos ajustar algunas normas legales que nos permitan conseguir esas metas de manera funcional, para que no sea un plan que se quede en el tintero. Queremos hacer reformas que nos permitan que este plan se ejecute y se puedan medir sus objetivos. Si uno sigue haciendo lo mismo consigue los mismos resultados, pero cuando se trata de cambiar algunas cosas se genera una polémica, que creo que es muy sana. Por eso estamos socializando los alcances del plan de cara al país y al Congreso de la República para lograr un acuerdo sobre cuáles son esos elementos de la estructura jurídica que necesitan ajuste.¿Por qué se habla de que esa carta de navegación es más de corte fiscal, es decir, concentrada en lograr ingresos, y no en otros objetivos?El plan tiene tres objetivos fundamentales: mejorar las oportunidades de empleo de la gente, reducir la pobreza y consolidar los logros en seguridad. Estos tres elementos parten de entender que las regiones colombianas necesitan fortalecerse. Tenemos hoy unos desarrollos muy dispares en Colombia, por ejemplo, zonas que sólo podrían figurar en las estadísticas del subsahara africano, y otras que tienen estándares de vida similares a los de países del este europeo. Lo que buscamos es fortalecer la región colombiana en su capacidad de generación de ingresos, y con ello una mayor capacidad de inversión y desarrollo local.Hoy en el indicador Gini, que es el de concentración del ingreso, infortunadamente Colombia frente al contexto de América Latina, tiene uno de los peores indicadores, sino el peor. Pero para reducir ese atraso de las regiones se necesita mucho dinero...Indudabablemente para ejecutar esos programas se necesita plata y hacer sacrificios. Por ello, una de nuestras locomotoras es la agricultura, ya que la tierra no puede seguir convertida en un mecanismo de acumulación de riqueza, sino en generación de riqueza.Tenemos hoy una gran oportunidad con el crecimiento de los precios de los productos básicos, y Colombia es uno de los pocos países del mundo que puede elevar su producción sin necesidad de aumentar su frontera agrícola. Hay que tomar ventaja de eso, pero debemos contar con una política no sólo tributaria, sino de asistencia técnica, crédito y transferencia de tecnología que nos permita sacar provecho de toda esa demanda que tiene el mundo por alimentos.¿Habla de otra reforma tributaria?Ese no es mi tema...(risas)¿Entonces, de dónde van a salir los $500 billones que vale el Plan Santos? Pretendemos movilizar hacia los objetivos estratégicos del plan, una inversión de $564 billones, de los cuales el 60% sería aportado por el Gobierno y el resto a través del apalancamiento de participaciones público-privadas. Hemos contabilizado nuevas inversiones en el sector minero-energético, en concesiones de carreteras y férreas —como la del Ferrocarril de Occidente de Buenaventura hasta Bolombolo— logrando además la navegabilidad del río Magdalena.En ese sentido podremos tener una gran capacidad para movilizar recursos privados a medida que estructuremos proyectos de forma adecuada, y que podamos atraer inversión nacional o extranjera para su realización.Recientemente se creó la Región Pacífico como una forma de hacerse sentir frente al olvido del Gobierno. ¿Cómo recibió esa propuesta?Celebramos que se haya creado. Consideramos que de esta manera contaremos con interlocutores válidos que nos permitan identificar aquellos proyectos de alcance regional que podamos cofinanciar. Partiendo de una caracterización clara de cuáles son las necesidades de la zona Pacífica, el territorio andino y el Macizo Colombiano, podremos ponermos de acuerdo sobre qué inversiones van a romper y eliminar cuellos de botella que tiene la productividad de la región, o que van a tener un mayor impacto social. La Nación le da todo su apoyo a la decisión de los gobernadores de crear este bloque del Pacífico. ¿Por qué en el Plan se definió una nueva zona Pacífica, que muchos vallecaucanos han interpretado como una división territorial, ya que Buenaventura quedaría aparte para efectos gubernamentales?Eso no es cierto. La caracterización que hicimos en el Plan de Desarrollo de las diferentes regiones de Colombia (seis en total) lo que busca es un mecanismo que nos permita adecuadamente focalizar e identificar las necesidades de todos los municipios. De ninguna manera se pretende afectar la organización política del país, o ir en contravía frente a lo que determine la ley de Ordenamiento Territorial. Esa definición lo que permite es identificar mejor las zonas de pobreza que conviven con regiones vecinas o aledañas de gran riqueza, para que el Gobierno pueda enfocar mejor su oferta social y de infraestructura económica, y lograr que esos territorios más atrasados se integren al resto del país.El reto que tenemos es generar centros de desarrollo en cada una de las zonas, y que el centro del país irradie su progreso hacia la periferia de la Nación, donde están los más altos índices de pobreza.¿Qué heredó el actual Gobierno en cuanto a atraso regional?Mientras en la zona central, ese paralelogramo que está circundado por Bogotá, Medellín y Cali, el Índice de Necesidades Básicas Insatisfechas, NBI, es del 17%, en la región Caribe ese indicador se duplica, es decir, llega al 46%. Y cuando pasamos a la zona del Pacífico, ese índice se vuelve el 63%. Son realmente abrumadoras las diferencias de calidad de vida, y como tal nos hemos comprometido con la prosperidad para todos, pero actuando de manera coordinada con las regiones para priorizar las inversiones.¿Eso significaría llevar más recursos a Buenaventura, que al resto de los municipios pobres del Valle, debido a esa regionalización?Indudablemente tenemos que ser conscientes que mientras más atrasado el municipio más apoyo tenemos que darle para que forme capacidad institucional, de administración y planeación local. Necesita además una inyección de recursos para que pueda superar problemas, por ejemplo, de analfabetismo. Por Dios, los problemas de analfabetismo en el Pacífico superan el 23%. Es un índice que teníamos hace 50 años en el promedio nacional, lo cual requiere una acción inmediata del Estado. Por ello, la inversión per cápita tiene que ser mayor en las zonas más atrasadas, lo cual no significa que no habrá esfuerzos hacia municipios que no estén tan afectados por la pobreza, pero que necesitan apoyo para consolidar su desarrollo.¿En qué se basó el Gobierno para proponer peajes urbanos, pues así lo cita el Plan de Desarrollo?Aquí lo que se ha tomado es un artículo que viene desde el 2002 que se mantuvo vigente en el plan del 2006 (Plan de Desarrollo de Uribe), y que todavía nadie lo ha utilizado. Es pensar que el día de mañana pueda haber autopistas urbanas, dando libertad a las entidades territoriales para que decidan cómo las quieren financiar, ya sea con impuestos, valorización o con peajes. Ese es un problema de cada entidad territorial y dado que los expertos internacionales han dicho —unos están de acuerdo, otros no— de que el esquema de autopistas como las que ha construido Chile, han resuelto buena parte de sus problemas de movilidad. Es algo que se pensó desde el 2002, y por lo tanto no es un tema que sea nuevo. Se quiere mantener como una alternativa que puede tener un alcalde en un momento dado, si así lo desea.¿Pero cómo avanzar en infraestructura vial en sólo cuatro años?Es importante entender que muchas veces la inversión social de mayor impacto es la de infraestructura. Eso no lo piden cuando vamos a las regiones.Somos conscientes de que tenemos que hacer un esfuerzo para seguir ampliando las dobles calzadas, de las cuales recibimos 1.000 kilómetros, muchas no terminadas, y que debemos concluir, aunque tienen problemas graves de adquisición de predios, de licencias ambientales y de diseño. Vamos a impulsar las que ya están contratadas como la Ruta del Sol, las autopistas de la montaña, o la consolidación de la doble calzada Bogotá-Buenaventura, que son otros 1.000 kilómetros nuevos.Tenemos en mente otros desarrollos como el de Santander Quilichao-Popayán, que le daría una gran conectividad a Cali y el Cauca. Son inversiones que buscamos irradien desarrollo de centros productivos como Cali hacia sus vecinos.

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