“Los altos impuestos son un suicidio para la economía”: presidente de la Andi

Marzo 07, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Alfredo García Sierra | Reportero de El País

Bruce Mac Master, presidente de la Andi, afirma que próxima reforma tributaria debe ser seria y responsable. Dice que en la industria y el agro, y no en el petróleo, está el verdadero desarrollo del país.

[[nid:453541;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/08/bruce.jpg;full;{Bruce Mac Master, presidente de la Andi. Foto: Elpaís.com.co l Colprensa}]]

 

Colombia es hoy el tercer país en el mundo donde las empresas pagan los más altos impuestos. Por ello, la próxima reforma tributaria debe ser estructural para que los empresarios no sigan soportando una tasa de tributación que llega al 70 %, la cual  desestimula la inversión, la modernización, la competitividad y el empleo. Lea también: Prepare su bolsillo: viene ‘revolcón’ de impuestos en 2016

Las reflexiones son del presidente de la Asociación Nacional de Empresarios, Andi, Bruce Mac Master, quien recalca que si ese proyecto no se tramita de forma seria y responsable será otra colcha de retazos.

El dirigente sostiene de paso que el país debe  impulsar el agro y la  industria, para aprender de  las amargas lecciones que están dejando hoy el petróleo y la minería. 

¿Qué viene para la industria colombiana en 2016, un año que -se prevé- será difícil para la economía?

El año 2016 en términos macroeconómicos puede ser de especial cautela por las razones ya conocidas por todos. Sin embargo, nosotros esperamos desde el punto de vista industrial que la tendencia que se había registrado en 2014 y 2015 se revierta completamente y logremos tener cifras positivas. Y que no solo podamos crecer localmente con una sustitución mayor de importaciones, sino también aumentar la balanza exportadora. La industria colombiana ha estado presente por años, aún en los momentos más complejos de la historia, como responsable en buena parte del desarrollo que ha logrado el país, a pesar de la enfermedad holandesa que hubo tan fuerte en los últimos diez años.

Con base en esa  confianza que usted menciona, ¿a qué nivel o tasa de crecimiento le apuesta la industria para el 2016?

Vamos a tener dos tipos de indicadores, incluyendo el  efecto de la nueva planta de Reficar, la cual generará un crecimiento muy importante para todo el sector. Y cuando digo todo, estamos hablando de un crecimiento del 5 % o 6 %. El resto de la industria que ha tenido cifras negativas va a registrar un crecimiento por encima del 2 %, ojalá más cercano al 3 %, lo cual es una buena noticia para el país. 

 Si algo caracteriza a una economía es saber manejar bien sus crisis, pero mirando con optimismo el futuro.

 Las exportaciones colombianas cayeron 35 % en 2015. Llama la atención: ¿Por qué no se ha aprovechado una tasa de cambio como la actual de $3.300 por parte de la industria colombiana?

Colombia se llenó de alguna forma de macroeconomistas y se le olvidó cultivar  microeconomistas. Desde el punto de vista macro la tasa de cambio más alta conduce automáticamente a un crecimiento exportador. Desde el punto de vista microeconómico eso no sucede porque las compañías tienen que hacer muchas cosas para poder exportar. 

Tenemos que contar con infraestructura idónea, energía más competitiva al igual que mecanismos laborales competitivos. Y superar trámites interminables que no facilitan la tarea exportadora. Hay que tener las plantas operando con tecnología de punta, y sobre todo los contingentes comerciales para salir al mundo a vender. La enfermedad holandesa desestimuló fuertemente a los grupos de vendedores colombianos (de la industria) en el exterior. Como no eramos competitivos no valía la pena gastarnos esos recursos tratando de llegar a mercados donde nuestros productos podrían ser buenos y certificables, pero al final del día no lográbamos vender porque  la tasa de cambio no  lo permitía.

  ¿Qué nos quedó de todo eso en Colombia que desestimuló  su  industria y se inclinó por el petróleo, que ahora nos está causando un gran perjuicio económico?

El país tiene que aprender la lección de los últimos diez años. Y lo dijimos: no podemos tener un país monoexportador, o que dependa solo del petróleo y de la minería. El Gobierno y las regiones deben hacer ahora un esfuerzo importante para ahorrar regalías y no gastarlas todas porque cuando se trae la totalidad de esos recursos a Colombia hay un efecto muy grande en tasa de cambio que le quita competitividad a la industria y al agro. En Noruega, por ejemplo, el 70 % de los recursos del petróleo se ahorran para que no se produzcan efectos adversos sobre la industria. 

Y cuando el precio del petróleo vuelva a subir, ojalá el país recuerde  que las verdaderas fuentes de largo plazo y sostenibles —que equilibran el crecimiento— son la industria y el agro. Eso no lo podemos olvidar.

¿Eso significa que fue equivocada la política industrial de los últimos gobiernos?

Claro. He venido diciendo que Colombia no tiene una política industrial desde hace muchos años. El año pasado le hicimos una propuesta al Gobierno, y entregamos un documento que nosotros denominamos “Estrategia para una Nueva Industrialización”, el cual viene siendo estudiado y algunas medidas ya han sido aplicadas, pero falta la decisión de que Colombia como país se decida a sacar adelante la agroindustria y la industria. Allí está el futuro.

  La reforma tributaria ha vuelto a sonar con fuerza, tanto que las calificadoras de riesgo y el BID la consideran urgente. ¿Qué tanto esperan los empresarios de esos cambios en materia de impuestos?

Colombia tiene una tasa de tributación para los empresarios del 70%, la tercera más alta del mundo, lo cual es una de sus grandes desventajas y una torpeza gigantesca, pues nos ponemos el palo en la rueda para no desarrollarnos. En otros países esa tasa es hasta del 40 %.  

Eso se lo contamos al Gobierno en el 2014 e infortunadamente en ese momento fue ignorado nuestro llamado de atención, aunque sí se decidió a crear una comisión de expertos que ha reconocido que Colombia tiene una alta tasa de tributación que  es un verdadero suicidio desde el punto de vista económico.

 Eso lo tenemos que solucionar pronto ya que a todo el país le debe interesar nuestra competitividad nacional e  internacional porque genera empleo, ingresos y  las familias pueden tener mayor capacidad adquisitiva. Tenemos incluso la capacidad de pagar más impuestos, pero si producimos más ingresos,  eso le da al Estado la posibilidad de realizar mayor inversión social. 

¿Qué tan  confiable puede ser la próxima reforma tributaria, ya que las  anteriores solo han servido para atender  vacíos fiscales?

Esperamos que se dé un trámite serio, profundo, oportuno y responsable. Y que conduzca a lo que originalmente pretendía la comisión de expertos: lograr que el país sea más competitivo. 

Hace dos años no teníamos problemas fiscales, y ese no era el objetivo de la reforma cuando nosotros la planteamos. Hoy,  la situación es más apretada y es un objetivo nuevo en la política tributaria. Es decir, que Colombia deje de ser el tercer país donde más pagan impuestos las empresas, y que por lo menos tenga los mismos niveles de los países desarrollados.

 ¿Le suena que más colombianos paguen impuestos y asuman un alza del IVA, o no?

La base de contribuyentes tiene que ampliarse. En otros países la totalidad de los ciudadanos, para exigirle al Estado, tiene que contribuir a que el mismo funcione. No es razonable que unos pocos ciudadanos y empresas paguen impuestos. Eso no pasa en ninguna parte del mundo. 

 Sobre el IVA la discusión debe ser integral, y por ello la reforma tiene que ser estructural. Si comenzamos a ‘despiezar’ el debate de la tributaria tenga la plena certeza de que vamos a terminar en otra colcha de retazos, peor que la de hoy.

¿Están la industria colombiana y el empresariado preparados para el posconflicto, y hacia dónde deben enfocarse esos esfuerzos?

Soy un convencido de que cuando logremos mayor valor agregado al agro, es decir, tener agroindustria, y no solo cultivar ciertas cosas,  tendremos un mayor desarrollo que no nos haga depender del petróleo, el carbón o la minería. 

La principal oportunidad que tiene  el empresariado es justamente la de generar opciones, no solo para los reinsertados o a quienes vienen de los movimientos guerrilleros, sino para las víctimas del conflicto y las personas que han estado en situación de vulnerabilidad y pobreza. 

Los empresarios tienen como objetivo generar más oportunidades económicas serias, para que tengamos familias educadas y  puedan salir del círculo de la pobreza.

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