La mala hora económica que vive Argentina

Abril 07, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Patricia Lee corresponsal de El País
La mala hora económica que vive Argentina

Al cierre de las importaciones que determinó el Gobierno se suma una inflación elevada y un apretón fiscal severo. Análisis.

Al cierre de las importaciones que determinó el Gobierno se suma una inflación elevada y un apretón fiscal severo. Análisis.

Cualquier ama de casa que va al mercado intuye que las cosas no andan bien. Los lugares de abastecimiento son testigos de la ‘mala onda’ por la que pasan ahora los consumidores. En El Progreso, una de las plazas de mercado más tradicionales de Buenos Aires, las ventas se han ido en picada. Lo mismo pasa en los supermercados de cadena. Las frutas, almendras, jamones artesanales y otros productos de alta calidad no se venden. La razón es que los precios están muy elevados. Y no es para menos, pues Argentina maneja ahora una de las inflaciones más altas del mundo (alrededor del 25%), incluso por encima de Venezuela, y un crecimiento económico que viene de capa caída. Se estimaba que el año pasado el PIB crecería sobre 8%, pero la realidad parece que no excederá del 6%.Los proveedores también se quejan de que las grandes cadenas les compran menos, porque tienen enormes stocks (inventarios), lo que ha generado un freno en la producción. Alpargatas, la mayor fábrica de calzado deportivo, suspendió las labores de sus plantas durante varios días por exceso de stock.En otras palabras, la economía argentina ha dejado de navegar en aguas tranquilas y los nubarrones se empiezan a juntar en el horizonte, aunque ningún analista cree que el país esté al borde del colapso.Aún así, el Gobierno pretende controlar la inflación con medidas drásticas, como lo dijo Guillermo Moreno, secretario de Comercio, quien define los aumentos de precios y controla personalmente cada autorización para importar. Lo cierto es que en la práctica escasean medicamentos, equipos industriales, repuestos de maquinaria, accesorios de tecnología y hasta frasquitos para los condimentos de la cocina. Como no hay producción nacional capaz de reemplazar todo lo que un país necesita, el resultado es fogonear la inflación, pues a menos productos, mayores precios.El mercado inmobiliario también se frenó. Todo por los controles de cambios impuestos el año pasado, ya que tanto las cotizaciones como las transacciones son en dólares. Desde el año pasado, el que quiera comprar aunque sea un dólar tiene que pedir permiso a la Afip (Administración de Impuestos) por Internet, y casi nunca lo logra. Se pueden conseguir dólares en un reducido mercado paralelo pagando por lo menos 5 pesos por dólar, cuando en el mercado oficial se cotiza a $4.40.Analistas critican el modelo económico de la señora Fernández de Kirchner, que se basa en un tipo de cambio alto para hacer competitivas las exportaciones y precios altos. En diciembre, el Gobierno decidió terminar con los subsidios a los servicios públicos, aumentando los precios de gas, luz, agua y transporte.Y en el primer trimestre de este año decidió cerrar las importaciones, lo que llevó a los países de la Unión Europea y Estados Unidos a presentar una queja ante la Organización Mundial de Comercio, OMC.Para el economista Orlando Ferreres, “hay un panorama complejo, aunque no creo que estemos al borde del colapso”. El plan de este Gobierno era “un populismo radicalizado que se basaba en el consumo”, anotó.Mientras llegan las soluciones, las amas de casa argentinas buscan la manera de adquirir sus bienes.Razones que explican la crisisA juicio de analistas, Argentina comenzó a sufrir altibajos en su actividad económica desde finales de la década de los 90, cuando el ministro de Economía del 91, Domingo Cavallo, recurrió a la paridad del peso argentino con el dólar estadounidense (Ley de Convertibilidad). Al principio, el país percibió altas tasas de crecimiento pero con la globalización las cosas cambiaron y el desempeño económico se frenó. Ese modelo produjo una concentración económica en los sectores financiero, de servicios y agroexportador, al mismo tiempo que una desocupación cercana al 20%.Sobrevino una recesión en 1998 que estalló a finales de 2001, y terminaron por provocar el fin de la Ley de Convertibilidad. Pero tal situación generó luego una corrida bancaria que desestabilizó al sistema financiero. Los usuarios comenzaron a retirar sus ahorros, por lo que el Gobierno restringió los retiros (medida que se conoció como ‘Corralito’). En forma simultánea el país entro en cesasión de pagos (default) de la deuda externa (pública y privada).Ya en el 2005 el se lanzó oficialmente la operación de canje de la deuda en default. El proceso de reestructuración de la deuda externa fue largo y complejo para quienes decidieron ingresar en el canje. En diciembre de ese año, el presidente Néstor Kirchner decidió liquidar la deuda argentina con el FMI en un sólo pago, sin nueva financiación, por un total de US$9.810 millones utilizando las reservas internacionales. Esa reducción en el nivel de las reservas desató una polémica interna en el país.No obstante, la economía repuntó 9% en el 2005; 8,5% al año siguiente y 8,7% en el 2007, gracias, según analistas a una política económica de dólar alto, destinada a favorecer la sustitución de importaciones, lo que fortaleció la industria argentina. La economía se recuperó. Un año después, en el 2008, y luego en el 2009 la crisis económica internacional, iniciada en Estados Unidos, repercutió en la economía argentina. El PIB se contrajo de nuevo; a finales del 2009 creció apenas 0,9%.De allí en adelante la inflación se disparó, llegó a niveles del 25%. Y hoy, en el Gobierno de Cristina Fernández, el clima de la economía no se ha despejado. Ella insiste en un canje de la deuda externa con las reservas del Banco Central. La medida más reciente fue ponerle freno a las importaciones, lo que ha generado varias denuncias.Sobre la petrolera YPFLa historia de YPF es como la de todas las privatizaciones del gobierno de Carlos Menem. En 1992, el Congreso Nacional aprobó la privatización de la empresa petrolera estatal, que se acompañó con la posterior decisión de la Asamblea Constituyente de traspasar la propiedad del subsuelo a las provincias. Estas dos medidas fueron apoyadas por Néstor y Cristina Kirchner, en ese tiempo gobernador y senadora provincial de Santa Cruz respectivamente, poniendo en las manos de los gobernadores y de las élites políticas locales el control de los recursos estratégicos de la nación. En 2005, ya como presidente, Néstor Kirchner impulsó que la familia Eskenazi, propietaria del banco provincial de Santa Cruz, se quedara con un 15% de YPF-Repsol primero y un 10% más después, precio que, al no tener el dinero, se pagaría con los futuros dividendos de la empresa. Al mismo tiempo, permitió a YPF-Repsol girar al exterior el 90% de sus dividendos, en lugar de invertirlos en Argentina para reponer las exiguas reservas, medida muy conveniente en medio de la crisis económica mundial. “Se autorizaba una operación de vaciamiento de la compañía”, denunció el senador y cineasta Pino Solanas. “Todos los países del mundo tienen su petrolera estatal. El único país que no la tiene es la Argentina”, dice Solanas. La salida del Gobierno ha sido la de que las provincias retiren concesiones a YPF, provocando una caída del valor de sus acciones, no se sabe si con el fin de comprar una parte (la del grupo Eskenazi), o tomar una medida más radical contra el propietario español.

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