La inundación no ‘ahoga’ el sueño de los empresarios

Diciembre 03, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co
La inundación no ‘ahoga’ el sueño de los empresarios

Operarios de empresas se las ingeniaron para tratar de recuperar algunos bienes de oficina, así el agua les llegue a la cintura.

La compañía Oil Chemical abría sus puertas esta semana, pero las lluvias ‘aguaron’ la fiesta. La empresa quedó bajo el agua por el drama que vive la zona franca debido a las inundaciones que provocaron los desbordamientos de los ríos Guachal, Frayle y Palmira.

El lunes pasado, 29 de noviembre, la comercializadora de productos químicos y combustibles Oil Chemical debió abrir su planta en la Zona Franca del Pacífico, pero por decisiones de la naturaleza no pudo hacerlo. La fuerte oleada invernal le ‘aguó’ la fiesta. Y es literal, la empresa quedó bajo el agua por el drama que vive la zona franca debido a las inundaciones que provocaron los desbordamientos de los ríos Guachal, Frayle y Palmira y los zanjones que están cerca a la entidad (Tumaco y Pomac).El anhelo de los empleados y del gerente de Oil Chemical, Rafael Orozco, naufragó el mismo día que debían emprender labores. “Los empleados que habíamos contratado y los dos mil millones de pesos que invertimos en la construcción de la planta quedaron sumergidos. Las inclemencias del clima frenaron nuestro sueño”, expresó el señor Orozco. Pero la fe y la ilusión de crear empresa es más fuerte y desde ese mismo día Oil Chemical está despachando desde la casa del Gerente. “Por lo menos durante el mes de diciembre trabajaré desde allí con los empleados y, en enero, miraremos qué pasará”, comentó el señor Orozco. Esa actitud mental es la misma que tienen otros empresarios de la Zona Franca del Pacífico a pesar de las enormes dificultades por la que atraviesan desde hace cinco días. 30 empresas conforman la zona franca y todas están anegadas. “Todo el lugar parece una piscina”, dijo Bertha Rojas, gerente de la entidad, quien envió un mensaje de solidaridad debido a la gravedad de la inundación. Y no es para menos, pues toda las operaciones están paralizadas y casi la totalidad de las empresas tienen bajo el agua mercancía, equipos y maquinaria. “No hay energía y nadie puede ingresar, a menos que lo haga en balsa”, señaló la señora Rojas. Incluso, la central térmica Termovalle que tiene un contrato de respaldo con Epsa para generar 140 megavatios de energía cuando lo requiera, se declaró fuera de servicio por fuerza mayor.“Aún no se sabe si los equipos se recuperarán o si el daño será irrecuperable, pero la inversión que se hizo en la central térmica fue estimada en US$300 millones”, añadió la Gerente de la Zona Franca del Pacífico. En la víspera, El País intentó hablar con directivos de Termovalle, pero no obtuvo ninguna comunicación. Se supo que están trabajando sin descanso para encontrar alguna solución.La única empresa que se logró salvar de la inundación fue PGI, dedicada a la fabricación de telas y pañales. La planta se construyó sobre una plataforma a una altura de un metro y medio. En los patios de la Zona Franca del Pacífico aún se observan vehículos de varias marcas, todos inundados. Entre ellos hay autos de origen chino, coreano y francés. De los casi mil que estaban parqueados se alcanzó a retirar un 95%, pero aún así las pérdidas son considerables, pues esos automotores están cubiertos en casi un 50%, expresaron empresarios.Oficina en la víaBertha Rojas no baja la guardia. A pesar de que sus ojos denotan una gran preocupación decidió trabajar en la carretera y ponerle el pecho a la inundación para encontrarle salidas al agua. Desde hace cinco días viste un jean, botas pantaneras y gorra y a punta de radio y celular coordina una enorme lista de tareas. Pero reconoce que si no se logra taponar lo más rápido posible el boquete que se abrió en el jarillón de los ríos Palmira y Frayle, el agua seguirá llenado los zanjones que están cerca de la entidad. “Si eso ocurre... no quiero imaginarlo”. En eso está trabajando Juan José Arango, miembro del comité de Asocaña, quien junto con voceros de ingenios, Smurfit Kappa Cartón de Colombia, la Fedecafé y el concesionario Pisa. “La tarea es difícil, pues el boquete del jarillón es de más de 25 metros”, dijo.

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