Industria aeronáutica del Valle quiere volar más alto

Junio 20, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Yaira Arroyave Monsalve | El País

En los cielos de países como Israel, Portugal, Irán y Australia vuelan aviones ‘Made in Jamundí’ gracias a la empresa Aeroandina S.A., que lleva más de 40 años en el negocio de la aviación.

De seguro, muchos residentes en Jamundí nunca han viajado en avión, pero paradójicamente, en ese municipio del Valle, de 62.000 habitantes, existen tres empresas que se dedican a producir aeroplanos. Esta industria aeronáutica que para la mayoría es desconocida, ya tiene volando sus naves por todo el mundo y ha logrado posicionar a la región como la pionera en la fabricación de ultralivianos en el continente. Aeroandina, Ibis y Caldas, son las tres empresas que conforman este ‘cluster’ aeronaútico e intentan volar tan alto como sus motores se lo permitan. Con más de cuarenta años de historia, Aeroandina S.A. despegó gracias a la terquedad de su creador: Máximo Tedesco. Este hombre, que vive cada día con la velocidad de los aeroplanos que diseña, nació en Cali gracias a los buenos vientos. Sus padres, ambos europeos, llegaron a esta ciudad y crearon una empresa de sombreros para la que Máximo trabajó años después.Sin embargo, haber estudiado ingeniería mecánica y aeronáutica en Italia y Estados Unidos, respectivamente, lo impulsaron a tomar el timón de su sueño de volar y empezó a fabricar un avión en el garaje de su casa.Su negocio intentó decolar cuando inició produciendo autogiros, unas máquinas a las que él llama “asientos que volaban” y que son usados para fumigar. Pero debido a la competencia tuvo que aterrizar de emergencia y darle un vuelco a su negocio para dedicarse a los aviones de turismo y recreación y empezó a venderlos en Colombia. Eso fue en 1971.Hoy, casi 40 años después ha vendido más de 600 aviones en todo el mundo, de los cuales sólo unos 50 están en Colombia. La razón dice, “es muy complicado tener un ultraliviano en el país, la reglamentación y los procesos para volar son caros y difíciles”. Máximo recuerda que llegó volando en su propio avión hasta Tierra de Fuego en Argentina y que en otros tiempos, los paseos de los domingos eran ir a volar, “pero ahora, todo es distinto”, cuenta. Actualmente tiene seis modelos a la venta, el de menos valor alcanza los US$40.000. En total, 35 personas trabajan en su fábrica. “Hemos sobrevivido a dos crisis pero volvimos a tomar vuelo porque somos pioneros en innovación”, concluye Máximo, maestro de muchos que ahora están en el negocio.Ese es el caso de Mario Sánchez, dueño de Ibis Aircraft, que después de años de trabajo y aprendizaje con Tedesco, decidió crear su propia empresa de aviones, hace más de 16 años, y desde hace tres dejó los cielos nacionales para exportar a países tan lejanos como Portugal, España, Israel, Grecia, Irán y Australia. Son 14 naciones en total.En un año, Ibis puede vender unos 20 aviones en todo el mundo y lo hace en dos modalidades: listo al vuelo (es el avión terminado y que puede costar unos $120 millones en Colombia), y venta en kit, que es la aeronave sin motor ni instrumentos. Además, según Juan Manuel Mosquera, director de planta de la compañía, “los clientes pueden escoger el color y hacerle las variaciones que deseen en los instrumentos, el motor o la cojinería”.Estas aeronaves son fabricadas con metal y fibra de vidrio, pueden volar cuatro horas y media sin necesidad de recargar combustible (a una velocidad máxima de 120 millas por hora) y funcionan con gasolina extra.Mosquera asegura que una de las partes más importantes fue capacitar a las 20 personas que trabajan en los talleres. “Trabajamos con habitantes de Jamundí, que no sabían sobre el tema, aquí no hay gente preparada en aeronáutica, entonces tocó capacitarlos. El sector tiene mucho potencial en el Valle del Cauca”.Alzando vueloLa historia de Alberto Caldas siempre ha estado por las nubes. Con una madre azafata y un padre piloto, la vida de este hombre de 53 años siempre ha estado ligada a los aviones. A los cinco años, su padre le dio las primeras clases de aviación y desde ahí, volar se convirtió en su goma.En abril del año pasado terminó su primer avión, el Vento 2G7. “Verlo volar fue una sensación maravillosa, fue una alegría saber que mi papá estaría orgulloso dee esta hazaña, hasta lloré”, recuerda.Ahora desarrolla su segundo prototipo que, según él, será un éxito en el mercado por su precio y calidad. “Será un ultraliviano que costará unos $20 millones sin motor y será el avión más elemental que se pueda diseñar para que así muchas personas puedan cumplir el sueño de volar”, dice Caldas. Su empresa, Caldas Aeronáutica, espera tenerlo listo en los primeros días de septiembre y la producción podría llegar a unas diez unidades al mes.Además, está construyendo un nuevo club de aviación y aeródromo a las orillas del Río Cauca, un proyecto donde por ahora ya puso a volar su imaginación.Despega el ‘cluster’ La Cámara de Comercio de Cali, CCC, realiza las gestiones para organizar el sector aeronáutico del Valle como un ‘cluster’, o una cadena productiva. Daniel Zamorano, subdirector de análisis económico y social de la CCC, explica que se han identificado cuatro ventajas importantes para darle desarrollo al sector. “La primera es que tenemos en la ciudad la Escuela de Aviación Marco Fidel Suárez con su Centro de Investigación en Tecnología Aeronáutica, Cita; las empresas productoras de aviones ultralivianos, una industrial metalmecánica fuerte y un gran número de facultades de ingeniería”, cuenta.Zamorano dice que ya se han adelantado acciones para fortalecer el sector. “A raíz de las compras que Colombia hizo a la fábrica brasilera Embraer, el país recibe unos contratos de compensación para esa firma, por lo que estamos buscando empresas que se puedan convertir en proveedores de partes aeronáuticas. Ya hemos identificado 38 empresas”. Además, se puso en marcha en Univalle la maestría de Ingeniería Aeronáutica, “sólo falta la aprobación del Ministerio para poder seguir formando a los profesionales. Tenemos un componente muy important

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