“Hay que premiar el ahorro de energía, pero fijar castigos”: presidente de Celsia

“Hay que premiar el ahorro de energía, pero fijar castigos”: presidente de Celsia

Marzo 06, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Alfredo García Sierra | Reportero de El País

Ricardo Sierra, presidente de Celsia, propietaria de Epsa, afirma que la situación del sector es crítica por El Niño. Dice que decisión sobre un racionamiento le corresponde al Gobierno y no a las generadoras.

[[nid:451240;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/08/sierra.jpg;full;{Ricardo Sierra, presidente de Celsia. Foto: Elpais.com.co | Archivo}]]

El fantasma del apagón o de eventual un racionamiento ha vuelto a asustar a los colombianos. Y lo peor es que pese a las dificultades que ha ocasionado el fenómeno de El Niño y la sequía al sistema eléctrico el consumo de energía sigue creciendo a tasas de entre el 8% y el 10%. En otras palabras no hay ahorro. Lea también: Gobierno descarta racionamiento eléctrico y cambio de hora por 'El Niño'

El panorama, según el presidente de Celsia, Ricardo Sierra, una de las más poderosas compañías del sector —y propietaria de la Empresa de Energía del Pacífico, Epsa— es muy crítico, y más cuando salieron de servicio Termoflores y la central hidroeléctrica de Guatapé, lo que obligó a importar energía del Ecuador.

Por ello, recalca que es urgente que el Gobierno establezca no solo incentivos a los ahorradores, sino castigos vía tarifa a los derrochadores.

 ¿Qué tan grave fue el año en Termoflores como para poner en jaque al sistema eléctrico nacional, y al borde de un racionamiento?

Se presentó un daño en la central (ubicada en Barranquilla) en momentos en que se adelantaba el proceso de apagado de la máquina para someterla a mantenimiento. Hubo una pieza que se desprendió y generó un daño grande en la zona de combustión. Esa avería  nos generó unas alertas por las implicaciones al sistema. Las inspecciones que hemos hecho a la central nos llevan a estimar que el daño es reparable entre tres y cuatro semanas para que   esté nuevamente funcionando.

¿Cuál es la afectación y el impacto real de esa avería?

Contamos en Flores con 610 megavatios de capacidad y potencia. Y tenemos indisponibles 230 megavatios debido a la máquina que tuvo el problema. La térmica completa puede representar un 6% o 7% del mercado total, pero lo que sale del sistema es alrededor de un 2% o 2,5%.

Teniendo en cuenta lo de  Termoflores y el incendio en Guatapé, ¿qué tan cerca estamos de sufrir otro apagón como el de 1992?

 El sistema eléctrico está en una situación muy delicada y  muy frágil. Fuera de los problemas que estamos teniendo, enfrentamos inconvenientes en cuanto a líneas de transmisión por parte de los jugadores del mercado. Hoy, por ejemplo, está por fuera Porce III a Cerromatoso, que implica que a la Costa Atlántica no le llegue suficiente energía desde el interior del país. 

Por el otro lado, enfrentamos una demanda que está subiendo mucho a pesar de todos los mensajes de ahorro. Son problemas que el Gobierno y XM deben sopesar muy bien sobre las implicaciones —que El Niño, el crecimiento de la demanda y los daños— tienen para el sistema.

¿No cree que con base en todos esos inconvenientes  Colombia está al borde de cortar la energía por horas  a los usuarios?

Estamos en el límite. Pero no me corresponde a mí sino a XM y al  Gobierno responder ese interrogante. XM es una empresa filial de ISA que se encarga de operar el Sistema Interconectado Nacional colombiano a través del Centro Nacional de Despacho  y de administrar el Mercado de Energía Mayorista.

Usted habla de un fuerte aumento de la demanda precisamente en esta coyuntura crítica. ¿Eso significa que los colombianos seguimos derrochando energía?

Las campañas de ahorro normalmente no son muy efectivas. Hasta que uno no siente la necesidad o la angustia que se va a quedar sin luz un par de horas o más, la gente no toma conciencia. Lamentablemente, estamos viviendo el peor fenómeno de El Niño en 50 años de historia. Si uno mira las plantas que tenemos en el suroccidente colombiano, a cargo de Epsa, la situación es complicada. El 38% de la media histórica ha sido el promedio de aporte de agua en estos primeros meses. Eso es gravísimo. Es decir, que si estamos entrando en un estado crítico.

Pero, qué hacer para motivar a la gente a ahorrar energía antes que imponer sanciones o tarifas más altas en los consumos?

El Gobierno primero tiene que establecer un incentivo o un premio para los usuarios ahorradores. Pero lamentablemente  se ha demorado mucho en expedirse esa reglamentación. Hace cuatro meses se anunció este tema y no ha salido nada. Hay que premiar a los que ahorren (sean hogares, industrias o comercios), en estos momentos. No solo castigar al derrochador, sino que debe haber un mecanismo de incentivo para quienes ahorren en sus consumos. Ojalá salgan estas medidas de manera rápida.

¿Usted es  partidario del incentivo o el castigo a los derrochadores?

Creo que las dos. Digamos que si hay una reducción en la demanda del 10% en el próximo mes la situación del sector se fortalece mucho.

¿Qué tan complicada es la situación en el suroccidente del país, específicamente en Valle, Cauca y Nariño?

 El suroccidente colombiano es la zona más ‘aporreada’ por el impacto del fenómeno de El Niño. Por ejemplo, en la central de Calima estamos recibiendo 3,1 metros de agua por segundo, cuando el histórico en enero era de 11 metros. Es decir, que estamos recibiendo apenas un 25%. El embalse está en un 15% de su capacidad útil para generar energía. En Salvajina, por su parte, el volúmen útil se encuentra en 33%, y no está llegando nada de agua. Es la que atiende a todo Cali y al Cauca.

Pese a ello, la central de Anchicayá está un poco mejor y su embalse se ubica en un 44%. 

 Cabe recordar, que los embalses nuestros en Celsia aportan solamente el 3% de las reservas hídricas del país. 

Con base en esas cifras y perspectivas, ¿hasta dónde podría resistir el sistema eléctrico?

Entramos a los meses más críticos del fenómeno de El Niño. La etapa crítica es marzo y abril, y específicamente abril. Ahí es donde vamos a medir realmente si el sistema es capaz de aguantar o no. Debería comenzar a llover a finales de abril o en mayo para que esa entrada de agua ayude a los embalses a recuperar sus niveles.

Si esos pronósticos climáticos no se cumplen, ¿cuál sería el verdadero panorama para las generadoras y los usuarios?

Lo importante es recuperar los embalses a un nivel promedio o cerca a los promedios históricos. Y lo que va a pasar es que el parque térmico va a continuar encendido hasta posiblemente pasar el siguiente verano del 2016 al 2017. Es decir, que las plantas térmicas estarían exigidas hasta junio del año entrante. 

 Lo más serio  es que el parque térmico está enfrentando un problema de sostenibilidad económica complicado. El Gobierno y la Comisión de Regulación de Energía y Gas, Creg, deben revisar la fórmula de precio de escasez por kilovatio porque de lo contrario no habrá inversionistas térmicos en el país. Se está generando a pérdida, y hacerlo es insostenible. Hace 18 meses comprábamos a $8000 el millón de BTU (unidad de energía), y hoy está a $30.000.  Y el precio que nos remuneran por kilovatio bajó de $500 a $300. Las térmicas que operan con diesel son más costosas en su operación, pero están equilibradas.

Con base en todo lo anterior, ¿cuál es el impacto tarifario que vendría para los usuarios, ya que las alzas han comenzado a sentirse no solo en las casas, sino en las empresas?

Es difícil decirlo, pero quien derroche energía hay que castigarlo en un momento de estos definitivamente. Pero hay que buscar el mecanismo para hacerlo vía tarifa o restricción del suministro.

¿Por qué los gremios del sector y las generadoras le atribuyen a la excesiva regulación los problemas del sistema y la falta de soluciones oportunas a crisis como la actual?

Los problemas no son solo por el precio de escasez, sino por los líos con comunidades que lamentablemente se oponen a los planes de generación eléctrica y ampliación de redes, lo cual ocasiona una demora en la ejecución de los proyectos, y que ahora cuestan mucho más.

 En promedio antes un proyecto invertía el 10% de su costo en temas sociales y ambientales, y hoy son el 30% y el 40%. Es el modelo que estamos escogiendo de país, y lógicamente las tarifas van a tener que subir porque cada año Colombia crece en demanda entre 400 y 500 mevagatios, lo que supone la ejecución de una super planta.

¿Cuáles de esos proyectos están frenados mientras el país está a punto de quedarse oscuras?

Todos tienen problemas con las comunidades. Un ejemplo de ello son El Quimbo, Sogamoso y Porce IV que lo tuvieron que cancelar.

La construcción de la doble línea de transmisión a Buenaventura es otro. No hay chance para obtener la licencia final. Ese proyecto costaba $40.000 millones al principio y hoy va en $70.000 millones.

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