Halloween, la otra fecha donde los comerciantes de Cali hacen su ‘aguinaldo’

Halloween, la otra fecha donde los comerciantes de Cali hacen su ‘aguinaldo’

Octubre 22, 2017 - 11:45 p.m. Por:
Alda Mera, reportera de El País
Comerciantes en Halloween

Ismael Molina exhibe disfraces hasta en el techo de su local. Toda la familia trabaja en el negocio y si tarde la noche le timbran por unas babuchas, para un disfraz de un estudiante, él abre para atender a su clientela.

Jorge Orozco / El País

Hace 30 años Daniel Toledo creyó que confeccionar ropa para niños era un negocio atractivo. Le bastaron cuatro años para darse cuenta que le iba mejor disfrazándolos que vistiéndolos.

Por ello, empezó a fabricar en serie los disfraces para niños, con todos los requisitos de ley. Entre ellos, comprar las licencias de héroes y superhéroes y personajes del espectáculo para poder confeccionar y vender los atuendos para vestir la fantasía de los niños. Así nació Fantastic Night hace 26 años.

Hoy su empresa genera 150 empleos formales directos y 500 indirectos con pequeños talleres de confecciones y modistas, porque, dice él, este es un trabajo artesanal, en el que hay que pegar muchas piezas, combinar distintas telas y colores, finalizar o hacer acabados con varios accesorios. Toledo destaca que la producción es totalmente nacional, salvo ciertos accesorios importados de China.

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Para atender la temporada de Halloween empiezan a trabajar desde febrero en producción permanente para abastecer los mercados de Bogotá, que le compra el 50 %; seguido de Medellín, Bucaramanga, Barranquilla y Cali, que es el quinto en ventas a nivel nacional.
Para ello, contrata 250 impulsadoras que atienden en los almacenes de cadena, que son sus mayores clientes, para vender unas 250.000 unidades.

Sin embargo, Toledo advierte que desde 2016 las ventas decrecieron y la tendencia a la baja sigue por el IVA. “Si un disfraz vale $90.000 en promedio, de ese precio $18.000 son el 19 % del IVA. ¿Por qué tiene que pagar un niño IVA? Es una locura”, denuncia.

Este año el empresario cree que venderá 5 o 10 % menos, pese a su clientela tradicional. Dice que no exporta porque al IVA, se suman los costos laborales y de producción, impuestos y el pago de regalías por las licencias de los héroes, que cuestan el 15 % del producto.

“No somos competitivos en el mercado internacional, porque mientras un empleado con prestaciones sociales en Colombia cuesta $1.200.000 al mes, en México devenga US$120 ($350.000)”, dice. Así, Estados Unidos prefiere comprar en Centroamérica, China o India.

No obstante, en 2017 emergieron muy solicitados personajes como Paw Patrol (La Patrulla Canina, de Nikelodeon); LadyBug, de la serie La Prodigiosa, además de los tradicionales Ninjas, Dragón Ball-Z, Pitufos y los Transformers, que son muy fuertes en la serie y en las ventas.

Toledo admite que los disfraces de adulto son una tendencia que va en alza porque cada día hay más fiestas en discotecas. De hecho, en Estados Unidos se venden más que los de los niños.

Esta fiesta ya es más importante que la Navidad, porque no hay licor de por medio, opina. “Halloween, que traducido al español significa ‘víspera de todos los santos’, festividad católica –explica–, se ha convertido en una fiesta de familia en la que los adultos se reúnen en torno de los niños, y ahora de las mascotas, que también forman parte de la familia”, dice Toledo, que incursionó en otro nicho de mercado: disfraces para perros y gatos.
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En 1997 Ismael Molina salió de Nariño y llegó a Cali a vender ropa seria, pero se sorprendía de que la gente le preguntaba era por disfraces... y no los tenía. Muy pronto empezó a ‘blanquearse’ (sin vender) e intuyó que el negocio no era vestir a la gente de lo que en realidad era, sino disfrazarla de lo que soñaba ser.

Entonces su esposa, Graciela Cerón, empezó a confeccionar disfraces por encargo: El Chavo del Ocho y el combo del vecindario o lo que solicitaran.

Veinte años después su esposa no da abasto para surtir su almacén Variedades Ismo (sigla de Ismael Molina), sobre la Calle 9a. Para mantenerlo surtido hacen pedidos a tres talleres más. Cada taller tiene al menos diez personas trabajando desde junio para que su local esté repleto de mujeres maravilla, supermanes y demás personajes que pueden sumar hasta 2000 unidades exhibidas.

De ahí que en estos días, tiene quince vendedores que atienden a mamás apresuradas que buscan el disfraz anhelado por su hijo. Por ello, Ismael abre desde las 6:00 de la mañana hasta las 10:00 de p.m. Y si aún hay clientes, mantiene abierto hasta las 12 de la noche.

“Esa es una de las ventajas de tener un negocio de familia”, dice este hombre que, en promedio, vende unos 30 disfraces al día. Al final del mes, le da para pagarle a los empleados, a los proveedores, el arriendo, los servicios y vivir con su familia de seis personas.

Los más solicitados para niña son la Mujer Maravilla, que se cotiza entre $60.000 y $70.000, pero si es alquilado vale $30.000 y $20.000 de depósito. De esta superheroína ha pedido al menos unas cinco docenas (60 unidades) en diversas tallas, incluidas las de bebé.

Para los niños, los preferidos son Supermán, Batman, el Hombre Increíble y demás superhéroes. Los precios son más o menos iguales. Para los recién nacidos abundan los atuendos que simulan animalitos: leones, osos, perritos, gaticos...

Pero su esposa se esfuerza para hacer trajes muy elaborados como los de monstruos o el de pulpo, entre los más complejos que les han solicitado. Y que son más caros porque son únicos, mientras que los otros se elaboran en serie.

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Alba Cruz y su familia llegaron de Bogotá buscando un negocio que les permitiera vivir. Y hallaron uno pequeño de disfraces, que compraron a un precio económico.

Diez años después Bromas y Disfraces es un almacén de la Calle 9a., que en una temporada de Halloween pueden vender mínimo 1500 disfraces, dice Nicole Rodríguez, hija de la propietaria y encargada de la imagen del almacén.

Joan Gordillo, el joven de los mil disfraces, cada día caracteriza a un personaje diferente para atraer los clientes. Las ventas por estos días ya van en aumento, por lo que Alba tiene 15 empleados que en un día frío puede vender 20 unidades y en un día muy bueno, como aquellos previos a las fiestas del 31 de octubre, pueden sumar 100.

Los clásicos como el pirata, Drácula, El Zorro, Las Tortugas Ninja, Capitán América, Spiderman, Batman, son los más apetecidos, dice Joan pero este año hay un nuevo personaje muy solicitado: el payaso It, de la película homónima, porque el cine es el motor que alimenta la industria del disfraz. Por ello tampoco pasan de moda Chucky, Fredy Krugger o los gánsters.

Los precios van desde $60.000 hasta $130.000, como el de Harley Queen, la protagonista de Escuadrón Suicida, para niña, o de guerrero de Stars Wars, para niño, y son los más caros de su almacén.

Alba Cruz dice que la marca propia confecciona los disfraces de superhéroes, princesas, Hanna Montana, villanos, piratas, soldados, policías, bomberos y personajes del espectáculo. Su modelo de negocio es cortar grandes cantidades y le entrega a cuatro talleres dispersos en la ciudad, que le cosen los atuendos y finalizan los acabados. Pero no es suficiente, por lo que se surten de las creaciones de las marcas Fantastic Night y Cachivaches.

Nicole Rodríguez dice que el 31 de octubre no termina la fiesta para los comerciantes de disfraces. Al contrario, continúa encantado por los eventos de fin de año y despedidas navideñas de los colegios como en empresas.

En enero el negocio continúa, porque en febrero empieza el año escolar y vuelven a pedir disfraces. De hecho, el más difícil que debió hacer a la medida para una presentación colegial fue el de minotauro, mitad hombre, mitad caballo, por el que cobró $180.000.

Ellos, que viven del disfraz, nunca pueden ir a una fiesta de brujas, pero cuando puede la familia hace comparsas: ya lo han hecho con superhéroes y villanos; gánsters; el año pasado se lucieron con una de Alicia en el País de las Maravillas y este año han pensado hacer la de Star Wars.

Los tres coinciden en que los últimos diez días antes de Halloween, las ventas suben como por encanto y los clientes llegan como por arte de magia.

Comerciantes en Halloween

Joan Gordillo cambia de disfraz para atraer los clientes.

Jorge Orozco / El País

El alquiler, otra opción

Si los almacenes de disfraces se centran en Halloween en vender disfraces vistosos y recién salidos del taller, también les da ingresos alquilarlos, ya sean nuevos o de segunda.

Carolina Ávila, asistente de la administración de El Palacio de los Disfraces, lleva 10 años en el negocio sobre la Calle 8. En el primer piso los vende, pero el segundo nivel es un clóset gigante donde se alquilan todo tipo de atuendos para cambiar de personalidad y transformarse en otra persona.

Ella sostiene que a veces se mueve más el alquiler, por aquellas personas que no quieren invertir en un disfraz que van a usar una sola vez, como creen los adultos, ahora que todas las discotecas realizan fiestas de disfraces, desde el 26 hasta el mismo 31 de octubre.

No así los niños que sí quieren tener su disfraz nuevo y de buena calidad porque ellos sí lo quieren seguir usando todo el año, explica Carolina, donde hay atuendos nuevos que puede costar hasta $150.000. “Por eso, en ventas, siempre ganan los de los niños”, dice.

Sin embargo, en un día promedio puede alquilar unos 15 disfraces de niños y unos ocho de adultos, con precios que oscilan entre $28.000 hasta $55.000 si el disfraz es nuevo.

Comerciantes en Halloween

Daniel Toledo sigue despachando mercancía a todo el país.

Jorge Orozco / El País

Accesorios

Para complementar las ganancias de estos medianos emprendedores, otra fuente de ingresos son los accesorios como máscaras de brujas, calaveras, pelucas terroríficas de monstruo o tiernas como las de Frozzen, cuchillos o manos ensangretadas, colmillos de vampiros o de Drácula, se mezclan con cascos de bomberos, el martillo de El Chapulín Colorado, las orejas del Dr. Spock, de Viaje a las Estrellas o collares de reinas y princesas, o diademas de Minnie. Toda una fantasía que se convierte en ganancias reales de quienes trabajan todo el año para disfrazar las vidas de sus clientes para Halloween.

OTRAS TEMPORADAS

En el primer semestre del año los almacenes tampoco paran: alquilan disfraces para todos los eventos de colegios, empresas, municipio, etc.
Pasada la temporada de Halloween, los comerciantes de disfraces siguen trabajando para los eventos decembrinos en jardines infantiles y colegios.

Allí todos van por los atuendos de ángeles, pastores, San José, la Virgen María, Papá Noel, ovejas, renos, gnomos, y cuanto referente navideño hay para simular pesebres en vivo y demás.

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