“Es un año de desaceleración, pero no es una crisis”: Ana Fernanda Maiguashca

“Es un año de desaceleración, pero no es una crisis”: Ana Fernanda Maiguashca

Mayo 05, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal | El País
“Es un año de desaceleración, pero no es una crisis”: Ana Fernanda Maiguashca

Ana Fernanda Maiguashca, de 36 años, miembro de la Junta directiva del Banrepública.

En 2012 su gran reto fue ayudar a sacar adelante la Reforma Tributaria y este año, Juan Manuel Santos la llevó a la Junta del Banco de la República, con solo 36 años. Este es el retrato de una caleña pilísima.

“Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche…”, Poema de los Dones. J.L. Borges.Así la arrullaba su padre para hacerla dormir, y cuando le tocaba el turno a Ana Fernanda Olano Chedé, su madre, el canto era con las rimas de Bécquer. Ninguno de los dos se sabía nanas infantiles, pero el efecto era el mismo: Ana Fernanda Maiguashca Olano entraba en un sueño beatífico hasta el otro día.Experta en Regulación Financiera, entre sus batallas más difíciles estuvo la de estructurar la reserva de un billón de pesos para garantizar la estabilidad del sistema financiero en la crisis de 2008.Juan Carlos Echeverry la escogió como Viceministra Técnica, cargo en el que fue responsable de la Regulación Financiera, la Seguridad Social y la Estrategia de Política Fiscal.En 2012 su gran reto fue ayudar a sacar adelante la Reforma Tributaria y este año, Juan Manuel Santos la llevó a la Junta del Banco de la República, con solo 36 años. Este es el retrato de una caleña pilísima.Usted desciende de los incas, ¿cómo es la historia?Mi papá es ecuatoriano y es hijo de blanca e indio. Mi bisabuelo y mi abuelo eran indios puros. Mi abuelito una vez me mandó una carta en la que me decía que yo tenía que ser una soñadora, por él, a quien le había tocado caminar dos horas hasta la escuela, descalzo y pensando pendejadas. Después él se volvió un abogado muy importante en Quito, y escribió una tesis titulada: ‘El indio, cerebro y corazón de América’. En realidad, después de él, todos los Maiguashca hemos estudiado por fuera y hemos sido bastante nerdos. Dijo una vez, “pasé la infancia metida en mi cabeza”, ¿muy pensadora?Muy callada porque no tenía con quien hablar. Cerca a mi casa, en Pance, en esa época no había niños y me costaba trabajo hacer amigos. En el colegio me decían la ‘prima Donna’, porque vivía en un mundo adulto y culto, y sabía cosas. Como mi mamá no se sabía canciones infantiles, me cantaba las rimas de Bécquer para dormirme, y como era neura, oía música clásica y ópera. Mis papás fundaron un cine club, El Búho, y yo pasé años enteros viendo muchas versiones de Giselle y del Lago de los Cisnes. ¿Le hacían matoneo en el colegio?No. Me decían “Maiguashca, venga me lo rasca”, y nos moríamos de la risa todos. Yo no era del ‘parche play’, pero a mí no me la montaban. Además, me iba tan bien, que todo el mundo quería mi cuaderno.¿Cómo entró a trabajar al Banco de la República, con solo 22 años?En Economía, se podía hacer la tesis y graduarse, o entrar a Ecoterminal, para hacer el posgrado. De allí entré a trabajar en el Banco de la República, en febrero de 1997. Luego me ascendieron y me nombraron jefe encargada de la Sección Cambiaria, en julio del 97. Poco después arrancó la crisis del 98 y 99, cuando la banda cambiaria se pegó al techo. ¿Es nerda y disciplinada?Sí, soy nerda, en el sentido de que me encanta lo que hago, pero, contrario a lo que todo el mundo cree, no soy muy disciplinada, pero sí muy comprometida. Se casó hace doce años, ¿por qué se demoró tanto en tener bebé? Porque para mí las cosas son para toda la vida, y me demoré en convencerme que ya quería tener bebé, porque soy muy independiente. Elisa es como un objeto de diseño. Yo digo que hice como los gatos, porque en mi casa, cuando las gatas iban a parir se metían entre los closets y uno tenía que estar pendiente de que no fueran a tener los gatos entre los zapatos. Yo hice lo mismo con Elisa: busqué apartamento y arreglé todo perfecto, para esperar su llegada.¿Cree que, aparte del talento, la suerte juega?Sí, y soy de buenas. Decía el ministro Echeverry que Napoleón exigía que sus generales fueran muy buenos y supieran estrategia, pero aparte de eso, siempre preguntaba si tenían buena suerte. Yo tengo una estrella: ¡me pasan cosas fantásticas!¿Y cómo le va con el ego?Siempre hay que tener cuidado con él, porque la arrogancia hace cometer muchas pendejadas. Si uno es medianamente competente, debe tener los pies en la tierra. Cuando a los jefes se les sube el ego a la cabeza, terminan destruyendo las empresas. Yo no me creo cuentos. Al fin y al cabo, uno no vino a este mundo a ser inteligente o exitoso, sino a ser feliz.¿Y cree que es fácil ser feliz?Pienso que en parte la felicidad depende de cómo se enfrente uno a la vida y me parece que hay formas de ver las cosas. En la mitad del trámite de la reforma tributaria, me decían: ¡pero qué cosa tan dura te tocó! Y yo decía: ¡Si soy la Viceministra a la que le tocó pasar la Reforma Tributaria, uno no puede ser más suertudo que eso!A pesar de su juventud, dicen, nunca tuvo miedo de defender sus puntos de vista frente a la Junta del Banco. ¿O sea que era una impertinente? (Risa). Así era. Y no es que haya dejado de serlo, sino que como estoy más grande, se nota menos. Cuando entré, estaba chiquita y di mucha lora porque realmente estaba convencida de que tenía buenos argumentos. ¿Y cómo se ‘compuso’?(Risa). Lo que aprendí fue que no todas las peleas hay que darlas, que no todas las cosas importan, que uno no tiene que decir todo lo que sabe, sino lo que el otro tiene que saber. Hoy creo que lo que más me ha servido en mi vida laboral es mi intuición. Me sirvió mucho estar aquí, porque aprendí a que me dijeran que no y que me ignoraran. Yo oía mucho y veía que el que perdía la calma, normalmente perdía la discusión. También entendí que uno tiene que ser es valiente y que por cobardía no debe perder sus puntos de vista. Y que si cree que hay cosas que no deben pasar, por lo menos debe decirlo. Pero también aprendí que a veces quedarse callado sirve mucho. ¿Por qué cree que el Ministro Echeverry la nombró su Viceministra?Creo que porque yo hago cosas. Si me dicen: por la mañana hay que trapear, no tengo problema; si el oficio es pensar, o entregarme con pasión a un tema, tampoco. Y, entre cosas, es impactante ver la soledad de quienes tienen altos cargos en el sector público.¿En ese sentido, es mejor ser ‘Vice’?Ser segundo es chévere, porque a uno lo encargan de vez en cuando de ser primero, y eso es como cuando el hermano le deja los niños: uno les juega, pero no es el dueño. Yo a veces veía los problemas y pensaba: ¡pobrecito el Ministro, tener que irse a dormir con todo esto en la cabeza!Santos les pidió a los dos nuevos miembros de la Junta del Banco ser muy creativos, ¿se puede?Uno en el gobierno es muy transitorio, la Junta no, y tiene que defender una institucionalidad de largo plazo. Si no se toma eso en consideración, la impresión puede ser es que aquí no quieren hacer nada, ni aplicar fórmulas nuevas.Pues Echeverry dice que habría que mirar la experiencia peruana, pero que no le hicieron caso en la Junta. Es difícil mirar la experiencia peruana, porque no todo es blanco o negro, pero también entiendo que los ministros tienen un año y medio, dos años, para hacer su labor. También hay que recordar lo que ya se hizo en el 99, o lo que intentamos en 2000, cómo fracasamos en 2001, lo que pasó en 2003, lo que funcionó en el 2006. Las fórmulas no son para nada sencillas, y yo, en esa medida, tampoco pensaba que la solución fuera la del Perú. Creo que hay cosas para hacer, aunque, en términos de tasa de cambio, la discusión no es fácil, porque nada es gratis y hay sacrificios de por medio, en términos de desarrollo del mercado financiero y de otros sectores.¿No cree que hay mucha ineficiencia en el sector público? Pero no todo es eso, porque yo veo allí mucha gente con compromiso, capacidad de trabajo y entrega, pero la manera en que hemos armado aquí la ‘institucionalidad’, ha sido espantosa. ¿Entonces, la respuesta es la intervención cambiaria? Yo francamente no lo creo, pero eso no quiere decir que no podamos ser creativos. Cuando me preguntan si soy ortodoxa, digo que lo que soy es juiciosa y que no sé qué quiere decir ortodoxo. ¿Entonces, qué hacer?No todos los problemas son iguales y por lo tanto no todas las soluciones pueden serlo; hay que evaluar qué le está pasando a la economía en cada momento. Lo que creo es que Colombia tiene que hacer cambios en ciertos aspectos de su institucionalidad y sus reglas de juego, porque si no, le va a pesar. Es como cuando uno adelgaza los diez kilos que le sobran y de pronto se da cuenta que ¡no tiene tonificada la cola! (Risa). ¿Qué viene entonces?Había que hacer una tarea macro y ya la hicimos. Ahora que bajan las aguas y el tema de seguridad nos deja pensar en otras soluciones, tenemos que mirar nuestra capacidad de crecer sostenidamente en el largo plazo, y hay cosas para hacer. Hay que ir recortando toda esa grasa que tenemos. Lo que me preocupa es que en las normas institucionales hay tantas complejidades que no sabemos dónde está la pita que hay que jalar, sin que se vea mal.¿Por qué habría de verse mal?Porque si uno quiere desmontar la estructura pensada para que no se roben la plata, alguien podría decir que es porque se la quiere robar. Encontrar la punta del hilo y saber cómo jalarlo, será de una gran importancia para la política económica del país.¿Cómo ve el crecimiento este año?Lo primero que quiero decir es que este es un año de desaceleración, pero no es una crisis. El año pasado crecimos al 4 %. Veníamos de un 6.6 % que a la postre era demasiado, porque recalienta cosas y genera problemas en el sector financiero. Es difícil pensar en crecimientos potenciales entre el 4.8 y el 5 %, porque el entorno exterior está complicado y la demanda interna ha sentido ese peso. Pero eso puede cambiar. Creo que se puede lograr un crecimiento similar al del año anterior – ojalá superior- y todos los esfuerzos están encaminados a eso. Hay mucha plata en Hacienda, empozada en el Banco de la República, ¿cuáles son los tapones?Las normas de contratación pública son muy pesadas. Tenemos presupuestos anuales, pero los ministerios, en términos generales, no planean con anticipación y entonces las licitaciones arrancan tardísimo. Cuando Hacienda le dice a un ministro, usted tuvo pérdidas de apropiación el año pasado, él políticamente sigue con la presión de pedir más plata para poder anunciar nuevos proyectos. Si se pudiera decir: no vamos a hacer ni un anuncio nuevo, vamos a terminar todo lo que está empezado y toda la plata que tienen en fiducias la ponen en obras, o no le soltamos más, obviamente este sería un país de ángeles. Pero en la vida real hay todas clase de presiones. Otra cosa es que en el nivel subnacional la capacidad institucional es muy limitada y eso va a hacer de las regalías una especie de karma. ¿Por qué en los municipios casi no hay proyectos aptos para ejecutar? Los recursos por regalías son un montón de plata para unas regiones con situaciones muy precarias de infraestructura, entre otras cosas. Eso no va a salir óptimo desde el principio. En el peor de los casos estará durmiendo en Hacienda, pero no perdida. El día en que presenten los proyectos y se aprueben, la plata se girará y habrá obras. Ahora, ¿en qué tenemos que trabajar profundamente? En que los gobiernos regionales sean capaces de presentar proyectos. ¿Qué cosas cambian con la Reforma Tributaria?Pienso que el valor que tuvo es haber cambiado el paradigma. Aquí vivimos concentrados en los que tenemos algo y se nos olvida los que no tienen nada, que hay gente sin trabajo, gente que traga candela en los semáforos. Yo no puedo dejarle ese país a mi hija sin haber hecho nada. El ministro Cárdenas logró pasar el proyecto y se abrió la puerta para otras cosas, como bajar más los costos laborales, porque si este país no mejora su capacidad de generación de empleo formal, podremos crecer inclusive, pero el problema de distribución del ingreso seguirá siendo dramático.Hay sectores que critican esa reforma.Para mí fue importantísimo decirle a la gente muy rica de este país: ustedes no pagan suficientes impuestos y duermen con tranquilidad de conciencia, pero todavía no están haciendo lo suficiente. Por muchas razones, unas técnicas y otras más románticas, creo que la Tributaria será un pilar. Por eso cuando dicen solamente lo que no hizo, a mí me provoca zarandearlos y decirles: ¿por qué no se fijan en lo que sí hizo? Yo me siento muy orgullosa de que esas dos reformas tan valientes hayan pasado.Un problema es que el empleo creado es en un 50 % informal. La reforma formalizará empleo ya creado, fundamentalmente. Crear nuevos me parece un poco más difícil, porque intervienen el crecimiento y otros factores. Pero, versus lo que había antes, va a haber más empleo formal para cambiarle a toda esa gente su sendero de vida. Yo, desde el día cero hasta el 22 de diciembre, cuando salimos del Congreso, cojos y remachados, tenía la seguridad de que no solo es una reforma muy importante, sino que evidenció que muchos aquí vivimos cómodamente sentados, tratando de que nadie nos toque a nosotros. Hablemos de Cali. ¿Cómo la ve?La veo recuperándose en diversos ejes, queriendo volver a ser la Cali en la que yo crecí: cívica, ordenada y orgullosa. Veo al alcalde Guerrero y su equipo haciendo unos esfuerzos profundos para devolverle a la gente el sentido de responsabilidad, después del deterioro social causado por el afán del dinero fácil y otros hechos que carcomieron el tejido social. Recuperar eso nos va a tardar años, pero ya hay gente muy valiente trabajando para devolverle el compromiso a la comunidad. Que el Valle del Cauca no sea un polo de crecimiento, no es comprensible. Creo que a los vallecaucanos nos falta creernos el cuento, y sobre todo, asociarnos, porque el sistema rentista hizo daño. Hay gente muy preparada regresando a trabajar por la ciudad. Antes, el que se quedaba en Cali era el vago o el que no tenía plata, pero no los más pilos. Hoy están pensando en proyectos nuevos porque saben que hay que arriesgarse y soñar con lo que queremos ser, porque ya hemos perdido muchos años.¿Si se logra el acuerdo de paz, el costo fiscal no será enorme?Si logramos consolidarlo, recomponer el tejido social va a ser muy complicado pero, como soy optimista, creo que vamos a ser capaces. Me sorprende la inquina de los opositores del proceso de paz. ¿Cuál es el valor de querer que salga mal? Algunos decían que como mataron unos soldados, para qué marchar por la paz. ¡Pues para que no maten más! A mí me sacaba canas el tema de víctimas porque fiscalmente es una cosa compleja, pero soy una creyente total en que eso tendrá réditos económicos en el largo plazo.

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