"El Valle del Cauca debe ser líder rural en el posconflicto": Director de Vallenpaz

"El Valle del Cauca debe ser líder rural en el posconflicto": Director de Vallenpaz

Marzo 04, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Alfredo García Sierra | El País.

Luis Alberto Villegas, director de Vallenpaz.

Luis Alberto Villegas, director de Vallenpaz, dice que la meta de la institución es sacar de la pobreza antes del año 2020 a 42.000 familias en el suroccidente del país. Urge más apoyo empresarial y del Gobierno.

El campo colombiano debe convertirse en el posconflicto en uno de los pilares del futuro desarrollo económico, pero ello requerirá inversión empresarial y estatal, seguridad social y crédito para los agricultores. Y allí el Valle del Cauca está llamado a jugar un papel importante para convertirse en el líder de los programas dirigidos al agro. Según el director ejecutivo de Vallenpaz, Luis Alberto Villegas, solo de esta manera se podrá cumplir la misión de frenar la violencia, la pobreza y el desplazamiento forzado. ¿Qué retos tiene Vallenpaz para seguir en el rescate del campo, luego de 15 años de actividades, y más ahora que se habla del posconflicto?Vallenpaz es una entidad que se diseñó desde el principio para trabajar no en medio de la guerra, sino en un proceso de posconflicto y paz. Sin duda, este es el momento soñado, pues confiamos en que el Gobierno logrará un acuerdo para ponerle fin al conflicto armado, y que se abra la puerta para diálogos con el ELN. Y que como producto de esas negociaciones se comiencen a observar unos temas estratégicos y estructurales y, en nuestro caso, el desarrollo rural que hemos venido trabajando durante 15 años. Hemos recogido mucho conocimiento sobre lo que nos han aportado las comunidades, el Gobierno y las entidades de cooperación interna y los empresarios que nos apoyan. Buscamos desarrollar un modelo replicable integral y sostenible para ponerlo al servicio del agro en el suroccidente colombiano, y sobre todo en favor de los campesinos ubicados en zonas de conflicto.¿Por qué a pesar de algunos avances, el campesino aún es muy pobre, sin acceso al crédito y pocas oportunidades en esta región?Uno de los retos de la entidad es que se convierta en un referente del posconflicto para acompañar las inversiones del sector empresarial en el campo en esta zona del país. Y por ello nuestro interés es impulsar el Fondo Cultiva, ideado por la agroindustria azucarera del Valle geográfico del río Cauca, y que consiste en un aporte de ese sector a los campesinos por cada tonelada de caña producida. Su enfoque estará destinado a financiar los temas ambientales y sociales. Asimismo, el Gobierno le está prestando atención a la experiencia de Vallenpaz para que diseñe un proyecto por $20.000 millones para el fortalecimiento de la agricultura familiar en Valle y Cauca. También estamos firmando con la Unión Europea, la CAF y Ayuda en Acción proyectos por $4000 millones que serán para desarrollo rural integral. Con ello, buscamos mostrar al Valle del Cauca como la región líder del posconflicto y la construcción de paz en Colombia.¿Hay algún plan estratégico para consolidar esas apuestas? aún es mucho lo que falta por recorrer para lograr el desarrollo del campo...Tenemos un plan estratégico enfocado hacia el año 2020, y para el cual estudiamos municipio por municipio en Valle, Cauca y Nariño. Identificamos variables como pobreza, cultivos ilícitos y conflicto armado en 99 municipios (hoy atendemos a 27) que tienen la mayor complejidad en el suroccidente colombiano. Establecimos, asimismo, que hay 42.000 familias entre las más pobres que requieren de atención inmediata. Esa apuesta vale un billón de pesos, que no es solo responsabilidad de Vallenpaz, ya que los sectores privado y público, más la cooperación internacional deben unir esfuerzos para sacarla adelante. Con base en ello, insisto, podremos convertirnos desde el Valle en los líderes del desarrollo rural y el posconflicto en Colombia. ¿Hay confianza en esa financiación tan costosa, y que ese proyecto no se quede solo en el papel?Sí. Confío en que esos recursos van a llegar. Un ejemplo de esa confianza es que Vallenpaz ha invertido $60.000 millones en sus 15 años de existencia y para este año se prevén $25.000 millones. Eso es un 45% de todo lo que ha invertido Vallenpaz en toda su historia, lo cual es un reflejo de que se está tomando conciencia en todos los sectores sobre la necesidad de articularnos hacia el posconflicto, pero desde el campo vallecaucano.No cree que hay una percepción equivocada acerca de que los programas para el posconflicto deben ser solo para el campo, cuando en las ciudades existen peores dramas....Nuestro análisis en Vallenpaz es que el conflicto social en la Colombia rural y urbana se puede trabajar de dos formas. Una es la preventiva y otra la curativa. Esta cura se necesita en las zonas urbanas, y principalmente en favor de las víctimas que por su desplazamiento forzado hacia las ciudades viven en condiciones de extrema pobreza, violencia intrafamiliar, pandillismo y drogadicción. Y en la parte preventiva, Vallenpaz está jugando un papel clave al acudir a las zonas rurales a brindarles oportunidades a los campesinos para que se queden lícitamente allá y se vuelvan productivos y provean de alimentos a la sociedad, pero dándoles apoyos como vivienda, salud, protección social y educación y no solo para fomentar un determinado cultivo.A propósito, ¿cuántas familias han retornado al campo de donde salieron por el conflicto armado?Este tipo de situaciones no se dan solo porque Vallenpaz impulse ese regreso. Es porque hemos trabajado en la restitución del tejido social que se había roto en el campo y cuando los ingresos de esas familias mejoran, la misma comunidad se encarga de generar los espacios para que más personas regresen a sus parcelas. De hecho, 550 familias han retornado y se espera que podamos duplicar esa cifra en los próximos años, ya que las propias comunidades, especialmente las indígenas, están adelantando la solución de conflictos, poniéndoles incluso reglas de juego a los grupos armados que pasan por sus territorios. Pero, ¿cómo convencer a campesinos que viven de los cultivos ilícitos para que siembren otras cosas, y se alejen de organizaciones criminales que los manipulan y explotan?Hemos trabajado en zonas de cultivos ilícitos en Cauca, Nariño y el Valle. Pese a lo que se dice, la experiencia nos arroja que los campesinos prefieren ser lícitos, ya que haber acudido a los cultivos ilícitos ha sido producto del abandono por parte del Estado. Por eso cuando se les ofrecen verdaderas oportunidades, no hay que convencerlos mucho para que abandonen ese tipo de siembras. Otro aprendizaje es que necesariamente los cultivos ilícitos no son más rentables que los legales, ya que el mecanismo que ha usado el narcotráfico es el de brindarle una economía facilista al campesino al ponerle los insumos en la puerta de su finca, el mercado de la semana y hasta el pago por esas siembras. Son “servicios” que los narcotraficantes les han ofrecido siempre, algo que nunca hemos hecho con los campesinos. De hecho, ya adelantamos un programa de cultivo de tomate en Corinto, Cauca, a través de invernaderos cuyo producto ya estaba vendido a la cadena comercial La 14, y se demostró que 1000 metros cuadrados de ese cultivo tenían una mayor rentabilidad que 10.000 metros cuadrados de coca. ¿Pero no le parece que un gran escollo en el posconflicto es la falta de tierras?Esa es una realidad muy clara del país. Vallenpaz hace seis años identificó que el 60% de las familias con las que había trabajado no tenían tierras, eran aparceros, arrendatarios o la tenían prestada de alguien para sobrevivir, tampoco tenían títulos de propiedad. Cuando se pensó que la solución era sostenible, entendimos que no era posible porque esas familias no contaban con tierras propias. Eso se volvió algo estructural para Vallenpaz e infortudamente no tuvimos receptividad ni respuesta del Estado para facilitarles predios a los campesinos a través del Incoder o de la Dirección Nacional de Estupefacientes, DNE. Pese a ello, hemos tenido casos exitosos de agricultores arrendatarios que han podido generar ingresos hasta de 1,5 salarios mínimos por familia.

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