“El PIB no tiene nada que ver con la vida y es un absurdo”: Manfred Max Neef

“El PIB no tiene nada que ver con la vida y es un absurdo”: Manfred Max Neef

Noviembre 12, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
“El PIB no tiene nada que ver con la vida y es un absurdo”: Manfred Max Neef

Manfred Max Neef, premio Nobel Alternativo de Economía

En su concepto, el mundo necesita que no lo midan más por el Producto Interno Bruto, PIB, sino por niveles de bienestar y felicidad.

Cada planteamiento suyo genera polémica, y pone a pensar a más de un analista. Y no es para menos, ya que sus revolucionarias teorías desde los años 80 han calado profundo en muchos países y sociedades. En su concepto, el mundo necesita que no lo midan más por el Producto Interno Bruto, PIB, sino por niveles de bienestar y felicidad. Y más ahora cuando la crisis azota a los europeos y al propio Estados Unidos, la llamada primera economía del planeta. Él, es Manfred Max Neef, el emblemático economista y escritor chileno ganador en 1983 del prestigioso premio Right Livelihood Award, considerado el Nobel Alternativo en Economía. Max Neef participó en un ciclo de charlas invitado por la Universidad Santiago de Cali, y durante un conversatorio con periodistas expuso sus tesis. Estas son algunas de ellas.¿Cuál es su percepción del modelo económico y la crisis, especialmente en Estados Unidos y Europa?Muchas veces se dice que esos son países que tenemos que emular. Menos mal que no los emulamos. Lo que ocurre hoy es una paradoja: las naciones menos desarrolladas están hoy menos mal que las altamente desarrolladas. Eso es algo como para ponerse a pensar. ¿Cómo interpreta los triunfos políticos de Obama y también el de un personaje controvertido como Hugo Chávez?Para nosotros el triunfo de Obama nos da lo mismo. Durante todo el gobierno de Obama, Latinoamérica no ha tenido ninguna importancia ni trascendencia. Y eso es hasta bueno para nosotros en este momento por las mismas razones que estaba planteando. Lo mejor que nos puede ocurrir es que nos dejen tranquilos para desarrollar nuestras políticas económicas y sociales. Y no estoy convencido de lo que tengamos que hacer es lo que promueve Chávez. A mi personalmente no me convence porque es un proceso no formador sino adoctrinador, donde usted tiene que ser socialista o no. De cualquier color que sea a mi no me gusta ese tipo de actitud. Sin embargo, en América Latina tenemos una considerable diversidad dentro de la cual yo me inclinaría por otros ejemplos como el de Uruguay. Allí el presidente Mujica adelanta una política de la que cualquiera podría sentirse orgulloso por su sencillez y profundidad al exponer lo que la gente debe hacer para ser feliz. Eso demuestra que nuestros países deben buscar su identidad. Y esa diversidad es la que nos permite robustecer los sistemas de gobierno. A propósito de Chile, su país natal, ¿qué rumbo cree que tendrá una vez finalice su mandato el presidente Sebastián Piñera? Curiosamente debo decir que el neoliberalismo nació en Chile. Es nuestra gran contribución a la cultura mundial. Luego, esa teoría se extendió a Indonesia y a otras economías. Es decir, conquistó el mundo entero. Todo eso quedó muy arraigado en Chile, y la concertación siguió siendo neoliberal. El hecho de que Michelle Bachelet y Ricardo Lagos eran socialistas, digamos socialistas neoliberales, y Piñera de derecha, es decir no neoliberal, desde ese punto de vista lo económico cambió poco o nada. Había ciertas inclinaciones hacia programas para la infancia y esas cosas, pero eso sigue siendo un maquillaje dentro de un modelo que sigue siendo dominante, y es el que hay que cambiar.¿Pero qué viene para su país, que para las mediciones internacionales es el más competitivo de América Latina?Creo firmemente que no hay ninguna posibilidad de que el próximo gobierno chileno sea nuevamente de derecha. Pero hay que tener en cuenta a estas alturas del partido, en pleno siglo XXI, y hasta qué punto sigue teniendo sentido –como lo tuvo hace 50 años— ser de izquierda, de derecha o de centro. Yo pregunto qué es un socialista, y seguramente voy a tener 25 definiciones diferentes, ya que eso se ha transformado en una vaguedad.¿Entonces esos modelos políticos y económicos están llegando a su fin?Lo que está sucediendo, es que las preocupaciones de hoy son otras. Son preocupaciones que trascienden lo ideológico. Vamos a salvar la naturaleza o no: Allí no hay izquierda ni derecha. ¿Hacia dónde vamos en América Latina para salir del subdesarrollo y el atraso?Eso depende de cómo define usted el desarrollo. Si usted es el presidente Piñera, cuando dice que Chile en el 2020 será un país desarrollado porque tendrá un ingreso per cápita de US$23.000, eso me importa un rábano y me parece una tontería. El desarrollo es otra cosa, no es un PIB (Producto Interno Bruto). El PIB es un absurdo que debería descartarse radicalmente porque no indica nada. Cuando se dice que vamos a crecer un 6%, qué significa eso, será acaso que usted será un 6% más feliz o más realizado. El PIB nada tiene que ver con usted, ni con los seres humanos ni la vida, es una cuestión totalmente monetaria y artificial. Pero está metido en la cabeza como una cosa que ya no da para más. Son otras las maneras de ver a un país desarrollado o no. ¿Entonces por qué el desarrollo económico se basa sólo con el PIB y no con otras mediciones?Hoy existe una nueva categoría dentro de ese marco. En mi último libro publicado en Inglaterra meses atrás, tengo un capítulo titulado “Estados Unidos un país en vías de subdesarrollo”.Es un país químicamente puro del subdesarrollo donde el 1% de esa nación es dueño del PIB, y el resto, es decir, el 99% se va al hoyo. La miseria ha aumentado en los Estados Unidos y es una situación absolutamente catastrófica donde se observa a gentes durmiendo en carpas o en sus automóviles, porque perdieron su casa. Es una situación inconcebible en un país que es la primera potencia del mundo y donde la infraestructura es decadente con una educación que ha desmejorado mucho, y de la salud ni de que hablar. A la fecha hay 50 millones de norteamericanos que no tienen ninguna protección en salud. Y Europa está en la misma condición. Un ejemplo clásico es España donde hay más muertes por suicidios que por accidentes de tránsito.¿No comparte usted entonces las medidas de austeridad en Europa para frenar la crisis? Es absurdo y extremo que mientras usted no tiene que ponerse ni que comer, yo le exija que sea más austero. ¡Más austero es pegarse un tiro!. Eso es lo que está ocurriendo en ese Continente, donde esas políticas son un disparate total.La economía que domina al mundo se ha convertido a mi juicio en una gigantesca patología colectiva y en una enfermedad profunda y brutal. Esas medidas de austeridad son fatales. El propio Keynes señalaba que la austeridad se justifica en períodos de expansión, pero nunca de contracción, que es cuando hay que estimular la economía, generar consumo y no otras cosas. Por eso insisto en que el modelo económico actual se convirtió en algo patológico. ¿Según eso, el euro es un fracaso absoluto, y por ello está condenado a desaparecer?No creo que vaya a desaparecer. El euro se convirtió en un elemento religioso. He hecho una propuesta para que se deje al euro como una moneda de transacción internacional, y que las transacciones internas, por ejemplo, en España, vuelvan a hacerse en pesetas y en Grecia en dracmas. Que se paguen los salarios en dracmas no en euros. O que se vaya al supermercado y se compre en dracmas. Y tal como sucede con el dólar, que es una moneda de transacción internacional, el euro debe ser utilizado para eso solamente. Al volver a esas monedas propias se le dará un primer golpe al desempleo, ya que todos esos países tienen una sola moneda (el euro) para transacciones externas e internas que no pueden devaluar. Usted no puede manejar esa moneda, no puede devaluarla ni hacer nada con ella. Cuando un país pierde competitividad por lo general devalúa su moneda y mejora sus exportaciones. Los griegos no pueden devaluar el euro como tampoco otras naciones, cosa que sí podrían hacer si devalúan el dracma para mejorar su desempeño comercial. Por ello, el euro se volvió algo sagrado y parte de religiones perversas.

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