El mapa cafetero de Colombia cambia grano a grano

Julio 19, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Huila es hoy el 'rey' en área de cultivos en Colombia, superando al antiguo Eje Cafetero.

En momentos en que Colombia ha logrado recuperar su producción de café a niveles de 11 millones de sacos al año, el mapa de los cultivadores sigue cambiando  grano a grano. Lea también: Dulce, ácido, aromático: el café en Colombia ya no es uno solo

Por eso departamentos como Caldas, Quindío y Risaralda, del llamado Eje Cafetero, que hace unos 20 años eran los reyes indiscutibles del sector, ya fueron destronados por el Huila.  

En esos tres departamentos las plantaciones ocupan 102.000 hectáreas, mientras los opitas ya tienen  en sus territorio154.980 hectáreas de café. 

Antioquia es el segundo departamento en el ranking, y  se sostiene con 130.990 hectáreas, mientras Tolima  posee 117.180 hectáreas.

 El Cauca no se queda atrás. Debido al apoyo del modelo de minifundios esa región cuenta ahora con 88.000 hectáreas, y siguen creciendo.

Lo contrario sucede en el Valle, que llegó a tener casi 90.000 hectáreas de plantaciones y ha reducido su participación  desde el año 2002. Ese cultivo ocupó en el 2014 una superficie de 67.570 hectáreas.

 El nuevo mapa, explica el empresario caldense y exdirectivo del Comité Nacional de Cafeteros, Mario Gómez Estrada, obedece al reacomodo que presenta el sector debido a la crisis de precios que lleva una década, altos costos de producción y duros cambios climáticos. Todos esos factores llevaron a la ruina a decenas de cultivadores.

A ello se suman las rivalidades y el pulso que han sostenido algunos comités departamentales con la cúpula de la Federación Nacional de Cafeteros, en cabeza de Luis Genaro Muñoz, quien renunció hace dos meses. Esas divisiones se ahondaron con los últimos paros de caficultores. Tanto que el propio Gómez Estrada se retiró del gremio por desacuerdos con la gestión de Muñoz.

De allí que regiones como el Huila, Tolima y el Cauca hayan  asumido el liderazgo con la conformación de nuevas fuerzas en el sector, las cuales, dicen los analistas, deberá tener en cuenta el próximo Gerente de la Federación.

En el  nuevo mapa ha jugado la migración de muchos caficultores de Valle, Caldas, Risaralda, entre otros, hacia cultivos como aguacate, plátano, maíz y algunos frutales. De allí que en las estadísticas haya departamentos ahora con menos siembras frente a los registros históricos. 

  Pero quizás una de las  características más especiales en el cambio de vocación es que un buen número de antiguas haciendas —especialmente en el Quindío— se convirtieron paulatinamente en hoteles y posadas. 

Esa tendencia cobró fuerza a mediados de la década anterior, y al parecer llegó para quedarse. 

“Había que buscarle rentabilidad a la tierra, porque el café ya no daba para más. Y el turismo fue una de  las salidas”, señala el veterano caficultor de Sevilla, Jorge Garcés. 

Se  calcula que  el 30% de las fincas del Eje funcionan como hospedajes y sitios para actividades recreativas.   

Frente a tal coyuntura, Jaime González, otro conocido caficultor de Caicedonia, recalca que “los alcances del negocio han cambiado, ya que las expectativas de precios no han sido las mejores. Si un negocio no da plata, hay que buscar otras alternativas”.

 Jaime fue  uno que le apostó a la siembra de aguacate junto a varios cafeteros del norte del Valle.

 Otros le jugaron a renovar cafetales, pero han tenido que esperar varios años para lograr sus primeras cosechas. Hasta el momento se han sustituido 648.000 hectáreas con variedades más resistentes a la broca y la roya.

El fuerte avance huilense en la geografía cafetera se aceleró desde los años 1995 y 1996. En aquel entonces las siembras ocupaban 95.000 hectáreas. Luego se saltó a 129.000 y se calcula que superarán las 170.000 hectáreas en los dos próximos años. 

 Los apoyos del Plan Colombia, que impulsó la sustitución de cultivos de coca por café, ayudó en gran medida a destronar a otras regiones.

Uno de los factores que ha impulsado la caficultura huilense es su clima. Allá se pueden  lograr  dos cosechas al año —la más grande en el primer semestre— y la otra mitad en el segundo, explica Gómez Estrada.

La imposibilidad de sembrar café sobre los 1.200 metros sobre el nivel del mar, favoreció a la caficultura de Huila, Cauca y Nariño, regiones que están por encima de los 1.500 metros de altura.

 Otra ventaja es que se puede disponer de mano de obra (recolectores) de forma  permanente, cosa que no sucede en otras zonas cafeteras.

Y uno de los puntos fuertes del Huila es que el 96% de la caficultura está en manos de pequeños propietarios que tienen entre una y 1,5 hectáreas.  Y ante todo, que la mayoría le apostó a los cafés especiales para obtener mejores precios. El grano, cuya producción ya supera los 800.000 sacos al año, se cosecha en 35 de los 37  municipios.

 Según Héctor Falla Puentes, director Ejecutivo del Comité Departamental de Cafeteros del Huila, lo que sucede en su región es fruto de un trabajo que lleva 15 años, en especial para renovar siembras e impulsar los cafés especiales.

Como están las cosas, todo apunta a que el Huila será indestronable durante muchos años y jugará un papel importante en las decisiones de política cafetera. Sin embargo, existe el riesgo de que la sobreproducción y los bajos precios externos desanimen a muchos. Pero, por ahora, la taza está servida para rato.

Una nueva realidad El próximo Gerente de la  Federación Nacional de Cafeteros deberá tener en cuenta la nueva realidad del sector.  Y ante todo, que el mapa  cafetero tiene hoy otros protagonistas que están jugando con fuerza. El llamado movimiento  Dignidad Cafetera es una de esas fuerzas que representa los intereses de  Nariño, Huila, Cauca y Antioquia, hoy las zonas líderes de esta agroindustria.

 

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