"El agro dejará de ser la cenicienta de la economía": Ministro de Agricultura

Marzo 22, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País.

Aurelio Iragorri, ministro de Agricultura, dice que impulso al pequeño campesino y la descentralización de programas permitió al sector crecer 3,3 % durante el 2015.

El año pasado el agro colombiano, y a pesar de fenómenos climáticos como El Niño, volvió a crecer y se convirtió  en uno de los pilares de la economía junto al comercio, la construcción y los servicios financieros. 

De ello, dice el ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, dice sentirse orgulloso, tras señalar que todo obedeció a un ‘revolcón’ de los programas de esa cartera, los cuales estaban centralizados y con poco alcance regional.

Sostiene con toda propiedad que “había que nombrar a un ministro que conociera el campo, y no a quienes jamás han sembrado una matera”.

Iragorri viene de una de las familias  más tradicionales del departamento del  Cauca, cuya vocación ha sido siempre agrícola.

El año pasado el agro colombiano terminó con un crecimiento del 3,3% algo que no se lograba hace algún tiempo. ¿Llegó la verdadera recuperación del sector?

Hace un año éramos un país dependiente de los hidrocarburos, es decir, que ya estábamos sufriendo la enfermedad holandesa. En un solo año haber logrado que la cenicienta de la economía, que era la agricultura, pues nunca estaba ni siquiera en los tres primeros puestos, ha sido algo trascendental. Fue la actividad que en el último trimestre del 2015  más jalonó el Producto Interno Bruto, PIB, al crecer al 4,8%, lo que es motivo de  orgullo para toda la gente que trabaja en el campo.

Sin embargo, todo tiene crítica, al señalarse que ese crecimiento fue  solo por el café —que lo hizo en 22,8%—, el cual pesa mucho, pero hay que mirar que a ese sector se le han  invertido en este Gobierno $6 billones. Sin ese esfuerzo, la producción apenas estaría en tres millones de sacos y no en 13 millones como hoy.   

¿Qué otros sectores del agro han crecido como para ‘pelearle’ al café ese buen desempeño?

Por ejemplo, la producción de cacao creció el 35%, palma de aceite el 30,3%, arroz 24,2%, banano 22,3% y papa 7,3%. Son los productos más destacados en este balance, aunque la producción de flores tuvo una disminución y creció apenas 2,2%, porque se dañó el mercado de Rusia que era importante, ya que por el tema del dólar la situación se volvió muy complicada.

Cabe destacar el caso del arroz, ya que en el 2014 se dejaron de sembrar 65.000 hectáreas de arroz, un cultivo que venía en picada. Pero con un acuerdo entre los productores y los molineros logramos recuperar ese número y sembrar 20.000 adicionales. Es decir, que se llegó a unas 80.000 hectáreas. Por eso el 2015 ha sido uno de los mejores años para los arroceros del país.

¿A qué atribuye esos buenos resultados, en un año considerado difícil sobre todo por el impacto de El Niño?

Porque nosotros cambiamos la política del sector agropecuario cuando llegamos. Nos dimos cuenta que había una desconexión total entre el Ministerio de Agricultura y las regiones. Nos dimos a la tarea de administrar la pobreza de acuerdo a lo que las regiones necesitaban al definir unas líneas de trabajo e invertir $1,3 billones para llegar a 1074 municipios que son el 96% de todos los del país. Antes de llegar al Ministerio el 70% del Presupuesto de la cartera se invertía solo en 10 departamentos.

Fue como darle la vuelta a una tractomula en una vía terciaria sin que hubiera una portada. Me demoré  medio año en organizar el Ministerio internamente. Sin El Niño hubiéramos crecido mucho más, ya que hubo zonas donde las temperaturas llegaron a subir 3,5 grados. 

¿En otras palabras se descentralizaron inversiones y programas?

Sí. La ejecución de los recursos se la mandé a las regiones, las organizaciones sociales y campesinas, a los indígenas y a los afro con los consejos comunitarios, a los alcaldes y a los gobernadores.

Nos ha ido bien algunos departamentos serios, y en otros no también. Es el caso de Chocó, al cual le remitimos $6000 millones, pero el 27 de diciembre del 2015 nos devolvieron esos recursos porque dijeron que los pudieron ejecuta, a pesar de que se había firmado un convenio antes del mes de abril de ese año.

Había proyectos, pero no fueron capaces de ejecutarlos.

Esa descentralización permitió llegarles a 2 millones 300 mil personas con asistencia técnica, entrega de insumos, proyectos productivos, formalización de títulos de propiedad, etc. Eso ha sido el gran dinamizador del sector rural.

Pese a esas cifras, ¿porqué  la pobreza sigue siendo uno de los mayores problemas del campo?

Entre el 2010 y el 2015 salieron de la pobreza por año 215.834 personas en las zonas rurales. Con este cambio de política solo en el 2015, logramos que de 700.000 personas que dejaron de ser pobres, 410.000 fueron del campo. Es la primera vez en años que se logra que salga más gente de la pobreza rural que en las ciudades.

Esas personas siguen en sus fincas y parcelas y no son desplazados. Eso significa que al mes salieron de esa condición 34.333 personas, unas 1.144 cada día y 48 por hora.

Si eso es así, ¿cómo salieron de la pobreza esos agricultores cuando las fuentes de empleo en el campo son pocas?

En eso también hemos mejorado, ya que esas personas aumentaron sus ingresos. En el trimestre noviembre y diciembre del 2015 y enero del 2016, 441.000 personas obtuvieron un empleo en el país, y de esos 195.000 fueron en el campo. Es decir, que el 44% de esos empleos se generaron en las zonas rurales. De todos esos puestos de trabajo 100.000 fueron por actividades agrícolas en su propios predios, en otras palabras ejerciendo agricultura familiar. Esa es la gente que produce la comida en Colombia. La única debilidad es que tales personas no aportan a la seguridad social, pero lograron acceder en un 95% a servicios de salud (Sisbén).

¿Qué demostró ese revolcón en el campo que había negligencia, desorden con los recursos y olvido?

Nosotros veníamos en el  Ministerio defendiendo mucho al intermediario, al comercializador,  al monopolio y al oligopolio que hay siempre al principio, o al final de una cadena agrícola. 

Por ejemplo, en arroz dos empresas manejan el 60% de las compras del sector: Diana y Roa. En leche cinco firmas tienen el 80% del mercado y en fertilizantes el dominio del 70% de ese renglón está en manos de dos compañías, Yara y Monómeros.

Creo que por estar protegiendo a esos sectores dejamos descuidados a otros como el de los campesinos pequeños. 

A mi me criticaron, algunos precandidatos presidenciales, al decirme que en media hectárea era imposible mostrar resultados. Y les demostré que están equivocados, porque el 97% de ese nuevo empleo se generó entre los campesinos por cuenta propia, mientras el resto fue el de jornaleros o peones. Eso es lo que está reactivando la actividad rural en el país. Ganarle en el PIB a la industria y al comercio, ha sido increíble.

A la luz de esos resultados, ¿qué tanto deberá mejorar el campo para aportarle al posconflicto?

Me leí seis veces el punto uno de La Habana para encontrar cosas con las que no estuviera de acuerdo. Releí el texto muchas veces y en el quinto punto hallé lo de la agricultura familiar campesina y me pregunté si la que estaba mal era la política que se venía aplicando. En ese texto nunca se habló de expropiación ni de acabar con los grandes agricultores. Por eso ideamos inversiones para los 12 millones de pobladores rurales —no en los 9000 o 20.000 combatientes que se van a desmovilizar— a  quienes les tocó aguantarse el conflicto armado. Por eso, ahí están los resultados, aunque necesitamos más recursos. Era casi imposible que el agro en un año fuera uno de los principales motores de la economía colombiana.

¿Las negociaciones de paz de pronto obligaron a cambiar esa mentalidad hacia el campo, o no?

De esa orientación de la política agrícola que venía equivocada, no nos dimos cuenta por las Farc, sino que no se podían nombrar Ministros de Agricultura que no habían sembrado una matera. 

Todo eran estudios y teorías, tanto que al Ministerio lo llamaban ‘carro viejo’ porque todo eran talleres sobre medio ambiente, para que los campesinos siembren bien, etc. Yo acabé con esos talleres, y por eso dije que había que pasar de la habladera a la sembradera. Por eso ideamos el programa ‘Colombia Siembra’. 

El agro era la cenicienta de la economía colombiana y con una crisis de 20 años desde la apertura económica de los años 90, y ya está dejando de serlo.

Hay una ansiedad frente al proceso de paz, a veces con pesimismo, y eso hay que superarlo. 

¿Qué va a pasar con los guerrilleros desmovilizados?

Hay que incorporarlos a la agricultura familiar. Eso es lo que se deberá hacerse. No podemos esperar lo que pasó con el M19 a quienes les compraron un taxi, cuando las oportunidades verdaderas estaban en el campo.

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