Dejaron atrás la violencia y hoy tejen empresas

Dejaron atrás la violencia y hoy tejen empresas

Octubre 03, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Francy Elena Chagüendo A., reportera de El País.

Desmovilizados reciben asesoría en ventas y finanzas por parte de compañías como Coca Cola.

Lucía Mejía (*) tiene 46 años y acaba de graduarse del taller de fortalecimiento empresarial, que durante 7 meses le dictaron ejecutivos de la firma Coca Cola Femsa Colombia, compañía que creó hace dos años el programa Banco de Tiempo.Ella está orgullosa de haber participado de este proyecto y ansiosa de continuar capacitándose. Cursa séptimo grado y quiere validar pronto el bachillerato para aspirar a una carrera, le gustaría ser profesional en criminalística, “tal vez por todo lo que he vivido”, dice.Mientras esto pasa, está dedicada a su taller de confecciones, el cual montó hace pocos meses y donde elabora diferentes prendas de vestir, entre ellas jeans que produce para otras microempresas. Lucía y dos de sus hijas hacen parte del programa de la Alta Consejería Presidencial para la Reintegración, ACR. Ella dejó hace 3 años las Farc y empezó otro duro camino, encontrar una actividad a la cual dedicarse y lograr la sostenibilidad económica.Cuando se desmovilizó ingresó al programa de reintegración de la Alta Consejería y después de capacitarse en entidades como el Sena, pudo crear el taller de confecciones con otras dos ex compañeras y con sus hijas, con recursos de la ACR.Luego, por intermedio de la entidad del Gobierno se conectó con el programa Banco de Tiempo de Coca Cola Femsa, un proyecto por medio del cual los directivos y empleados de la multinacional, en Colombia, donan tiempo para capacitar y asesorar planes de negocio de la población desmovilizada en proceso de reintegración. Los ejecutivos dan talleres de ventas, mercadeo, finanzas en las mismas instalaciones de la empresa.“Fue una experiencia muy bonita y súper importante porque enseñan muchas cosas, desde llevar una contabilidad, cómo invertir, cuál es la rentabilidad del negocio, mercadeo, atención al cliente y el camino que se debe recorrer con entidades como las cámaras de comercio”, afirma Lucía Mejía, quien mantiene el entusiasmo por aprender cosas nuevas, por eso hace el esfuerzo por validar su bachillerato, asistiendo a clases los sábados y domingos, y aspira luego poder realizar una carrera.En su taller, donde hoy laboran cinco personas, contando a sus hijas que también estuvieron muchos años en la guerrilla, producen diferentes prendas de vestir y aunque cuentan con varias máquinas especializadas, aún tienen limitaciones para fabricar algunas de ellas, pues según Lucía, si tuvieran más equipos las posibilidades de trabajo podrían aumentar, porque como en todo “a veces hay buenos pedidos y otras veces no tanto”.Nació en Viotá, Cundinamarca y a los 29 años incursionó en la guerrilla, ya tenía cuatro hijos que dejó en el pueblo y que por circunstancias de la vida siguieron su mismo camino . “Son cosas que uno hace a veces sin pensar, se le ocurren y estuve 13 años en el monte. Un día uno se arrepiente sobre todo del tiempo que ha perdido”, dijo.Hoy no sale de Bogotá y su vida gira en torno a la empresa y el estudio. “Ojalá más personas nos pudieran apoyar”, afirma.Destacan proyecto Banco de TiempoCoca Cola Femsa recibió esta semana en Puebla, México, un reconocimiento del Centro Mexicano para la Filantropía, por su apoyo al proceso de reintegración a través del programa Banco de Tiempo, que se inició con la Alta Consejería, pero que luego adoptaron como propio. Esta iniciativa fue elegida como una de las 40 mejores prácticas de responsabilidad social empresarial, realizadas por compañías latinoamericanas durante el 2010.El premio fue recibido por Felipe Márquez, vicepresidente de Asuntos Corporativos de Coca Cola. Con él viajó César Flores, otro de los beneficiarios del programa de reintegración del Gobierno, quien estuvo vinculado a las Autodefensas por espacio de tres años.César fue seleccionado por la multinacional para ir a México dado el buen desempeño que ha tenido su pequeña empresa de productos tejidos. La historia del ahora emprendedor, arranca en 2006 cuando dejó la vida de las armas y regresó a su pueblo Saragoza, Antioquia; allí sintió el rechazo de muchos pobladores, pero también el respaldo de otros. Recuerda que una profesora lo acogió y le enseñó a tejer macramé, una técnica que por medio de nudos permite realizar diversos productos como bolsos, correas, cortinas, hamacas, zapatos. “Al principio el rechazo de la sociedad es duro, pero he tenido la gran oportunidad de reintegrarme y no ha sido tan difícil porque encontré con el macramé una forma de ganarme la vida con mi esposa. Disfruto este trabajo”, afirmó Flores.Ahora tiene una empresa “Tejidos de Paz”, en la que genera dos empleos adicionales a los de su grupo familiar y acaba de terminar también los talleres con los ejecutivos de Coca Cola, los cuales considera han sido fundamentales para sacar su proyecto empresarial adelante. “Aprendí a administrar mi empresa, a entender que todo empieza por lo más pequeño y va creciendo, porque uno siempre quiere todo rápido y fácil”, afirma. Asimismo, por estas capacitaciones logró montar su primer catálogo de venta y su idea es internacionalizar el trabajo y el tejido.César Flores es profesor de macramé en Bogotá y como nunca en su vida se siente orgulloso de lo que hace. “Estoy contento del trabajo, es un proceso largo y duro, pero mucho mejor que delinquir y la invitación es a que el sector privado apoye de alguna forma estos programas”, dijo.Esta petición la han escuchado otras compañías como Coltabaco que se unió al programa Banco de Tiempo de la Alta Consejería y de la misma forma acaba de sumarse Davivienda. (*) el nombre fue cambiado a petición de la fuente.Aprendices de calzadoEn Cali hay otra experiencia de empresarios comprometidos con proyectos para la reintegración laboral. En convenio con la Organización Internacional de las Migraciones, OIM, y la Alta Consejería para la Reintegración, la Corporación de Desarrollo Productivo del Cuero, CDP, ha capacitado como auxiliares en la producción de calzado a 75 personas en año y medio, en programas que tienen una duración entre 2 y 6 meses, y que están compuestos por una fase electiva y otra práctica. De este número, 57 aprendices lograron vinculación laboral en condiciones estables con compañías de calzado de la región que apoyan el proyecto. “El sector del cuero está comprometido con el tema y se ha roto el paradigma del temor por la procedencia de las personas, encontrándose que tienen una buena preparación y resultan trabajadores muy buenos, asegura Gustavo Vivas, director del CDP. En este momento se está abriendo un nuevo taller para un grupo de 25 personas que estén interesadas en la capacitación. ste programa se está replicando en el barrio Restrepo de Bogotá, entre la agremiación de calzado de la zona y otras entidades como la Cámara de Comercio, la Alcaldía y la Alta Consejería Presidencial para la Reintegración.

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