Zinedine Zidane, de la flor a la eternidad

Zinedine Zidane, de la flor a la eternidad

Junio 05, 2017 - 07:21 a.m. Por:
Agencia EFE
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El técnico francés Zinedine Zidane festeja el título de la Liga de España.

EFE/ El País

Las dudas sobrevolaban sobre la figura de Zinedine Zidane cuando Florentino Pérez decidió darle paso, antes de lo pensado, como técnico del primer equipo. El francés es el gran triunfador de la temporada del Real Madrid, la de su confirmación, en la que ha pasado de una supuesta flor a la eternidad.

Cinco títulos en año y medio al mando. El primer entrenador que firma dos Ligas de Campeones consecutivas, el que devuelve al Real Madrid al dominio en la Liga española y extiende el de Europa, con tres conquistas de ‘Champions’ en cuatro años, la tercera con él como asistente de Carlo Ancelotti.

El nombre de Zidane se asocia inevitablemente al éxito como técnico. Llegó en tiempos revueltos, con los jugadores cuestionando métodos y enfrentados a Rafa Benítez. Sin experiencia en la elite y con las dudas sobre su personalidad. Aquel futbolista tan mágico en el césped como tímido fuera ¿sería capaz de gestionar un vestuario repleto de estrellas?

El fútbol es de los jugadores. Es una de las máximas de Zidane, que huye de elogios y siempre traslada el éxito a sus futbolistas. La unión entre ellos la considera decisiva. Que el vestuario haya formado un ambiente prácticamente de familia ha colaborado en que ninguna estrella se saliese del carril. El único amago fue del colombiano James Rodríguez tras la conquista del Mundial de Clubes y lo gestionó con una mano izquierda que recuerda a la de Vicente del Bosque.

El perfil de Zizou es lo más parecido a Del Bosque desde que se cerró su etapa en el Real Madrid. El club apostó por técnicos de metodología moderna de inicio y luego de mayor disciplina o rigor táctico, pero el éxito total parece reservado a aquel que sabe gestionar estrellas en el vestuario, que es cercano al jugador como Carlo Ancelotti, y en eso Zinedine ha demostrado maestría.

A su favor juega la admiración que sienten por él los jugadores, pero bien sabe que eso se evapora con un par de malas decisiones. Sus primeros resultados se tacharon incluso de flor. La modestia en sus declaraciones, reconociendo que hacía un curso acelerado de entrenador de elite, colocaba a la crítica al acecho.

Pero Zizou instaló la felicidad en el vestuario y en el madridismo. Resucitó una Liga perdida que luchó hasta la última jornada y se proclamó campeón de Europa en Milán.

No realizó revoluciones tácticas, nunca hizo ruido, cedió siempre el protagonismo y sonrió. Ni la situación de mayor nerviosismo le borra la sonrisa con la que llegó al estadio nacional de Cardiff en la víspera de la final y con la que siempre responde a cualquier pregunta complicada en sala de prensa.

En los tiempos que corren sin entrevistas ni ruedas de prensa de jugadores, la imagen de un club queda en manos del entrenador.
Y nadie puede representar mejor el señorío histórico del Real Madrid que por momentos quedó en segundo plano cuando se instalaron otras formas en el club. Ataques directos a árbitros, a rivales, incluso a propios jugadores del club. En el polo opuesto está instalado un Zidane que cierra la primera temporada que comienza desde el inicio, con la admiración de todos.

Nunca un técnico del Real Madrid instaló la filosofía de rotaciones masivas con éxito. Nunca hubo uno con el que hubiese un mayor número de jugadores felices y rindiendo.

Habrá un día en el que decidirá marcharse como hizo de futbolista. Fue antes de tiempo, con aún dos años por regalar a los amantes del fútbol. Como técnico tampoco ha querido agarrarse al puesto y hasta que no ha ganado títulos grandes no ha confirmado su continuidad. Cierra el curso con la Supercopa de Europa, el Mundial de Clubes, la Liga y la duodécima. Inscribiendo su nombre en la leyenda y siendo en tan corto espacio de tiempo el cuarto técnico con más títulos en la historia del Real Madrid.

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