Yílmar González: entre las cuerdas del ring y los muertos

Yílmar González: entre las cuerdas del ring y los muertos

Abril 21, 2013 - 12:00 a.m. Por:
LEONARD GUTIÉRREZ BUENO- Reportero El País
Yílmar González: entre las cuerdas del ring y los muertos

Cuando Yílmar hace un trabajo especial entre semana puede llegar a cobrar hasta los 5.000 pesos, pero sus mejores días son las fechas especiales.

El boxeador vallecaucano Yílmar González, mientras sueña con ser uno de los mejores pugilistas de Colombia, debe trabajar como jardinero en un cementerio para sostener a su familia.

Todos los días, Yílmar González baja las empinadas calles de Siloé para caminar tres kilómetros y llegar a su sitio de trabajo, el cementerio Jardines de la Aurora, en el sur de la ciudad, donde hace las veces de jardinero.El joven pegador de 20 años, nacido en Puerto Tejada, Cauca, tiene que cumplir la misma travesía a diario, para poder sostener a su mamá, doña Carmen, y sus hermanos, Yahaira y José Luis, quienes esperan en su humilde casa la llegada de quien por decisión del destino debe librar un combate que va perdiendo por nocaut.Todo fuera de otro color, o por lo menos más fácil, si Yílmar tuviera diez mil pesos para arreglar una vieja bicicleta que reposa llena de telarañas en un rincón de su casa, porque los frenos se resistieron a seguir sufriendo el ímpetu de su juventud, mientras que el caucho de las llantas está más desgastado de tanto ir y venir, que los sacos que a diario resisten sus golpes llenos de sueños aún por cumplir, sin importar que el precio que tiene que pagar es condenarse a sí mismo a tener la nariz chata, o vivir con el recuerdo inmediato de la ceja rota por la falta de suficiente vaselina.Yílmar González fue campeón nacional juvenil en dos ocasiones, y en la actualidad es el tercer boxeador más importante de Colombia en la categoría de los 52 kilos. Sin embargo, camina por las calles como un desconocido más, como un ‘pelao’ humilde que no tiene ninguna otra escapatoria a esa realidad. El hambre y la pobreza son sus verdaderos rivales. “Para mí, el cementerio es como un jardín, encuentro paz y tranquilidad”, asegura Yílmar, mientras que sus manos rebosantes de callos empuñan las tijeras, la escobilla y un machete, herramientas que desearía dejar a un lado, pero que finalmente ayudan a sostener la dura situación de su familia, que lo espera en la última casa de la cuadra después de subir más de 300 escalones.A las 8:00 de la mañana, Yílmar cruza cumplido la entrada del camposanto, por su cara corre el sudor propio de tanto tiempo caminando, pero resulta sorprendente cómo se dibuja una sonrisa que después de dicho trayecto resulta inexplicable. Pareciera que tantas ganas de vivir, de ganarle el pulso a la vida y de demostrarles a todos que puede salir adelante, le hicieran olvidar que acabó de caminar tres kilómetros sin tomar una sola gota de agua.“Yo me gano lo que la gente me quiera dar, no tengo un sueldo, por eso tengo que tratar de hacer mi trabajo bien para que la gente me colabore”, asegura Yílmar, que en ese instante estaba lejos de tener la pinta de un boxeador, pues una desgastada chaqueta azul, que no es de su talla, y no deja ver su cuerpo longilíneo, digno de un pugilista de 52 kilos.Entre sus labores está cuidar las tumbas, ponerles el fertilizante, podar el pasto y poner al abono para que se vean siempre verdes. Si Yílmar tiene suerte y se ha levantado con el pie derecho, recibirá a cambio una moneda de quinientos pesos, lo cual pasa pocas veces. A las 2:00 de la tarde termina su día laboral, lo normal es que a esa hora sus ganancias asciendan a 5.000 pesos. Eso vale el día del jardinero del cementerio. Eso, siendo un buen día entre semana. De lo contrario, puede llegar a ser mucho menos. Esa ganancia deberá protegerla como su cara cuando está montado en el ring, de ese billete verde de un cinco y tres ceros depende la comida y el desayuno de su pequeña familia.La otra cara de YílmarA las 2:30 de la tarde inicia la segunda vida de Yílmar, la vida que él quiere llevar, en la que con los dientes apretados y los puños bien cerrados quiere salir adelante y cumplirle a la mamá la promesa de sacarla de la pobreza. “Quiero ser como Mohammed Alí. Era muy rápido y para ser un peso pesado se movía muy bien dentro de ring”, dice Yílmar, quien por lo menos tiene al mejor de los ejemplos.Es rápido, y para ser un pegador de 52 kilos tiene buena estatura, pero lo más sobresaliente es que es un boxeador zurdo. Quienes saben realmente de boxeo, tienen claro que un zurdo en esta disciplina es un diamante a pulir. Es seguramente por esa razón que hoy es una de las nuevas promesas de este deporte en nuestro departamento.En los pasados Juegos Nacionales Yílmar logró la medalla de bronce. Por eso es el tercer boxeador más importante del país en su categoría, sin contar sus dos títulos nacionales, marca que su entrenador, el cubano René Iznaga, está convencido superará de lejos.“Es un excelente boxeador, lo único que puedo decir que le falta en este momento es tener más experiencia, y eso se logra con muchas más peleas”, explica.Como premio a la dedicación acaba de ser convocado a la Selección Valle, que inició su preparación para sus próximas presentaciones a mitad de año.Su libertad está en los puños, sabe que en la fuerza de su pegada está el boleto a la felicidad de su familia. Por eso al verlo en el ring su semblante cambia, a pesar que está recibiendo golpes en su cara, pareciera sentirse libre, sin importar que las cuerdas limitan sus movimientos hasta donde llegan las cuatro esquinas.El Yílmar González que por las mañanas hace las veces de jardinero para sacar su familia adelante, y el que por las tardes sin camisa y guantes en las manos es boxeador, son la misma persona. Son los mismos sueños entre pecho y espalda, sin importar que pueda estar entre los muertos en la mañana o los vivos en la tarde.Su entrenador“Yílmar es un boxeador disciplinado, que se ha destacado porque tiene una gran entrega por su trabajo, es por ese motivo que en los pasados Juegos Nacionales logró una medalla de bronce que lo convierte en el tercer mejor pegador de su categoría en el país. Creemos que por el trabajo que viene realizando, en los próximos Juegos Olímpicos puede pelear por un cupo en la Selección Colombia”, dijo el cubano René Iznaga, quien es el encargado de la Selección Valle que está concentrada en el Deportel.“Yo creo que Yílmar está en un ciclo importante en el que definirá su paso al profesionalismo. Si todo sale bien, si se hacen bien las cosas, pero sobre todo, si el se mantiene con la misma disciplina, creo que entre los 23 y 24 años debutará como profesional”, explica Iznaga. El joven boxeador está concentrado con cinco deportistas más en la concentración de la Selección Valle.

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