Yaya, el marfileño que escribe la historia

Yaya, el marfileño que escribe la historia

Marzo 16, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción El País
Yaya, el marfileño que escribe la historia

Yaya Touré era una de las esperanzas del City ante el Barcelona en la Champions. Sin embargo, el equipo de Martino se impuso en octavos.

Fue elegido por tercera vez consecutiva como el mejor jugador africano del año y enfrentará a Colombia en el Mundial. Historia de un crack que amenaza el futuro de la Selección en Brasil.

Cuando salió del Barcelona de España hacia el Manchester City de Inglaterra, Yaya Touré dijo: “Me fui del Barça porque allí la historia ya estaba escrita”. Y sí. No solo ya lo había ganado todo —dos ligas, una Copa del Rey, una Champions League, una Copa Mundial de Clubes, una Supercopa de España— sino que además para su técnico de entonces, Josep Guardiola, la historia efectivamente ya estaba escrita: Sergio Busquets, un jovencito experto en el arte de recuperar balones y simular faltas mortales —Busquets sin duda es mejor actor que  Matthew McConaughey, el ganador del Oscar— sería el titular por encima de Yaya. Y Yaya no lo entendió. Tampoco los hinchas del Barcelona que hoy extrañan al marfileño, elegido hace apenas un mes como el mejor jugador del Manchester City en la liga inglesa y a inicios de 2014 como el mejor jugador africano del año 2013, una distinción que ha obtenido tres veces de manera consecutiva. “¿De verdad creen que este Touré no sería mejor que los Xavi o Iniesta actuales en el esquema del Barcelona? Yo cambiaría a Touré por Xavi o Iniesta, sin dudar ni un segundo”, escribió un internauta en los comentarios de un artículo titulado: ¿Por qué, Yaya? (¿Por qué te fuiste del Barça?, Yaya).Otro de los foristas agregó: “Yaya necesitaba sentirse protagonista. Me resulta contradictorio como culé, pero creo que lo mejor para todos fue que sus caminos se separasen: Touré porque encontró su sitio, mejoró y explotó talentos que tenía pero que aquí no podían casi aparecer (y un sueldazo); el Barcelona porque no podía permitirse un jugador tan descomunal en el banquillo (con su sueldazo); y el City porque podía pagarle ese sueldazo y darle la dosis de confianza necesaria para brillar como brilla”.Yaya Touré, efectivamente, no soportó el banco de suplentes del Barcelona, donde solo tenía lugar como volante de marca o defensa central a pesar de su exquisitez con el balón, la potencia y precisión en los tiros de larga distancia, la velocidad y la potencia para dejar rivales desparramados. Él, sin embargo, se adaptó a las necesidades del equipo, cambió su fútbol, se convirtió en un defensa infalible y uno de los diez volantes más fuertes del mundo con un solo objetivo, escribir la historia. Pero la historia en el fútbol se escribe en el campo. Y Yaya quería seguir escribiendo, así la consecuencia fuera salir del mejor equipo del mundo, donde ya indudablemente todo estaba escrito. Apenas un año después de su salida del Barça, por cierto, a Touré lo empezaron a llamar en Inglaterra el “héroe de Wembley” y nunca más volvió a encargarse exclusivamente de evitar goles. De hecho, con 17 goles, es el tercer goleador del Manchester City, ese equipo en donde juegan tipos acostumbrados a meter pelotas al arco contrario solo con soplar como Kun Agüero. El caminoYaya Touré nació el 13 de mayo de 1983 en Sokoura Bouaké, la segunda ciudad más grande de Costa de Marfil, en África. Es decir que está a un par de meses de cumplir 31 años y en el fútbol, en muy poco tiempo, empezará a ser visto como un anciano, un hombre condenado al retiro laboral. Yaya lo sabe a pesar de su nivel de crack. Su último mundial, dijo, será el de Brasil, en donde enfrentará a Colombia. El marfileño y su equipo son una de las amenazas más letales para el futuro de Colombia en el Grupo C del Mundial. Cuando finalice la competición, también lo anunció Touré, dejará de vestir para siempre la camiseta de su selección. En la cima de su carrera, su mejor momento, se empieza a sentir que como un soldado de mil batallas. El Mundial, quizá, será su última gran guerra. Yaya, muy pequeño, partió de Bouaké a la ciudad de Abidjan, donde su padre consiguió trabajo. Allá se crió junto con sus hermanos, Kolo e Ibrahim, también futbolistas. Kolo juega para el Liverpool donde es llamado el ‘Cannavaro’ africano; Ibrahim juega para el Misr El-Makasa de Egipto. Yaya es el que más ha sobresalido. Como profesional, debutó en el Asec Mimosas de Costa de Marfil. Era 2001 y Yaya apenas necesitó unos meses para convertirse en figura y ser fichado por un equipo belga, el Beveren. Dos años después, viajó a Ucrania para jugar con el Metalurg Donetsk. Hasta que en 2005, por fin, uno de los equipos reconocidos de Europa, el Olympiacos de Grecia, lo contrató. Enseguida los grandes clubes de Europa empezaron a seguirle la pista. Primero fue el Mónaco. Después el Barcelona, que pagó 9 millones de euros por sus servicios y Yaya, sin siquiera jugar, seguía haciendo lo que le gusta, escribiendo la historia. Se convirtió en el primer jugador marfileño en jugar en el equipo catalán. Entonces sucedió lo que pocos esperaban: a pesar de haber jugado en la titular que ganó la Champions League frente al Manchester United, a pesar de haberse coronado campeón de la Copa del Rey el 13 de mayo de 2009, día de su cumpleaños, y haber ganado dos ligas, fue transferido al Manchester City por una cifra millonaria: 30 millones de euros. Eran días en los que el Barcelona lo ganaba todo, le salía todo, y la salida de Yaya, al principio, poco se notó. Solo tres años después, cuando el Barcelona está por debajo del Madrid en la tabla, es que muchos empiezan a hacer la pregunta: ¿por qué te fuiste, Yaya? Solo ahora, cuando el marfileño ha escrito en la historia del fútbol que es el héroe de Wembley. Sucedió durante la FA Cup de la temporada 2010-2011. Touré anotó el gol con el que el City derrotó al United, su histórico rival, en semifinales. Después, ante el Stoke en la final, el City ganó 1-0 y acabó una racha de 35 años sin títulos. Yaya es el protagonista estelar de esa historia.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad