Un renacimiento aplazado en el Deportivo Cali

Agosto 11, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Jorge Enrique Rojas - Editor Unidad de Crónicas El País

Luis Fernando Mosquera llegó al Cali para salvar al equipo y salvarse él. Una lesión poco común impidió que esta temporada ocurra lo uno y lo otro. ¿Puede un tendón reventado romper también el corazón de una hinchada?

El fútbol es una tragedia que los domingos se confunde con la vida. Cuando el silbato del árbitro marca el final del juego y los hinchas abandonan las gradas del estadio o el televisor, catástofres insospechadas empiezan a sufrirse lejos de la transmisión en vivo. El camerino cerrado es una métafora de la realidad y, como en la vida, nadie sabe lo que pasa cuando alguien cierra la puerta de su casa ¿Qué ocurre cuando un futbolista, desvestido de vendas, uniforme y canilleras, se convierte en un tipo común? ¿Qué pasa cuando una lesión convierte sus piernas en un colgajo de carne, músculo y venas?El pasado 2 de agosto, cuando calentaba en la cancha del estadio Palmaseca para jugar el primer partido oficial con su nueva camiseta, Luis Fernando Mosquera, fichaje estelar del Deportivo Cali en esta temporada, se rompió el tendón de aquiles de la pierna izquierda. Alguien dirá que una lesión para un futbolista es algo tan común como un estrellón para un piloto de carreras; y pensará que recuperarse es tan sencillo como mandar a reparar un auto chocado, listo para que en un par de semanas le presionen el acelerador como si nada hubiera pasado. ¿Recordará alguien que los jugadores no son máquinas? ¿Lo son acaso?Poco después de que se conociera la noticia de su lesión, las redes sociales, aquella vitrina del narcisismo y la inmediatez, estallaron en suposiciones y conjeturas: en foros de prensa, tuits y muros de Facebook, comenzaron a leerse presunciones de aficionados y opinadores profesionales que decían que lo que le había pasado a Mosquera era reflejo de su indisciplina o producto de una vieja magulladura que él no supo cuidar. Incluso, hubo periodistas que en programas radiales se aventuraron a decir que esa lesión solo le ocurría a tipos díscolos, más hábiles en una pista de baile que una cancha de fútbol. La mente de unos y otros, tan rápida y explosiva como monoplazas de Fórmula Uno, seguro habrá olvidado el pasado reciente: deportistas como Javier Zanetti, uno de los futbolistas más profesionales de Europa, o Kobe Bryant, quizás la estrella más cuidada de la NBA, se rompieron el mismo tendón.Mientras los mensajes circulaban en la red, Mosquera se derrumbaba. Alex Ríos, su representante, cuenta que antes de eso el volante estaba feliz. Llegar al Cali era un sueño cumplido. Alex, por teléfono, dice que su representado había puesto mucho de su parte para llegar al Cali. La frase de cajón tal vez no lo sea tanto: las dos temporadas con el Atlético Nacional no habían sido el mejor momento de su carrera. Aunque venía de ser campeón, Mosquera traía más tiempo acumulado en la banca que en la cancha. Resistido por una parte de la afición paisa y algunos sectores de la prensa antioqueña, el Cali era su oportunidad para volver a empezar.Con 26 años y un estilo de juego que en ocasiones hace recordar a esos futbolistas que todavía juegan por diversión y no por obligación, Mosquera sonreía incontinente como uno de esos afortunados que después del duelo vuelven a encontrar el amor. Gustavo Portela, médico del Deporcali que conoce al jugador desde el 2005, cuando ambos coincidieron en el Deportes Quindío, recuerda ahora eso: sentado en una oficina acondicionada en la zona de fisioterapia del equipo, el médico habla de aquel gesto, de la alegría del chico, de esa ilusión que no alcanzó a ser fotografiada. El Cali era su revancha particular. El chance para demostrar con las piernas que su corazón todavía podía latir.***Mosquera no quiere hablar. Hace nueve días fue operado y las pocas veces que atiende el teléfono dice que si alguien necesita saber algo de su vida se comunique con el médico. Mosquera se refiere a la lesión como su vida. Y en este momento lo es: por lo menos en cinco meses el jugador no podrá volver a una cancha. En 1994, cuando el astro Diego Maradona fue culpado de doparse en pleno Mundial y obligado a retirarse por quince meses del fútbol, el argentino, a veces tan genial con su lengua como con su pierna izquierda, dijo que estar todo ese tiempo sin jugar era como que le cortaran las piernas. ¿Qué pasa por la cabeza de un futbolista que literalmente siente haber perdido una de ellas?Hace un año, el arquero de Millonarios Nelson Ramos tuvo la misma lesión. En un clásico contra el Santa Fé se rompió el tendón de aquiles cuando iba a despejar un balón sin que ningún rival lo presionara. Ramos, ya recuperado, recuerda ahora el episodio y dice que quizás una de las cosas más difíciles de asimilar fue la reacción de la gente. Los hinchas, en foros de prensa, tuits y muros de Facebook, se burlaban calificando la lesión como una tontería. Los comentarios no tenían ofensas explícitas, pero eran escritos en un tono más adecuado para referirse a un sketch de Míster Bean que a la tragedia de un futbolista. Y aquelllo, con un pie inmóvil y la sutura fresca, era como una patada a la autoestima.Después de la operación, cuando ha pasado el tiempo, con el campeonato avanzado y un reemplazo en la cancha, viene otro golpe: el teléfono que no suena. El celular de los futbolistas es un medidor vibrante de su carrera: el número de timbres diarios, anunciado llamadas de periodistas, empresarios y colegas, indican la vigencia de esos hombres destinados a jubilarse cuando la vida profesional del resto apenas empieza. Por esos días, el teléfono de Ramos dejó de sonar. El arquero dice que es ahí cuando la familia se convierte en un refugio con poderes curativos; al ser una lesión tan inusual, los futbolistas tienen pocos ejemplos cercanos de recuperaciones exitosas y tienden a deprimirse mucho más que si se hubieran roto el ligamento de una rodilla. La familia, dice el arquero que hace doce días reapareció en el amistoso que su equipo jugó con el América, fue su salvación.El argentino Martín Morel, volante de armado que en el 2010 jugó en el Cali, cree algo parecido. En noviembre del año pasado, actuando con el All Boys, cayó lesionado. En un partido que su equipo disputaba contra Newell's, Morel se rompió el tendón de aquiles cuando saltó a bajar un balón con el pecho. Desde el otro lado del teléfono, Morel recuerda el dolor: algo semejante a una patada por detrás, dice. O a una pedrada, corrige. Sí, eso, lo que se siente es como una pedrada. Pero cinco meses y medio después de aquel sufrimiento volvió a jugar. Y en parte, asegura, eso fue posible gracias al apoyo de su familia. El diez piensa que si bien la fisioterapia es determinante en la recuperación, lo es también la fortaleza mental. Morel, ahora, es jugador del Atlético Tucumán.El médico Portela dice que la operación que le hicieron a Mosquera fue hermosa. Que en las dos horas que tardaron en el quirófano lograron hacer un trabajo de orfebrería. Portela cuenta que en medio de la tragedia hubo una pequeña salvación: el flexor de su pierna no se rompió junto al tendón, de modo que la recuperación del movimiento será menos complicada. Mientras explica las fases de recuperación que Mosquera tendrá en las próximas doce semanas, el médico tiene momentos sonrientes. Uno de ellos cuando recuerda que 72 horas después de la cirugía, el jugador dejó de tomar analgésicos. Eso, afirma Portela, significa que su cuerpo está asimilando bien el procedimiento y que el dolor es tan soportable como para que haya abandonado las píldoras. 72 horas después, Mosquera ha empezado a hacer trabajo de fisioterapia a doble jornada en la sede de Pance y su ánimo también ha empezado a reponerse. El médico vuelve a sonreír.En el 2008, Fernando 'El Pecoso' Castro fue técnico de Mosquera en el Santa Fé. Castro lo recuerda como un muchacho muy tímido, callado, poco conversador. Según 'El Pecoso', a veces tenía que sacarle las palabras ganzúa. Pero a la hora de hablar de su fútbol, el técnico parece referirse a otro tipo que solo atina a describir con antónimos de la timidez: desequilibrante, atrevido, potente, extraordinario. Tal vez las piernas de ese genio retraído tengan la terquedad del algunos corazones, capaces de volver a latir después de rupturas inhumanas. Las de Mosquera están rodeadas de razones suficientes para volver a demostrar su vitalidad palpitante; Alex Ríos, su representante, dice que el centro de la vida de ese muchacho nacido en Buenaventura es su familia: su mamá, que sigue en el Puerto; su esposa y sus dos hijos: una niña de 5 años y un bebé de 9 meses. Ellos son el verdadero talón de aquiles de Mosquera. Y ese talón, está intacto.

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