“Tengo el corazón de un guerrero”: Miller Moreno, colombiano en el Atlas

“Tengo el corazón de un guerrero”: Miller Moreno, colombiano en el Atlas

Febrero 02, 2014 - 12:00 a.m. Por:
DANIEL MOLINA DURANGO- Reportero de El País

Es un mediapunta que juega actualmente en Atlas, el equipo de ‘La otra pasión’ en Argentina. A este joven poco le importa estar en la última categoría del balompié gaucho. Lo que lo motiva es la verdadera esencia del fútbol.

No existe algo que cause tanta nostalgia como los viejos rieles de un tren que quizás no volverá a pasar nunca. Pero, resulta que ese medio de transporte que antes era fundamental para comunicar municipios, también es comparable con el destino de las personas. Subirse a un tren también significa elegir un camino a seguir.Eso fue lo primero que pensé cuando llegué al barrio Zamorano de Palmira y me encontré con un largo carril de tren, que parecía como si desde hace mucho hubiera echado raíces en ese lugar para no irse jamás. Cerca de ahí se podía apreciar una larga pradera, rodeada de árboles con grandes tallos. Se respiraba tranquilidad pura. Cerca, se avistaba un hogar de dos pisos. Una casa con una fachada pintada de verde y blanco. En la entrada, dos personas de tez oscura se acercaron a mí amistosamente. Les dije que deseaba hablar con Miller Moreno. Ellos asintieron. A los 15 segundos, salió del primer piso de la casa un chico no muy alto, con una camiseta esqueleto de diferentes colores y un peinado al estilo de Juan Guillermo Cuadrado. Se presentó y me dijo que era el único colombiano que hasta el momento había decidido subirse al tren del Atlas de Argentina, un equipo de quinta división, que en su historial solamente tiene pérdidas en lugar de títulos. Su mayor logro es tener un programa propio en el canal deportivo Fox Sports, haciéndose conocer en otras partes de América y el mundo. ***Miller tiene 22 años, pero hace cuatro se fue a Argentina a probar suerte, ya que aquí en Colombia, pese a estar por algunos años en América, Cortuluá y Pasto, no logró tener mucho protagonismo. “Estuve en clubes como Atlético Tapalqué, Estudiantes de Buenos Aires y Duglas Haig, hasta que hace seis meses recibí un llamado de Atlas y, sin pensarlo mucho, acepté la oferta”, fue lo que me comentó, mientras caminábamos hacia el polideportivo de Zamorano, el sitio donde empezó a jugar fútbol hace más de 15 años.Atlas, como ya se dijo, es un equipo que pertenece a la última categoría del balompié gaucho. Juega en la localidad de General Rodríguez, situada al oeste de Buenos Aires y su estadio es el Ricardo Puga. Una cancha con capacidad para 2500 personas. Este club, que a simple vista puede mirarse con indiferencia, en realidad tiene algo especial.Desde enero del 2006, Fox Sports realiza con este cuadro un reality show llamado “Atlas, la otra pasión”. En este programa se presentan crónicas relacionadas con el equipo, y tiene como objetivo mostrar la parte humana de los jugadores que se desempeñan en uno de los clubes más humildes del continente. ***Cuando llegamos a la cancha del Polideportivo Zamorano, Miller se puso el uniforme de Atlas (camisa marrón con azul y pantaloneta blanca) y, casi por inercia, empezó a patear el balón amarillo que le facilitó uno de sus amigos. “Fueron muchas cosas las que me motivaron a irme al cuadro de ‘La otra pasión’. Yo veía los partidos por el reality y me llamó la atención la humildad del club y de su gente. Sin duda, es el equipo del pueblo”. Para muchos jugadores, desempeñarse en la última categoría del fútbol argentino es difícil, ya que los sueldos no son altos, los viajes en bus para jugar de visitante suelen ser un martirio y, como si fuera poco, jugar en canchas que a veces tienen más polvo que césped es un verdadero reto. Como lo dice Miller, es “algo complicado, pero hermoso”. Hermoso, porque es como volver a la esencia del fútbol, que no es otra que jugar a ganar y a divertirse por pasión, por amor a la camiseta, dejando a un lado los beneficios económicos que todo jugador desearía tener. “Entre semana las prácticas son muy duras, pero luego llegas al camerino y las charlas con el técnico te tocan de verdad. Siempre, antes de salir a la cancha, les veo la cara a mis compañeros y tienen una mirada de rabia, que te dice que hay que salir con el cuchillo entre los dientes para ganar o ganar. Es una cuestión de orgullo”. A pesar de que en el Ricardo Puga solamente hay cupo para poco más de 2000 personas, el hecho de que el reality se vea en distintos lugares del mundo ha desencadenado que este club tenga algo parecido a “una hinchada continental”. “La gente, siempre que salimos a la cancha, nos apoya con todo y nos trata muy bien. Pero es muy lindo llegar a tu casa y ver que en Twitter personas de México, Chile, Ecuador y Colombia te escriben que eres un genio o un crack. Es inigualable”.Para Miller, lo que vive en el camerino y en la cancha es algo especial. Se siente parte de un ejército humilde en armas, pero de gran valentía y entrega. “Yo tengo el corazón de un guerrero y por eso doy lo mejor de mí”, comenta. ***En Argentina, este palmirano de 22 años ha descrestado con su talento. Es un media punta de gran calidad técnica y que tiene como mayor habilidad poner pases de gol. Aquella tarde en la que me encontré con él, disparaba a una cancha sin redes, de postes tan blancos como una hoja de papel, demostrando su nivel. Aunque el gol no es su fuerte, jamás olvidará su primera anotación con el equipo ‘marrón’. “Fue en el clásico contra Alem, a los 50 segundos de partido. El arquero rival sacó mal, un volante de nosotros la recuperó y dejó mano a mano al delantero. Yo venía desde atrás y mi compañero me cedió el balón. Fue solamente empujarla e ir a celebrar”. Para él, “todo está dado esta temporada para que Atlas suba de categoría”.En el equipo, Miller es el único extranjero, pero sus compañeros lo han acogido bien y luego de las prácticas lo invitan a tomar mate y jugar Play Station. Este palmirano se considera una persona alegre, que se goza la vida en Buenos Aires. “Aparte de jugar, estudio tres días a la semana para ser asistente contable. Luego, en el apartamento escucho música como reggaetón a todo volumen. Entonces los vecinos te tocan la puerta y te dicen que le bajes un poquito. Pero eso sí, colocas una cumbia y nadie te dice nada. He disfrutado esta experiencia”.“Lo que sí debo admitir es que me ha dado duro el tema de la alimentación, porque me hacen falta el sancocho y el arroz con pollo, pero de resto, todo ha sido muy bueno”, comentó el joven jugador entre risas. ***Tras hacer unos cuantos disparos más, Miller decidió parar e ir a sentarse sobre una silla de madera que estaba a su esquina. Desde ahí, divisó la cancha en la que acababa de jugar, esa a la que siempre venía cuando estaba de vacaciones, como en aquella ocasión. Recordó que allí se formó como futbolista y como persona, y me comentó que deseaba ser un ejemplo para los palmiranos que sueñan con jugar fútbol. Finalmente, tras decir que su meta para este año es ascender sí o sí al Atlas, caminó unos cuantos metros, para después volver a mirar la cancha con un toque de alegría y otro de nostalgia. “Aquí está el futuro de Palmira”, fue lo último que comentó antes de abandonar el lugar y tomar un camino que justo fue a dar a los antiguos rieles del tren.

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