Stiven Tapiero, el pulmón de América de Cali

Noviembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos- Reportero de El País
Stiven Tapiero, el pulmón de América de Cali

Stiven Tapiero (izquierda), volante del América de Cali, durante un partido contra Deportes Quindío en el estadio Pascual Guerrero.

El volante es el referente de los ‘diablos rojos’. La hinchada le agradece, sobre todo, su entrega. “Tiene dos pulmones, cuatro testículos”, asegura el Presidente. Perfil de un luchador.

Stiven Tapiero aprendió a caminar gracias a una pelota. Sucedió cuando tenía diez meses de nacido. Su madre, Lidia, regresaba de un viaje a Bogotá. En la capital le había comprado la pelota. No imaginó que le fuera a gustar tanto. Cuando llegó a casa en un taxi, Stiven salió a recibirla gateando. Lidia le lanzó el regalo. Tapiero se puso de pie y caminó, feliz, tras él. Nunca más volvió a gatear.- El fútbol nació con él. Lo lleva en la sangre, dice su mamá. Los tíos de Stiven Tapiero son futbolistas. Su hermano Brayan es portero. II- ¿Qué opina del partido?, se preguntaba Stiven a sí mismo. Y se respondía.- ¿Cómo analiza el gol?, se preguntaba de nuevo y volvía a responderse. Lo hacía en su casa, encerrado en un cuarto, sin que nadie estuviera cerca, no fuera a ser que lo tildaran de loco. Aún era un niño. - Tal vez me estaba preparando para lo que sería mi futuro. Los sueños se cumplen. Aunque no pensé que me fuera a cambiar la vida tan rápido como me ha sucedido en América. Para llegar aquí, me ha tocado luchar muy duro. Por eso esta oportunidad no la voy a desaprovechar. Tapiero acaba de salir de una sesión de hielo en la sede de entrenamiento del equipo, Cascajal, y mientras recuerda sus autoentrevistas se sonríe. IIIStiven Tapiero nació en Cali, en 1991. Cuando tenía cinco años la familia se trasladó a la vereda de su madre: el Arenal, municipio de Suárez, departamento del Cauca. El padrastro de Stiven había conseguido trabajo en esa zona del país y además la situación económica en Cali era complicada. Todo ello se juntó y se marcharon. En el Arenal la vida de Stiven era, básicamente, estudio y fútbol. Todas las tardes, a las cuatro, después del colegio, jugaba con su tío Héctor, un futbolista aficionado, al igual que Melquin, su otro tío. Héctor fue el que empezó a depurarle la técnica. Tapiero le pegaba al balón con la punta de los pies y Héctor comenzó a explicarle cuál era el borde interno, cuál el externo, qué efecto toma el balón si se le pega con uno u otro. Tapiero es derecho y por lo general define con el interno.- La verdad nunca pensé que iba a jugar fútbol profesional. Yo solo jugaba para divertirme. Cuando mi tío no me dejaba jugar porque estaban los grandes, me ponía muy mal, lloraba. Y en la vereda no teníamos televisor con parabólica. Era un televisor de baterías que cuando pasaban propagandas había que apagarlo para que durara. Entonces nunca vi fútbol. No tenía la posibilidad. Solo jugaba. En el colegio de la vereda su profesora de primaria, Lucrecia Vidal, lo observaba en los partidos. Ese niño, se dijo, es distinto a los demás. Juega bien. Se lo contó a Lidia. Le dijo también que lo llevaran a la escuela de fútbol del pueblo, en Suárez. Lo intentaron unos días. Era lejos. Tapiero llegaba a las diez de la noche para madrugar de nuevo. No aguantó ese trote. Cuando estaba en cuarto de primaria, su madre decidió regresarse a Cali. El colegio en El Arenal solo llegaba hasta quinto. Y Lidia, que estudió pedagogía y tenía una guardería en la vereda - conoce la importancia de la educación - quería que Stiven y sus dos hermanos se graduaran del bachillerato. Viajaron, a pesar de que Lidia no tenía trabajo. Pero por los hijos se hace lo que sea. Lidia comenzó a cuidar un niño, después hizo aseo en almacenes, en oficinas, para pagar el estudio de los muchachos. En Cali vivían en una casa del barrio Laureano Gómez, Comuneros, donde, a pesar de que entre vecinos se conocen, se respaldan, había demasiados peligros. Fronteras invisibles, pandillas, las drogas.Tapiero no cayó en nada de ello. No solo porque siempre ha sido tranquilo, de esos hijos buenos que no dan problemas - sino porque además no salía de casa a no ser que fuera para ir al colegio. Había un régimen impuesto por su madre: de lunes a viernes nadie sale a fiestas y cosas por el estilo y a las nueve de la noche todos tienen que estar acostados. Para rendir en la vida, hay que dormir bien, decía Lidia. Stiven Tapiero aprendió la disciplina en casa. También en el colegio Santa Lucía, donde no le permitieron el cabello largo.- Es un profesional, un ejemplo para otros muchachos en el equipo que tal vez son más inquietos, dice Oreste Sangiovanni, el Presidente de América.- Siempre ha sido un jugador honesto, entregado al trabajo, agrega Jhon Freddy Tierradentro, uno de sus profesores en la Escuela Carlos Sarmiento donde Tapiero vivió el que hasta ahora, ha sido el momento más difícil de su carrera. IVLidia notó los ojos de Stiven extraños. “Uno conoce muy bien a sus hijos”. ¿Qué te pasó?, le preguntó. - Sacaron a unos jugadores de la escuela (la Sarmiento) y entre ellos estoy yo. La decisión la había tomado el entrenador Alberto Suárez. Tapiero supuso que hasta ahí había llegado su historia en el fútbol a pesar de que se hubiera entrenado tan duro. Cuando llegaron a Cali de El Arenal, ingresó a una escuela del barrio Laureano Gómez y después a la academia del profesor ‘Tito’, en el barrio Decepaz. A ‘Tito’, sin embargo, lo mataron. Los tíos de Stiven lo ayudaron para que entrara, entonces, a la Sarmiento. Allá estuvo durante cinco años. Para ahorrarse los mil pesos del bus, caminaba desde la Avenida Simón Bolívar de regreso a casa después del entrenamiento. Todos los días. Con sus ahorros se compraba los guayos. Para cumplir el sueño de ser profesional había que sacrificarse, pero ante la noticia de su salida de la escuela parecía que todo había sido una pérdida de tiempo. Fue cuando Tierradentro y otros profesores como Polo Cárdenas y César Hernández le hablaron, le aconsejaron que creyera en sus condiciones. Su mamá le aseguró que otras puertas se abrirían, “no hay mal que por bien no venga”. Tapiero probó en el Dépor de Aguablanca, fue aceptado, subió a la profesional, llegó al América, volvió a reír como el bebé que se puso de pie para ir tras la pelota. VEl Presidente de América advierte que tal vez lo que va a decir no se puede escribir en un periódico: “Tapiero tiene dos pulmones pero sobre todo, cuatro testículos”. - Marca, ataca, corre toda la cancha. Es un líder que jala a los otros muchachos.La hinchada le reconoce, sobre todo, eso: la entrega. Una foto en el Facebook de un aficionado resume el sentimiento de los americanos: están seis obreros, todos de pie alrededor de una zanja, mirando, y solo un hombre dentro de ella, trabajando. Un letrero sobre él dice: Tapiero. Los balones de América pasan de defensa a ataque por Stiven. Su referente, por cierto, es el dueño del medio campo de Italia: Andrea Pirlo. Aunque también admira al ‘Pibe’. Tiene algunos de sus movimientos en la cancha. Tiene el pelo – que cuida con cremas y tratamientos – aunque no se lo dejó así por Valderrama. Simplemente porque siempre le ha gustado el cabello largo. - Yo no soy un ídolo. Por ahora tengo es un reconocimiento que me lo he ganado gracias al esfuerzo. Hacer las cosas bien, trabajar todos los días. Es mi deber. Trabajar por una institución que me ha dado la mano. Además soy un hincha que juega con América. Aunque no era de los que iba al estadio y mantenía pendiente, pero siempre me ha gustado América.Los socios del equipo hicieron préstamos para, a pesar de los problemas económicos, lograr comprar los derechos deportivos y evitar que Tapiero se fuera al Nacional. Ahora Stiven ya no anda en bus y también salió del barrio, de Comuneros. Él parece ser, en todo caso, el mismo que caminaba a casa después del entreno. - Yo le digo a mi mamá: si me ve haciendo algo malo, si me ve con el ego subido, creyéndome la chimba del fútbol, me da un coscorrón en la cabeza.Lidia ya lo hizo. Tapiero aún estaba en el Dépor y cuando salió del estadio, no saludó a los vecinos que lo habían ido a ver. El equipo había perdido – la derrota lo pone de mal humor - y así se montó al taxi de regreso a casa. Lidia le dijo que era un irrespetuoso. “Tiene que ser el mismo gane, empate o pierda”. Tapiero no dijo nada. Al siguiente día le envió un mensaje en el celular: “gracias mamá por enseñarme a ser persona”.

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