Simone Biles, la pequeña gimnasta que se hizo gigante en los Juegos Olímpicos de Río

Agosto 16, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Agencia AFP / El País
Simone Biles, la pequeña gimnasta que se hizo gigante en los Juegos Olímpicos de Río

La deportista norteamericana hace historia en Brasil.

La deportista norteamericana se ha ratificado en Brasil como la mejor gimnasta del mundo.

Cuando era pequeña, Simone Biles pensaba que todos los niños eran adoptados. A ella le habían acogido sus abuelos después de que los servicios sociales le apartaran de su madre drogadicta. Y aquella nena diminuta le respondió a la vida comiéndosela a saltos hasta convertirse en la mejor gimnasta del mundo.

No es el guión de una película de Hollywood, pero podría serlo si tras el aire risueño de esta deportista que parece vivir en una fiesta de cumpleaños constante pudieran atisbarse las heridas de un pasado crudo. Pero ella se las curó volando. Comenzó a hacerlo a los seis años cuando acabó de casualidad en un gimnasio que le esperaba desde siempre.

Allí construyó una carrera donde, todavía sin haber cumplido los 20, ya brillan cuatro oros olímpicos, el récord de títulos mundiales (10) y una cascada de superlativos. Una gloria imposible de imaginar cuando su abuelo Ron y su mujer la adoptaron a los tres años, junto a su hermana menor, para interrumpir su camino hacia el centro de acogida de Ohio al que les había condenado la enfermedad de su madre.

 "Cuando era más pequeña me preguntaba qué habría sido de mi vida si no hubiese pasado nada de esto. A veces todavía me pregunto si (su madre) se arrepiente y querría haber hecho las cosas de manera diferente, pero evito plantearme estas preguntas porque no las tengo que responder yo" , afirmó a la revista Time.

 Campeona y adolescente

Otros hermanos se fueron con una tía y ellas formaron una nueva familia en Texas con sus abuelos, a los que desde el primer día llamaron padres, y sus dos hijos adolescentes. Uno de ellos le enseñó su primer salto y a su entrenadora Aimee Boorman todavía no se le ha olvidado.

 "Cuando la vi en el gimnasio me pregunté: '¿qué pasa con esta niña?' El primer día hizo un mortal hacia adelante y dijo: 'mi hermano me enseñó a hacerlo en el jardín" . Ya no volvieron a separarse. Ahora, con la maratón olímpica terminada, se tomarán un tiempo, quizás el máximo que estarán sin verse.

 "Es como cuando tu hijo se va a la universidad, lo ves todos los días y de repente ya no está. Va a ser duro" , afirmó a quien Simone llama su segunda madre y con la que pasa 32 horas a la semana.

Fue a esta mujer risueña a quien se abrazó la campeona tras conquistar el oro en el concurso individual. Fue la única vez que se le vio llorar en Rio, donde se ha paseado siempre pegada a una sonrisa, incluso cuando se oscureció el oro.

En su 1,45 de puro músculo conviven el prodigio del deporte, la épica de los campeones y una joven de 19 años que tiene peluches en la cama y una figura a tamaño natural del actor Zac Efron en su cuarto.

 "Hay dos Simones, la campeona del mundo y la adolescente, y puede pasar de la una a la otra muy rápido" , contó riendo su abuelo en televisión. Un torbellino que llegó a asustar a la espartana Marta Karolyi, la coordinadora de la selección estadounidense y esposa de Bela Karolyi, el entrenador de la mítica Nadia Comaneci.

La única

 Con más de 400.000 seguidores en Twitter, a Simone le ha sobrado el tiempo en Rio para ser la mejor, flirtear con un gimnasta brasileño con las redes de testigo y hasta para recibir la felicitación de su adorado Zac Efron.

Pero cuando entra en el tapiz se convierte en la máquina de explosividad y precisión que llegó hace tres años al circuito senior para revolucionarlo todo. Tanto que ya tiene un salto con su nombre, uno de los grandes honores de la gimnasia. El 'Biles', un doble mortal en plancha que acaba con medio giro, no faltó en su espectacular despedida de Rio-2016 con el oro en suelo.

En el tapiz que le presentó al mundo volvió a volar a ritmo de samba, sonrió y se divirtió como si nada hubiera pasado la víspera, cuando el equilibrio le traicionó en la viga, le recordó que era humana y le arruinó su ambición de convertirse en la primera gimnasta con cinco oros en unos mismos Juegos.

"Me encanta el público, me encanta coquetear con ellos" , afirmó en una de sus múltiples entrevistas. Y ellos la adoran. Simone Biles es también el sueño americano que emborracha a los focos y con el que sueñan las marcas.

Al final el récord no pudo ser, pero sale de Rio convertida en icono a reencontrarse con la vida que cambió de niña por un deporte que consume a sus héroes sin remordimientos. Pero volverá, como vuelven todos los genios. "No soy el próximo Usain Bolt o Michael Phelps, soy la primera Simone Biles" , dijo en Rio. Palabra de reina. 

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