Sebastian Vettel: el niño que será rey

Noviembre 02, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Resumen de agencias y Redacción de El País

De seguir así, el alemán Sebastian Vettel le arrebatará la corona a Schumacher como el corredor más ganador en la historia de la F1. Pero eso no le preocupa. Quizás ni le importe: Vettel es un niño que solo corre por diversión.

Uno de los lugares comunes predilectos de la prensa, una de esas frases repetidas que los periodistas usan una y otra vez para titular la vida de los héroes precoces, esta vez fue un acierto. Hace una semana, cuando Sebastian Vettel se proclamó campeón por cuarta ocasión de la Fórmula Uno, agencias, diarios deportivos, portales de internet, periódicos, noticieros, abrieron el cajón de las ecuaciones resueltas y pusieron la chapa junto a la imagen del alemán: ¡Niño Prodigio! Contrario a los que suele suceder, aquel día no hubo exageración alguna. Al volante de un auto de carreras, Vettel es un genio prematuro.Con 26 años, el chico acaba de igualar las cuatro coronas de Alain Prost, que ganó el Mundial tres veces para McLaren (85, 86 y 89) y una más para Williams (1993). Pero a diferencia del francés, este muchachito lo hizo de forma consecutiva uniendo así su nombre a los dos únicos pilotos que hasta ahora lo habían logrado: Michael Schumacher y Juan Manuel Fangio. Schumacher ganó siete títulos y celebró 91 triunfos en la categoría reina del automovilismo, en la que arrancó 68 veces desde la pole.Esos récords, que hoy parecen territorio lejano para el tetracampeón, tal vez no lo sean tanto: cuando 'Schumi' tenía los 26 años y tres meses con que cuenta su sucesor, él apenas llegaba al segundo título; y apenas sumaba once triunfos y seis poles. El domingo pasado, en el Gran Premio de India, Vettel llegó a su victoria 36 y a su pole position 43. Schumacher, no está de más recordarlo, se retiró por segunda vez el año pasado y ahora está más dedicado a las despedidas de sus amigos futbolistas (en junio jugó en la de su compatriota Michael Ballack) que a cuidar las marcas del pasado. Vettel, entonces, en un par de años, podría arrancarle la corona como el automovilista más laureado de la historia y convertirse, también, en un rey precoz. Pero cuando eso pase quizás no haya un festejo sonriente: desde que estaba pequeño, Schumacher es su máximo ídolo. A Vettel, de hecho, lo apodan ‘Baby Schumi’. Este bebé comenzó temprano a sumar todos los récords que ha podido: conduciendo un BMW-Sauber, fue el más joven probador en el entrenamiento de un Gran Premio (Turquía 2006). En 2008, como piloto de Toro Rosso y 21 años de edad, se convirtió en el más joven en conseguir un triplete, logrando pole, la vuelta más rápida y ganar la carrera. Dos años después se convirtió en el piloto más joven en ganar un Mundial, arrebatándole el título a Fernando Alonso en Abu Dabi. Y un año más tarde, al revalidar su corona, lo hizo con otra marca de su precocidad ganadora: ese campeonato lo logró ganando once carreras y firmando quince poles, batiendo así el récord del inglés Nigel Mansell. El año pasado, en la última carrera en Sao Paulo, se atravesó de nuevo en el camino del español Fernando Alonso y se levantó, con 25 años, como el tricampeón más chico de la historia. Con ese triunfo sepultó la marca de otra leyenda, Ayrton Senna, que había festejado su tercera corona con seis años más que el alemán.Su colección de marcas rotas ha puesto a especular a expertos en la Fórmula Uno, periodistas y aficionados, sobre el verdadero origen de su éxito. Entonces han hablado de la relación con su padre, un amante de la velocidad que alcanzó a correr autos de manera aficionada, del primer kart que armó comprando piezas a través de E-bay, de la herencia genética, de la suerte. Pero poco han hablado de lo que, quizás, sea su verdadero prodigio: Vettel se divierte corriendo. Su trabajo es su hobbie. Le pagan por hacer lo que más le gusta. El campeón corre como un niño y nunca ha renunciado a serlo para vestirse de vedette. Hace un par de años, entrevistado por la revista Playboy, dijo que cuando terminara su contrato con Red Bull tal vez se retiraría para dedicarse a otra cosa. Y cuando dijo aquello, enfatizó que todo dependía de qué tanto se estuviera divirtiendo cuando llegara el momento. Vettel es uno de esos deportistas en vía de extinción que disfrutan haciendo lo que hacen sin importar nada más que eso.Y esa es una de las razones por la cual los logros que consigue con su profesión adulta alimentan los caprichos del niño que lleva dentro: contrario a sus colegas, prefiere los jeans a los trajes; contrario también a ellos no invierte en botes sino en discos de vinilo (hace unos años pagó tres mil euros por uno firmado por Los Beatles); contrario a ellos, prefiere las gorras a los diamantes y, sobre todos ellos, festeja sin modestia alguna como un niño que no puede renunciar a la felicidad (aunque su equipo le ha pedido que no lo haga, cada vez que gana empuña la mano derecha y levanta el índice marcando el número uno). Eso de levantar el dedo cuando gana, no es el único rasgo del niño Vettel sobre las pistas. Desde hace años el alemán acostumbra a bautizar los autos que corre con nombres femeninos; Julie, Kate, Kate's dirty sister (la hermana sucia de Kate), Luscious Liz (apetitosa Liz) y Kinky Kylie (traviesa kylie) han sido algunos. El de esta temporada se llamó Hungry Heidi (hambrienta Heidi). Esa manía, sin embargo, no es reflejo de la velocidad de su corazón: Vettel tiene la misma novia desde la secundaria, Hanna Prater, una rubia bellísima que no acostumbra acompañarlo a todas las carreras porque, al igual que él, es extremadamente celosa con su vida privada.Cuando no está corriendo, Vettel está con su chica. Pasan tiempo en la playa, jugando ping-pong o descansando en su casa de Suiza, donde vive el campeón. Ese país le gusta: Vettel es aficionado al snowboard y le divierte esquiar y ver partidos de hockey sobre hielo. Aunque va al gimnasio, es débil frente a una hamburguesa y ante cosas que también asustan a los niños: el tipo más rápido del mundo en un coche rompe sus marcas personales de velocidad infantil cada que ve un ratón. Nada, ni siquiera otro título de la F1, lo hace correr tanto. Frase “Schumacher es mi ídolo, creo que es el mejor. También podría decir Michael Jordan, pero nunca lo conocí. Por lo tanto, elijo a Schumi”,Vettel, campeón F1.

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