Rodrigo Contreras pelea por su sueño: ser el mejor del mundo

Rodrigo Contreras pelea por su sueño: ser el mejor del mundo

Enero 22, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Filiberto Rojas - Colprensa
Rodrigo Contreras pelea por su sueño: ser el mejor del mundo

Rodrigo Contreras, pedalista colombiano.

El ciclista colombiano se encuentra participando en esta edición del Tour de San Luis.

Es tranquilo, pero cuando se sube a la ‘bici’ es capaz de arrasar a cualquiera. Es callado, pero tiene la capacidad de hablar con sus piernas cuando la carretera se empina o el reloj es su rival de turno. Es una persona abajo de la 'bici' y otra arriba de ella. Es un deportista de alto rendimiento forjado en la humildad, en la disciplina, en el contraste de vivir y competir.

No son más de 20 mil habitantes en Villapinzón, él no los conoce a todos, pero todos lo conocen a él. Es más popular que Próspero Pinzón, el general de quien surgió el nombre del pueblo. De hecho, le hace homenaje a su población con el apellido materno y con orgullo siempre habla de la comunidad que lo vio nacer, donde montó su primera bicicleta.

Tenía 4 años y se aventuró, aprendió a montar bicicleta, pero recién a los 10 tuvo el privilegio de subir a su propia cross, que le servía para ir a estudiar y en la que sufría después de cada clase, por un ascenso de ocho kilómetros, cuando volvía hasta su casa en la vereda Salitre. En esa bicicleta se cayó varias veces y se levantó para seguir adelante.

La cross le sirvió para enamorarse del ciclismo. Fue el mejor regalo de su padre, don José, aunque luego la cambió por una todoterreno, pero la cross le forjó la base de sus capacidades, le exigió los músculos en el momento crucial de su formación, lo convirtió en el ciclista que podía llegar al alto rendimiento.

Así terminó el colegio, se graduó de bachillerato a los 16 años, cuando ya tenía una 'bici' de ruta, en acero, normalita, pero que lo llevó a vivir sus primeras competencias, a sentir la primera adrenalina al saber que podía ganar, pero perdía, al saber que había más jóvenes de su edad que sentían la misma pasión, porque en el colegio era el único que llegaba en 'bici'; a veces se animaban Víctor, Sebastián, Lorena, Sergio y Eduardo, sus hermanos, pero no siempre.

La primera carrera fue en ciclomontañismo, en Anapoima, donde le fue mal, pero le gustó, porque aunque en su familia nunca nadie había intentado dedicarse al deporte, él quería, él soñaba y se esforzaba para abrir el camino de una dinastía deportiva, de la familia y de Villapinzón.

Por eso sacrificó su tranquilidad en la casa, la comodidad de estar con sus padres, de comer el conejo frito y la gallina criolla que le prepara su mamá, doña Flor Alba, o visitar a uno de sus amigos, el que hace la mejor arepa del pueblo, donde Don Chamo, e incluso el maní con arándanos que nunca le falta.

Se fue a Tunja, a 50 kilómetros de distancia de Villapinzón, donde el entrenador Serafín Bernal lo recibió porque le vio talento, porque percibió que tenía un Mauricio Soler en potencia, reconoció un joven con aptitud y actitud.

Esa combinación le permitió ganar carreras, pudo levantar los brazos en competencias boyacenses, pequeñas, pero frente a jóvenes que ya tenían una dinastía, que ya tenían ascendencia deportiva, eran de Boyacá, de donde es el gran Nairo Quintana, y que vieron cómo un chico de Villapinzón les ganaba.

Por eso traspasó la siguiente frontera. Ya había pasado de Villapinzón a Boyacá y ahora era el turno de llevar su talento a nivel nacional, en el ámbito colombiano, el de los escarabajos, el de los mejores del mundo, el de Martín Emilio, Lucho, Fabio, Santiago, Víctor Hugo, ‘Rigo’, Nairo y ahora, ahora muchos más.

Le fue bien, en el debut de la Vuelta a la Juventud, cuando era un año menor que los favoritos, fue séptimo y en su segundo año, la perdió, por un segundo, por un suspiro, por un error, por una caída, que no impidió que el 'profe' Serafín siguiera confiando en él, que los expertos creyeran en él.

La primera marca fue Coldeportes-Claro, el equipo nacional que le hizo firmar un contrato, que creyó en sus condiciones y lo llevó al primer viaje internacional, a la Vuelta a Bolivia de 2013, donde ganó una etapa, con 19 años se impuso y volvió a ratificar que no era casualidad, que estaba para triunfar.

Antes de cumplir los 20 años, en el 2014, ganó la medalla de plata en los Campeonatos Nacionales de Ciclismo de Cartagena, en la contrarreloj individual de la categoría sub 23, allí volvió a sacar su estirpe de protagonista, aunque no ganó, empezó a arrasar, comenzó a hablar con las piernas, marcó el inicio oficial del alto rendimiento, de la élite nacional en un país que es potencia mundial.

Ya era el orgullo de Villapinzón, un pueblo tranquilo, a 80 kilómetros de Bogotá por la vía a Tunja, donde se trabaja en la agricultura, la ganadería y los curtiembres; donde nace el río Bogotá, donde nació y se formó un talentoso ciclista, un deportista tipo exportación, llamado a escribir su propia historia y la de su familia y la de su pueblo.

Por eso la Selección Colombia creyó en él, el equipo nacional lo convocó para el Campeonato Panamericano de México y no fue inferior al reto, volvió a brillar, volvió a ser el mejor: ganó la medalla de oro en la contrarreloj individual, ya era el mejor del continente.

Fue el mayor orgullo personal, ya no sólo representaba a Villapinzón, ya tenía el tricolor nacional en el pecho, el que quisiera llevar a un Mundial de contrarreloj, pero que ya tenía con un oro panamericano, un triunfo que le permitió viajar a la primera competencia frente a los mejores del mundo: el Tour de San Luis 2015, en Argentina.

Con 20 años, la carrera argentina le abrió la puerta al mundo, el quinto lugar en la clasificación general, el título como el mejor sub 23 de la ronda gaucha y poder firmar el contrato que soñó cuando montaba cada día en la cross: con el Etixx Quick Step de Bélgica, el de Mark Cavendish y el de Tom Boonen, un equipo del UCI World Tour.

Un día lo soñó, un día se lo creyó, por eso trabajó y lo sigue haciendo, porque cuenta con todo el respaldo de la marca, de la empresa; la tranquilidad aumenta, pero la presión también. La disciplina no cambia, se fortalece y la pasión crece, porque es el sueño cumplido, es llegar a las Grandes Ligas, a la élite mundial, es recibir la bendición más grande que Dios le ha podido dar, pero hay que seguir.

Esta semana regresó al Tour que lo lanzó a la fama mundial, el de San Luis, pero ya no viste la camiseta de la Selección Colombia, se pasó al hotel de enfrente, escaló, ahora porta la azul y negro del equipo belga Etixx Quick Step, el que lo puso como carta fuerte al título de la carrera, para pelear contra pesos pesados: Nairo Quintana y Vincenzo Níbali, y no sólo ellos, también Rafal Majka, Dani Díaz, Michele Scarponi, Rodolfo Torres, Miguel Ángel López y más.

Pero así gane, pierda o cumpla, el Tour de San Luis será una escala más, un paso natural en la carrera ascendente de un colombiano talentoso, que espera la confianza de su equipo para ir de a poco, para no acelerar demasiado, sino cumplir el proceso, evolucionar como es él, tranquilo, para poder explotar como su otra vida, la que vive cuando se sube a la 'bici'.

Sueña con ser campeón mundial de contrarreloj, anhela correr, competir y subir al podio de las tres grandes -Giro, Tour y Vuelta- pero no tiene afán, va con calma, cumpliendo, preparando el camino, evolucionando, siguiendo los pasos de Nairo, con la referencia de Induraín, escribiendo la historia, enmarcando su vida para ser ejemplo, para que lo niños de Villapinzón, para que los niños de Colombia, algún día quieran ser como él, algún día quieran ser como Rodrigo Contreras Pinzón.

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