Pedro Grajales: un nombre, un estadio

Pedro Grajales: un nombre, un estadio

Febrero 21, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Leonard Gutiérrez Bueno - Redacción de El País
Pedro Grajales: un nombre, un estadio

Los 100, 200, 400 metros y la prueba del relevo del 4x100 fueron sus especialidades durante su carrera.

Este caleño se ganó un puesto en la historia del atletismo del país y, pese a ello, no hace alarde de que un estadio lleve su nombre.

Antes que resaltarlo como deportista, sus grandes amigos coinciden en que el exatleta vallecaucano Pedro Grajales ha sido un gran padre, hijo y amigo. Un hombre de sonrisa de oreja a oreja que, como buen caleño, incluso hoy en día con una operación de cadera, sigue amando sus viernes de viejoteca.Cuando no existían las pistas sintéticas y nadie se imaginaba que en el futuro llegarían las marcas Mondo o Polytan, las dos más famosas de esta disciplina, Grajales se dedicó a romper cuanta marca nacional encontró a su paso en aquellas antiguas y obsoletas pistas de carbonilla, donde una y otra vez se dio el lujo de correr hasta ser el primero en pasar por la meta.“Pedro es una persona que nunca cambió, siempre ha sido el mismo. Es el mejor amigo y padre que yo pueda conocer. Es el típico caleño desparpajado que goza de un gran humor. Él siempre llamó la atención porque tiene una gran capacidad de contar historias con humor; entonces él se aprende muchas, les aumenta contenido, les pone más picante, y logra que todos estemos atentos a lo que dice”, asegura el profesor Valentín Gamboa, uno de los pocos amigos inseparables del caleño.Pedro Grajales llegó al atletismo casi que por un impulso o coincidencia. Tenía 21 años, una edad tardía para iniciar cualquier disciplina, pero era un superdotado, y con el tiempo se dio el lujo de demostrarlo. Corría el año de 1961 cuando se atrevió a retar a varios atletas de la época en la antigua pista de carbonilla del estadio Pascual Guerrero, con tan buenos resultados que un entrenador lo vio y lo invitó a que siguiera entrenando. A partir de ese momento, la vida de una de las leyendas vivas del atletismo colombiano estaría ligada al deporte base hasta el día de hoy.Hoy, el estadio de atletismo de Cali lleva su nombre. Allí, al igual que en el Pascual Guerrero, 180 atletas juveniles se darán cita desde el 15 hasta el 19 de julio próximos, para realizar el Mundial de Atletismo de Menores, uno de los certámenes más importantes en la historia de la ciudad. Un salto a la pista de baile“El día que Pedro Grajales no baile, se enferma, es algo que me sorprende de él. Desde que lo conozco ha sido un bailador típico de los de Cali, no hay viernes que deje de hacerlo, incluso cuando entrenaba”, explica, entre risas, Valentín.Aquel ‘pelao’ bailarín al que se le dio cualquier día por correr porque jugando a la lleva en el barrio Sucre nadie le ganaba, fue desde siempre osado, al punto de retar nada más y nada menos que a Leonel Pedroza, quien en ese momento era el máximo referente del atletismo vallecaucano y nacional.“Yo le dije que quería correr con él y me invitó a que lo hiciéramos en los 200 metros. Me dijo que me adelantara 50, y con toda esa ventaja me pasó de largo y ganó ‘sobrao’", recuerda Grajales, quien aunque pasó la peor pena de su vida ese día, con el transcurrir del tiempo superaría al mismo Pedroza en unos Juegos Departamentales, donde lo relegó al segundo lugar en la misma prueba.“Es un hombre íntegro que no ha dejado de amar el atletismo. Cada mes tenemos la oportunidad de hablar y siempre recuerda todo lo que hemos luchado por este deporte. Antes de ser un atleta, Pedro siempre fue un ser humano intachable”, recuerda hoy Ramiro Varela Marmolejo, amigo personal de Grajales, y quien en la actualidad es el presidente de la Federación Colombiana de Atletismo.El caleño se hizo grande en una época en la que la tecnología estaba lejos de llegar al atletismo. Solo hacía falta tener unos buenos zapatos, una pantaloneta, la camisilla y muchas ganas de correr para robarse el protagonismo.Sus ganas y un talento escondido que descubrió corriendo en las calles de su barrio se transformaron con el tiempo en más de 30 medallas conseguidas en competencias nacionales, algunas que ya incluso ni recuerda cómo las ganó. Preseas conseguidas en Juegos Bolivarianos, Centroamericanos y Panamericanos, aunque conserva en su memoria su paso por los Juegos Olímpicos en Tokio, en el año 1964, donde compitió en las pruebas de los 200 y los 400 metros, sin poder clasificarse a las finales.“Cómo deportista le podría decir muchas cosas, pero me quedo con lo que es como persona. Él se retiró del atletismo, pero siguió como formador de deportistas; está jubilado y se sigue interesando por la disciplina como tal”, dice León Montes de Oca, presidente de la Liga Vallecaucana de Atletismo.Aunque aquel estadio de atletismo en el sur de Cali lleve su nombre, Pedro Grajales no alardea por ello. Pero allí, en sus graderías, estará sentado viendo a las nuevas generaciones del deporte durante el Mundial. Y luego, después de una jornada, quizás vaya a ‘tirar paso’, como solo él sabe hacerlo.

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