Pedalista Mauricio Soler vuelve a la vida

Pedalista Mauricio Soler vuelve a la vida

Febrero 14, 2012 - 12:00 a.m. Por:
PABLO ARBELÁEZ RESTREPO - Colprensa-El Colombiano

Sorprendente recuperación del ciclista tras el grave accidente que lo tuvo en coma. Camina y mejora el habla.

El suyo es un mudo grito de victoria. No son propiamente los brazos arriba después de pasar primero por la meta, pero sí el poseedor de las evidentes muestras de recuperación de un ciclista que estuvo a punto de morir en un infortunado accidente en la Vuelta a Suiza del año pasado.Una cosa era el 16 de junio de 2011, cuando a los 19 minutos de haber quedado incrustado en la estructura metálica de un parque infantil, tuviera que ser entubado, casi que a la brava, porque su tráquea no lo permitía.Era, en ese momento, un asunto de vida o muerte, pero así fue durante unos días, incluso bajo el coma inducido, ese que afrontó en St.Gallen, en Suiza.Las múltiples lesiones que padeció; el cumplir la primera etapa de la rehabilitación en una cama, luego en silla de ruedas y después en muletas, son cosas de un pasado que Mauricio Soler ha encarado de forma valerosa y decidida, siempre en compañía de su fiel escudera Patricia Flórez -, como si preparara para conquistar el cetro del Tour de Francia para el cual se mentalizaba en ese deseo de subir al podio, porque nunca antes había trabajado tanto.POR LA FAMILIAHoy, el excorredor del Movistar es testimonio de las ganas de vivir; poseedor de un sueño gigante, al amparo de una familia, que incluso se dibuja en algunos avisos de negocios en el pueblo de clima envidiable, que por esta época tiene tardes de sol.Por fortuna Mauricio quedó con la mente intacta, pese al violento golpe. A veces sorprende con sus apuntes profundos. Deja entrever frases filosóficas, como la "de mi podio es otro", para enfatizar, que lo primero en estos momentos, lo importante, es recuperar la salud, porque lo que se haga de más es pura y legítima ganancia.Quien lo viera por primera vez y lo tenga al frente, diría que a ese rozagante muchacho Soler no le pasó nada. Eso comentan algunos paisanos suyos en el parque principal de Ramiriquí, donde se erige alta como Soler la estatua de José Ignacio de Márquez, otro de los ilustres de allí.Las evidencias de ese infortunado vuelo por encima de su bicicleta en la sexta fracción de la carrera helvética, están en el ojo izquierdo -no le funciona de forma adecuada el lagrimal-, pero unos delgados anteojos hacen que esto no sea tan perceptible, aunque sus emociones no las pueda ocultar tras las antiparras, con lágrimas que piden vía por el delgado rostro.Una más es el habla, pero la recupera con elocuencia a pedalazos agigantados, como esos que le valieron el triunfo en la segunda etapa de la Vuelta a Suiza-2011, que fue su última competencia.Un mes atrás musitaba frases. Hoy conversa por largos ratos; camina -con alguna dificultad-, pero lo hace con la motivación de que lo fregado ya pasó.Un abrazo de JúniorPatricia Flórez , la esposa quien ha estado ahí desde el día después que sufrió la caída, ha sido el báculo de acero para que el Lancero de Ramiriquí vaya en pos de una nueva victoria. La más importante.Ella se muestra firme. Resulta contundente en hechos y palabras, esas que le han valido tanto progreso, a quien estuvo parado en el filo de la navaja en esas primeras horas del hospital de St. Gallen, a donde se dio cita el mundo del ciclismo, con toda su consternación. Incluso con muestras de desespero de sus amigos del pedal, que querían verlo a como diera lugar.Ambos son un par de valientes. Han pasado un viacrucis, con un agregado que ha sido la motivación para ambos: el motor de sus sueños."Yo quería volver a ver a mi hijo; él ha sido el carburante extra en este episodio tan duro. Valió la pena afrontar todo lo que tuve que pasar y soportar, porque el día de hoy puedo estrechar a Júnior en mis brazos", relata feliz.En esa tarde, cuando vimos a Soler, por las escaleras de su casa en Ramiriquí, Patricia bajaba con Juan Mauricio -Cachetes le dicen-, quien se despertaba de la siesta vespertina.Todo se olvida allí, porque surge la alegría, esa que los Soler añoraban a la distancia en los meses de recuperación en la Clínica Universitaria de Navarra, en Pamplona, donde la foto de Cachetes adornaba la cabecera de la cama del indomable escalador, quien en Suiza dejó muestras de su condición, la que logró en la dura cuesta de Jenesano adornada con árboles frutales y en el gimnasio que tiene en una de sus dos pequeñas casas de campo.Ellos allá y el niño aquí en compañía de los suegros de Mauricio. Sin embargo, en tierras boyacenses también estaban Omar Mendoza -el amigo del ciclista, un corredor llanero que vive con ellos desde hace dos años y que milita en el Movistar Continental-; Pastora, la lora que sólo salió de la jaula cuando vio al dueño y las colas felices de esos hermosos perros Aquiles, Mattia y Zeus.En diciembre, para su gozo, todos se volvieron a ver en la "tierrita", para compartir las caminadas hacia la finquita de los papás de Mauricio, unos campesinos que también han sufrido lo indecible con los accidentes del hijo ciclista, ese que tiene atragantado en la garganta, un mudo grito de victoria.LA FRASE"Lo que más valoro es la vida. Lo que me interesa es recuperarme. Si vuelvo o no al ciclismo, sólo lo sabe Dios".

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