Nolberto Ararat cambió la pelota por el pito

Abril 14, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Leonard Gutiérrez, reportero de El País

Intentó ser futbolista, pero muy pronto el vallecaucano Nolberto Ararat se dio cuenta que lo suyo era el arbitraje.

Como defensa no se acuerda si era bueno, cree que más bien malo, y como delantero, no le hacía gol ni al arco iris, él mismo lo afirma. El caleño Nolberto Ararat, quien está a punto de cumplir en el mes de junio sus 28 años, ya completa doce dedicados al arbitraje. Se ha ido ganando poco a poco y partido tras partido el reconocimiento como una verdadera revelación del fútbol colombiano. Como muchos caleños, el sueño de Nolberto era convertirse en un jugador de fútbol. Por eso, en la época en la que estudiaba en la Institución Educativa Antonio José Camacho también les sacaba tiempo a equipos como Sol de América, América de Cali o Real La Rivera, unas veces como atacante y otras como defensa. Aunque su futuro sí iba a estar en las canchas, no sería precisamente evitando o haciendo goles en las redes contrarias. En el colegio, dos de sus mejores amigos, quienes no le veían mucho futuro jugando, le aconsejaron que hiciera el curso en el Colegio de Árbitros del Valle. “La verdad, ya estaba como cansado de los entrenamientos y por eso hice el curso en el año 2003, me juramenté, y así comencé a escalar poco a poco en el arbitraje para hacer parte ahora del campeonato profesional de Colombia”, dice Ararat, quien hizo el curso con 36 compañeros más, en la época en la que Édgar Vélez era el presidente del colegio de árbitros. En su casa solo le dijeron que no se fuera a dejar pegar. “‘Al árbitro que no le han pegado, le van a pegar, y al que le han pegado, le seguirán pegando’, así contesté en ese momento. Pero, la verdad, y hablando seriamente, tengo que decir que ya completé doce años en este trabajo y no me han agredido físicamente”, dijo el caleño, quien  se ha ganado un espacio por el gran despliegue físico que muestra en cada uno de los compromisos en los que ha sido programado. “Considero que lo más complicado de ser árbitro es la parte física, por el tipo de exigencia que debemos tener en la cancha.  Quien hace este trabajo en la actualidad debe ser muy profesional y cumplir con las pruebas físicas,  sobre todo, porque hoy son mucho más complicadas”, asegura el vallecaucano. Pitó sin querer queriendoYa Nolberto estaba decidido a que dejaba su sueño de niño de ser un gran jugador de fútbol y el arbitraje apenas comenzaba a dar vueltas por su cabeza, cuando, de repente, llegó una oportunidad como mandada del cielo que le mostró el camino de su futuro. “Estábamos en un partido de liga en el Antonio José Camacho, después de que jugamos seguía un amistoso, pero el árbitro nunca llegó. Recuerdo mucho que el profesor Fredy Barona preguntó ‘¿Quién quiere pitar este partido?, y  yo de inmediato levanté la mano, entré a la cancha y ese día me fue muy bien”, dijo el que hoy es visto como un árbitro con mucho futuro. A partir de ese momento la pregunta quedó resuelta y Nolberto se dejó llevar por aquella tarde en la que debutó sin imaginarlo en un ‘picado’ amistoso de barrio. Ahora sí, a dirigir en serioTras un año de preparación en el Colegio de Árbitros del Valle, la oportunidad de vestirse de negro de forma oficial ya estaba más cerca que nunca. Solo era cuestión de tiempo para que le entregaran la opción de hacerlo. En la Universidad del Valle había un torneo en el que buscaron jueces nuevos que necesitaran ir aprendiendo, y así fue como se vistió de cortos por primera vez para dirigir un compromiso. Su trabajo y disciplina sería tan destacado, que el profesionalismo no se demoró en llegar a su vida, arribó más pronto de lo que él mismo se imaginó. “Recuerdo mucho que un 27 de marzo del año 2009 se dio lo que tanto estaba esperando. Debuté dirigiendo un partido entre Pasto y Rionegro, con el equipo pastuso que había descendido hacía poco”, dijo el juez. Primer coro celestial para recordar a la madre“¡Uy! Ese día fue duro, a mí me fue bien, pero a mi mamá le fue muy mal. En mi primer juego me ‘madriaron’ mucho.  La hinchada del equipo estaba muy ofendida con el descenso, estaban molestos  por cosas que habían pasado la temporada anterior. Habían tenido problemas arbitrales, entonces yo fui quien pagó los platos rotos esa noche”, pero considero que eso es muy normal en este deporte. Ararat, con casi 28 años, no esconde que un principio le fue muy complicado adaptarse a los insultos que deben recibir los ‘hombres de negro’ en cada partido, pero también tiene claro que hoy en día eso pasó a un segundo plano. “Recuerdo mucho que cuando iba a entrar de árbitro me preguntaron: ‘¿Lo afiliamos a una empresa de aceites?’, y yo contrapregunté: ‘¿Por qué?’, y me contestaron que para que ‘de ahora en adelante todo lo que le digan le resbale’. Yo creo que hoy en día hago parte de la junta directiva de esa empresa por que no me molesta nada de lo que me dicen. Trato de hacer mi trabajo de la mejor manera para evitar la críticas”, dice el caleño en medio de risas. Ararat ya tiene problemas para recordar los juegos en los que ha tenido la oportunidad de arbitrar y tiene claro cuáles son los objetivos que tiene y a dónde quiere llegar en esta complicada profesión. “Uno de mis principales sueños es lograr mi escarapela Fifa, yo estoy trabajando para eso. Tengo que escuchar a las personas que me han apoyado para que haga esta carrera como Hugo Viáfara, Wéimar Giraldo, Óscar Julián Ruiz y Wílmar Roldán, quienes me han ayudado mucho”, asegura Ararat, quien ya logró llamar la atención de todos y ahora deberá ratificar que tiene madera para ser  un gran juez. 

También es comunicador social

Nolberto Ararat  hasta hace poco estuvo participando en un programa deportivo en el canal regional  Telepacífico gracias a sus estudios de comunicación social, su otra pasión.

”Yo creo que no  hay problema en hacer las dos cosas, es algo que me gusta mucho y mientras lo estuve haciendo manejé  muy bien esas dos partes. En el set era el presentador y manejaba esa parte, después, el árbitro que tienen que respetar en la cancha”, explica el juez caleño.

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